Durante varios meses, un equipo de restauradores trabajó intensa y pacientemente en restablecer el estado de este mapa, ahora registrado como un bien nacional

Ciudad de México.- 28 de julio - El terruño entraña una “fijación afectiva al paisaje propio”, decía el historiador Luis González y González. Esa fijación afectiva la experimentaron los pobladores de San Pablo Ahuatempan al ver plasmados su iglesia y sus linderos con los pueblos vecinos del Valle de Cholula, Puebla, en un antiguo mapa recién restaurado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

Este documento fue realizado en 1804, retomando, de acuerdo con lo escrito en una cartela, dos mercedes de los años 1577 y 1784. Cobijado por un cielo de intensos azules, en él aparecen —en tonos verdes y ocres— parajes, cerros, sierras, volcanes y comunidades que forman, hasta el día de hoy, ese “espacio abarcable de una sola mirada”, otra de las formas en que Luis González definió el terruño.

Al centro del mapa, una rosa de los vientos indica los puntos cardinales, líneas imaginarias donde se asientan los cerros Tlanimaconi, del Tecajete y Zapotecas, los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, la Sierra de Tlaxcala, Santa Ana Acozautla, San Martín Tlamapa, Santa Isabel Cholula, San Jerónimo Tecuanipan, San Miguel Papaxtla y, por supuesto, San Pablo Ahuatempan.

Entre la segunda mitad de 2014 y el presente año, en la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, un equipo de seis restauradores, coordinado por la especialista Marie Vander Meeren, trabajó intensa y pacientemente para restablecer el estado del mapa, registrado ya como bien nacional.

Durante siglos, la representación geográfica permaneció “desconocida” en el templo de San Pablo Ahuatempan; sólo los fiscales en turno, responsables de los bienes de la iglesia, tenían idea de un viejo mapa que se mantenía enrollado dentro de una caja y sujeto por un par de bastones. En 2013, a propósito del deslinde de tierras con un pueblo aledaño, el recuerdo del antiguo papel volvió a la memoria.

La restauradora Elisa Ávila Rivera, del Centro INAH Puebla, fue el primer contacto que los habitantes de San Pablo Ahuatempan mantuvieron con la institución en la búsqueda por restaurar su histórico documento. Después de una inspección in situ con personal de la CNCPC, se le trasladó con sumo cuidado a las instalaciones de la Coordinación en la Ciudad de México.

En el Taller de Restauración de Documentos Gráficos de la CNCPC, además de efectuar diversos análisis para determinar los materiales constitutivos y estado de conservación, se corrigió el plano del mapa y la unión de fragmentos, se eliminaron manchas, residuos de cintas adhesivas y se separó el papel de la tela de soporte, a la cual se le aplicó un aspirado.

Marie Vander Meeren, encargada del taller, explicó que el mapa fue ejecutado con un aguado tipo acuarela, con amplia paleta de colores; debido a la “sensibilidad” de los tonos, se hicieron pruebas con distintos solventes hasta elegir el más efectivo y menos dañino para eliminar los residuos del adhesivo. Esta operación se hizo de manera local sobre una mesa de succión, sin afectar otras zonas de la capa pictórica.

Otro paso consistió en cubrir con papel japonés la rotura que corría a lo largo del mapa. “Pusimos un papel de refuerzo en toda su extensión (126 cm x 80 cm). Los faltantes mínimos de la escena se cubrieron con una pulpa de fibra de papel. La reintegración de color fue limitada, sólo se hizo un punteo cromático en aquellas zonas donde la unión de fragmentos cortaba la lectura”.

Para su correcto almacenamiento, los restauradores decidieron que el documento se mantuviera en posición horizontal. Los elementos de tela y papel se unieron a través del montaje y se incorporaron junto con los bastones en la caja de embalaje final. Esto se explicó a las autoridades de San Pablo Ahuatempan, que se encargarán de nuevo de su custodia en el templo.

Mientras la gente de la comunidad se guarecía de la lluvia a la espera de su mapa restaurado, el historiador del INAH Francisco González-Hermosillo Adams, abocado al estudio de las formas de gobierno indígena en la Nueva España, les explicó que San Pablo Ahuatempan fue uno de los asentamientos que en 1549 recibieron el título de pueblo bajo jurisdicción de San Pedro Cholula. En 1722, al erigirse la República de Naturales de Santa Isabel Iztaczoatlan (hoy municipio de Santa Isabel Cholula), pasaría a formar parte de su territorio.

“Nueva España fue el único virreinato en toda América donde los naturales hicieron códices que tienen un sentido, una forma de leerse, y contienen la historia de cada lugar. Cada uno de esos pueblos mantuvo esa tradición pictórica, por eso es increíble que ustedes (la gente de San Pablo Ahuatempan) conserven este documento. Es un acontecimiento único”, les expresó.

Entre los relieves acuarelados del Mapa de San Pablo Ahuatempan: cerros y poblaciones dispersas con casas de doble teja, aparecen escenas de la faena diaria. Campesinos, tlachiqueros, leñadores, pastores, capataces…, oficios y beneficios que en sí mismos son una descripción de la vida en el Valle de Cholula en la postrimería del periodo colonial.

Fuente: (INAH)