En palabras del director del Proyecto Arqueológico Palenque, aún es prematuro decir que en la tumba del Templo XX fue enterrado uno de los fundadores del linaje de Lakamha, “Lugar de las grandes aguas”, antiguo nombre que se ha atribuido a este sitio maya. No obstante, sí corresponde en temporalidad al periodo Clásico Temprano.

Palenque, México.- 8 de Agosto de 2013.- Dos centenares de fulgentes piezas de piedra verde, jade, pirita y obsidiana, entre ellas 70 teselas que conformaron dos máscaras, más una rica vajilla funeraria, son la prueba de que hace 1,500 años un alto personaje maya fue enterrado en la cámara principal de la tumba del Templo XX de Palenque, en Chiapas, pero cuyos restos mortales fueron retirados en algún momento de la época prehispánica.

Para los investigadores que colaboran en este proyecto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dirigido por el arqueólogo Arnoldo González Cruz, se han abierto nuevas incógnitas sobre este espacio funerario ante la ausencia del entierro principal, fechado en las proximidades de la fundación de la dinastía palencana, hacia 350-550 d.C., en el periodo Clásico Temprano.

Cauteloso, pues todavía falta interpretar este contexto arqueológico en todas sus aristas, Arnoldo González explicó que “a veces aparecen nada más segmentos corporales, extremidades inferiores, algunos dientes, y pese a encontrar toda la ofrenda, no están los restos óseos de un individuo que haya sido depositado ahí”.

Otra de las posibles explicaciones, dijo, sería que los restos mortales del personaje hayan sido exhumados y trasladados a otro lugar, una práctica conocida y documentada en tumbas no sólo de Palenque, sino de otras urbes mesoamericanas.

“Apenas comenzamos a examinar la distribución de los materiales, encontrados en 2012, al interior de la cámara central (de 2. 85 m de largo, 1.50 de ancho y 2.50 de altura); quizá estemos hablando de dos momentos, de un posible ingreso posterior a la colocación del individuo. Esto lo podremos determinar con los estudios de la química de suelos y de la cerámica que formó parte de la ofrenda”, detalló.

En palabras del director del Proyecto Arqueológico Palenque, aún es prematuro decir que en la tumba del Templo XX fue enterrado uno de los fundadores del linaje de Lakamha, “Lugar de las grandes aguas”, antiguo nombre que se ha atribuido a este sitio maya. No obstante, sí corresponde en temporalidad al periodo Clásico Temprano.

La datación preliminar del contexto mortuorio también ha sido sustentada mediante los análisis de la cerámica realizados por el doctor Joshua Balcells González, quien detalla que la vajilla integrada por cuatro platos, seis cuencos y un pequeño cajete con vertedera, parece remitir a dos momentos durante el paso de 350 a 550 d.C., “sin duda alguna, el conjunto refiere a uno de los momentos más tempranos del Clásico de Palenque, relacionado directamente con la fundación del linaje”.

Por su parte, el restaurador Constantino Armendáriz se ocupa de armar los rostros de un par de máscaras, uno de estos mosaicos de piedra verde adornó la parte central de un cinturón, elemento con que eran ataviados personajes de alto rango. Asimismo, el también dibujante elabora ilustraciones a escala que ayudarán a interpretar el conjunto de elementos que se encontraron dispersos en la tumba del Templo XX.

“El dibujo es un documento gráfico que sirve para registrar y describir de forma precisa la plástica funeraria, es decir, la arquitectura creada y la transformación de los materiales para generar un espacio ritual, así como también la técnica de manufactura, la secuencia técnico-pictórica, la iconografía plasmada y la ubicación de los artefactos ofrendados”, explicó Armendáriz.

Las excavaciones al interior de la tumba del Templo XX tampoco concluyen. Sentado con las piernas cruzadas, el arqueólogo Carlos Varela Scherrer, registra el más mínimo material que sale de la cámara oeste, uno de los reducidos aposentos laterales (de 1.20 m de longitud,  70 cm y 1m de altura) que anteceden a la cámara principal.

Contrario a la cámara Este —donde con anterioridad se ubicaron más de mil pequeñas cuentas de concha y de hueso que conformaban sartales—, “la oeste ha arrojado menos datos respecto a su función. Al ser de una época muy temprana de la ocupación de Palenque, así como por los condiciones de temperatura y humedad, algunos restos humanos perdieron su estructura ósea y se encuentran revueltos junto con huesos de roedores que ingresaron en la época prehispánica”.

Mediante el uso de un georradar de penetración terrestre (método geofísico no invasivo ni destructivo), el cual fue proporcionado por el Laboratorio de Geofísica del INAH, bajo la responsabilidad del doctor José Ortega Ramírez, se verificó que la cámara principal descansa sobre roca madre, por lo que no se trata de una antecámara como se especuló en un primer momento. Esto fue corroborado también con un par de calas hechas a nivel de piso.

Conservan a los Nueve Señores del Inframundo
En la parte que corresponde a la conservación de la pintura mural, el restaurador Rogelio Rivero Chong estimó que luego de la apertura de la cripta en 2012, sólo pudo avanzarse en su estabilización. Ahora se pretende que antes de concluir la temporada, a mediados de agosto, el porcentaje rebase al menos 80%, mediante inyecciones de cal, ribeteo y resanes de aseguramiento.

Pintados en distintas tonalidades de rojo, los Nueve Señores del Inframundo custodiaron el cuerpo que alguna vez se depositó en la tumba del Templo XX, los mismos que (modelados en estuco) aparecen en la cripta de Pakal II. Cinco personajes con tocados y atributos serpenteantes yacen en  una pared, cuatro en otra, y al fondo debió estar un ser fantástico del que se ha perdido detalle, salvo una oreja que parece la de un venado.

Aparte de los estudios de difracción con rayos X, realizados por el químico Javier Vázquez, de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, mediante los cuales se determinó que la base de la pintura es el cinabrio o sulfuro de mercurio, se llevarán a cabo análisis petrográficos de varios sillares deteriorados.

Rogelio Rivero Chong, también arqueólogo, es responsable a su vez de las exploraciones en el exterior del Templo XX que permitirán determinar la secuencia constructiva del edificio, el cual tuvo un uso entre 350 y  850 d.C. A través de los pozos de control estratigráfico, “se está comprobando que la etapa que correspondería a la tumba (del Clásico Temprano) no sería la más antigua del edificio”, finalizó.

Esta información también está disponible en INAH Noticias de agosto: http://youtu.be/kPGBXdIVuVE

Fuente: (INAH)