
A don Antonio Navarro, amigo taurino que aún no concluye de contarme la corrida inaugural de la Plaza México, hace casi setenta años...
Por Gregorio Martínez Moctezuma
Coordinador editorial Azteca 21
Ciudad de México. 11 de febrero de 2013. Si algo queda fijo en la mente del aficionado taurino son los momentos únicos e irrepetibles de un pase, una faena o una estocada magistral. Además, el nombre del matador, de los alternantes, del toro, de la ganadería... Si algo pervive en el aficionado es la emoción producida en un instante de euforia colectiva, ese momento mágico en que el torero se impone al tiempo y ese instante fugaz pierde su cualidad de efímero y se convierte en un acto artístico, hecho estético, personal e intransferible, mas, no obstante, colectivo. Historia de una misma sensibilidad. Arte perdurable, inmarcesible. Poesía de los sentidos que vuelve a cobrar vida cuando se evoca esa tarde, ese pase, esas vueltas al ruedo. ¡Olé!



