Aunque nació en California, José se considera más mexicano que el nopal y eso lo demostró al iniciar el diálogo que entabló con el ilustrador argentino, Ricardo Siri "Liniers", quien dibujó en vivo las anécdotas del astronauta que cautivaron a los asistentes que luchaban por estar lo más cerca del escenario para disfrutar del peculiar humor que el caricaturista y el viajador espacial regalaron al contestar las preguntas de las mentes más inocentes: los niños.

Guadalajara, México.- 8 de Diciembre de 2014.- Dicen que la curiosidad mató al gato, pero a José Hernández lo llevó al espacio. El astronauta méxico-estadounidense llegó a FIL Niños  para compartir sus experiencias en los despegues espaciales, de cómo siendo hijo de campesinos michoacanos y tras ser rechazado 11 veces por la NASA, logró convertirse en capitán de vuelo en la tripulación Agosto 29, en 2008.

Aunque nació en California, José se considera más mexicano que el nopal y eso lo demostró al iniciar el diálogo que entabló con el ilustrador argentino, Ricardo Siri "Liniers", quien dibujó en vivo las anécdotas del astronauta que cautivaron a los asistentes que luchaban por estar lo más cerca del escenario para disfrutar del peculiar humor que el caricaturista y el viajador espacial regalaron al contestar las preguntas de las mentes más inocentes: los niños.

Liniers y Hernández dejaron claro que las nacionalidades y condiciones sociales no importan cuando se trata de cumplir los sueños y romper las barreras del idioma y los prejuicios. El ilustrador condujo el ritmo de la charla mientras cuestionaba y desenterraba los recuerdos del astronauta, quien detalló que su niñez se dio entre cosechas jitomates y pepinos en los campos del país vecino, retornando cada nueve meses a Michoacán.

Más allá del asombro que los niños manifestaron, el salón infantil de FIL se transformó en una verdadera fábrica de carcajadas, pues los adultos presentes fueron los más conmovidos ante las razones que José Hernández para explicar cómo se duerme flotando al interior de un cohete, de cómo sería posible que un elefante viaje al espacio y de cómo las tortillas son un alimento básico cuando las tripulaciones pasan días y hasta semanas.

El ingenio pictórico de Liniers reflejó aquellas historias en la que el astronauta confesó el pavor mental que tenía en sus primeros viajes al pensar que en cualquier momento las naves espaciales podían caerse, o cómo es que su papá le dijo que para poder llegar al espacio tenía que darse cuenta de su realidad de familia campesina, pero que si continuaba por la senda del estudio no habría obstáculos para que la NASA se los permitiera.

Fuente: (informador.com.mx)