Se ha determinado que el emblemático edificio es un marcador astronómico ligado al calendario agrícola, cuyo paso del Sol podría significar la bajada de Quetzalcóatl. Cuando la luz del astro se posiciona detrás de la pirámide comienza a iluminar en siete minutos, cada nivel de ésta, uno por uno, desde la parte superior hasta la base

México.- 26 de Marzo de 2013.- Durante diez días, del 15 al 25 de marzo pasados, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) registraron un fenómeno de luz y sombra en la Pirámide de  Los Nichos de la Zona de Monumentos Arqueológicos El Tajín, en Veracruz, que para los antiguos habitantes de la ciudad prehispánica posiblemente simbolizó el descenso del dios Quetzalcóatl a la tierra y con ello, se marcaba el inicio de la siembra.
Luego de cuatro años continuos de documentar y analizar el sitio prehispánico, a través de un proyecto interdisciplinario en el que intervienen la arqueología del paisaje y la iconografía, en 2010 la arqueóloga Patricia Castillo, con la colaboración del arqueoastrónomo Stanislaw Iwaniszewski, inició una serie de mediciones astronómicas en el cerro de los Mantenimientos, ubicado al oriente del sitio arqueológico, detrás del edificio de Los Nichos.

Dichos estudios se realizaron para corroborar si El Tajín fue construido con una planeación orientada de manera astronómica y en relación con el paisaje, como sucede con otras antiguas ciudades de importancia en Mesoamérica.

Al comprobar alineaciones exactas en la construcción de la pirámide principal del sitio respecto al cerro de los Mantenimientos, comenzaron las observaciones de cómo se refleja la luz solar en el edificio en distintas fechas del año. La arqueóloga Patricia Castillo, responsable del campo en la investigación arqueológica de El Tajín, explicó que desde el 15 de marzo del presente año “pudieron observar una iluminación especial en el edificio de Los Nichos que coincide con la salida del Sol”.

Junto con su equipo de trabajo, durante cinco días seguidos comprobó que la luz va caminando por los extremos en el paisaje, se posiciona detrás del edificio y a una hora exacta, cuando el sol empieza salir justo arriba del cerro de los Mantenimientos, la luz comienza a iluminar la pirámide de manera controlada, desde su séptimo cuerpo, que es el más alto; cada minuto irradia un nuevo cuerpo, hasta llegar a la base y tocar la tierra, quedando todo el edificio bañado de luz, mientras que el resto de las edificaciones del conjunto arquitectónico permanece en penumbra, proceso que se desarrolla en siete minutos.

La arqueóloga Patricia Castillo explicó que el registro de este juego de luces y sombras es una prueba más de que Tajín fue la ciudad sagrada de una de las cuencas del Golfo de México, equivalente a Teotihuacan en el Altiplano, y Chichén Itzá en el área maya. Se trata de un edificio emblemático, un marcador astronómico construido para que —de acuerdo con la cosmovisión indígena— una deidad descienda del cielo a la tierra, uso que también se le daba a este tipo de construcciones en Mesoamérica, y que se ve reflejado en lo que los arqueoastrónomos denominan hierofanías (manifestaciones de lo sagrado).

La arqueóloga del INAH precisó que aunque se sabía desde hace décadas que el edificio de Los Nichos estaba relacionado con el conteo del tiempo, no se habían hecho mediciones con exactitud para comprobar que se trata de un marcador y establecer su función como calendario agrícola que anuncia la llegada de una estación.

La especialista señaló que para los antiguos habitantes de El Tajín, tanto el Sol como el agua representaban a las deidades principales en las advocaciones de Quetzalcóatl y Tláloc; cuando cada dios descendía a la tierra era para fecundarla y propiciar las buenas cosechas. Así, el paisaje estaba conformado por “los lugares elegidos para realizar sus rituales, que estuvieron asociados al culto de la fertilidad agrícola y por ende a la reproducción de la vida”.

Patricia Castillo recordó que para la cultura occidental, el equinoccio es el punto donde la trayectoria del Sol cruza el ecuador. Sin embargo, explicó que el concepto es occidental y se mide con aparatos muy específicos; para los antiguos habitantes de El Tajín, la posición del astro durante los días que hoy coinciden con el equinoccio era algo totalmente distinto.

“Las ciudades antiguas de Mesoamérica celebraban eventos solares que correspondían al cuarto de año, fechas calendáricas que se ubican a la mitad de lo que ahora se llama solsticio, indicaban los cambios de estación (primavera y otoño), estos eventos se manifestaban en la arquitectura de ciudades sagradas o en sus edificios emblemáticos, convirtiéndolos en calendarios del paisaje que marcaban tiempos estacionales.

“Al construir los edificios con una orientación que permitiera registrar estos fenómenos de luces y sombras, lo que hacían era indicar cambios calendáricos con fines agrícolas o rituales. Los calendarios del paisaje marcaban el tiempo de rituales, en ese momento se hacían ceremonias agrarias”.

El Tajín, abundó Patricia Castillo, estuvo perfectamente planeado y proyectado para relacionar la tierra con imágenes, y así conceptualizar y naturalizar el entorno dentro de la percepción como un lugar simbólico. En el paisaje ritual “la montaña se concibe como el pilar espiritual que se conecta con el cielo y el cosmos en la cúspide, dentro de la geografía sagrada que sostiene al mundo”.

En Tajín, el cerro de Los Mantenimientos, dijo, naturalizó la conexión del entorno con el asentamiento, renovando la herencia como un mapa topográfico que localizó los recursos, asoció los rituales y ceremonias con la montaña sagrada como escenario y a través de estos conocimientos se mantuvo el nuevo Estado y la identidad del grupo social.

Las hipótesis de trabajo establecen que en El Tajín hay seis edificios emblemáticos que marcan una importancia dentro del área nuclear o ceremonial del sitio, y en los que se podrían también apreciar fenómenos arqueoastronómicos, lo que implicará presentar un proyecto especifico para el registro sistemático de otras estructuras detectadas.

Castillo Peña dijo que la investigación continuará, “pensamos recrear la secuencia y orientación en tercera dimensión, queremos hacer una reconstrucción hipotética de cómo pudo haberse visto el fenómeno. Pensamos que la zona de monumentos fue el centro de una región cultural mucho más grande, ya que se concluyeron los estudios regionales, pero vamos a ampliar el análisis para poder determinar lo que sería la región cultural del Tajín”, concluyó.


Fuente: (INAH)