La Virgen de la Defensa, tanto por el frente como en la parte posterior, tiene una decoración con motivos florales y un cometa con su cauda en cada lado. En las esculturas de la época fue común el empleo de motivos con follajes, frutas y rameados, recordó la restauradora, pero en el caso de esta talla llama la atención la imagen celeste cuya representación no es frecuente.

Ciudad de México.- 25 de Noviembre de 2014.- La Virgen de la Defensa, pieza de enorme devoción durante los siglos XVII y XVIII en la región de Puebla y Tlaxcala, de donde es la santa patrona, fue restaurada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes recobraron su policromía y restituyeron algunos faltantes que perdió por el uso y el paso del tiempo.

La escultura, de apenas 65.5 centímetros de altura, representa la advocación de la Inmaculada Concepción y posee un gran valor histórico porque sirvió para llevar la fe católica a Perú y Chile.

La intervención de la imagen en madera estuvo a cargo de las restauradoras Fanny Unikel y Mercedes Murguía, responsables del Seminario Taller de Restauración de Escultura Policromada, de la Escuela Nacional de Conservación Restauración y Museografía (ENCRyM) del INAH.

Murguía comentó que, antes de iniciar los trabajos, a la obra se le hicieron análisis con rayos X y luz ultravioleta, entre otros, para obtener información sobre sus materiales constitutivos, técnica de manufactura y descubrir intervenciones anteriores, porque las fuentes documentales mencionan que tuvo una sola renovación en las encarnaciones. Con los estudios realizados se determinó que en diferentes épocas alcanzó a sumar hasta seis repolicromados en las manos.

La pieza requirió de limpieza, estabilización de algunas zonas de la policromía, reposición de un dedo faltante y de los “picos” de la luna que tiene en la parte inferior, resane y reintegración cromática en las áreas abrasionadas, toda vez que se trata de una escultura de vestir.

La Virgen de la Defensa, tanto por el frente como en la parte posterior, tiene una decoración con motivos florales y un cometa con su cauda en cada lado. En las esculturas de la época fue común el empleo de motivos con follajes, frutas y rameados, recordó la restauradora, pero en el caso de esta talla llama la atención la imagen celeste cuya representación no es frecuente.

La intervención de la escultura forma parte de un proyecto multidisciplinario encabezado por el INAH, en el que participan los doctores Patricia Díaz Cayeros y Pablo Amador, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, y la doctora Paula Mues, docente de la ENCRyM. Los tres realizan investigación histórica, iconográfica y formal de la imagen.

La restauradora Mercedes Murguía comentó que con base en las fuentes documentales podrían existir en el país por lo menos tres o cuatro reproducciones en madera policromada de esta escultura.

Destacó que el atuendo consta de una túnica del siglo XIX, que “es un trabajo muy preciosista, mas no el ajuar original”, y una cauda del siglo XVIII.

La asesoría para la intervención de la vestimenta estuvo a cargo del Seminario Taller de Textiles de la misma ENCRyM, donde se reforzaron seis listones y se confeccionó un vestido de lino que servirá de soporte de la túnica.

Los expertos ultiman los detalles de la base de la escultura con el fin de regresarla al Altar de los Reyes de la Catedral de Puebla, finalizó la experta.

 

Fuente: (INAH)