Madrid, España.- 24 de Octubre de 2014.- Al albergue de Santa María de la Paz, de Madrid, regentado por la orden de San Juan de Dios, llegan personas que acumulan sobre sus hombros las consecuencias de una vida dura y desesperada. A sus problemas particulares se suman, en algunos casos, enfermedades graves y, casi siempre, dificultades en las relaciones sociales.

"Juan Tomate" es el nombre que recibe la actividad de cultivo ecológico que se desarrolla dentro del recinto y en la que participan los residentes que lo desean. Esther García, responsable de la Obra Social, asegura que "cuando llegan a la casa, llegan rotos, y a partir de ahí construimos. Hay personas que por su forma de ser, o porque la vida les ha tratado de manera distinta, no arrastran una situación de calle tan prolongada o no son 'perros apaleados' durante tanto tiempo, y tienen una capacidad de relacionarse de la que otros no disponen.

Nosotros ofrecemos tanto este como otros talleres como un objetivo más. Hay quien se implica desde el primer momento, y hay quien no quiere saber nada de ningún proyecto y se limita a venir al centro en los momentos puntuales de comer o dormir, y ya está. Ellos primero observan, planean por encima del huerto, se asoman, miran desde la retaguardia. Poco a poco se van acercando más, luego acaban preguntando y se dejan caer. Y llega un momento en el que acaban preguntando si pueden participar. Hay que respetar los tiempos y los espacios de cada uno de ellos, pero todos caen".

El objetivo es conseguir que los residentes ganen en autoestima y confianza que les lleve a una reinserción social satisfactoria. Marta Torán, una de las voluntarias del centro, recuerda que "son personas a las que les han dado muchos palos en la vida. Por eso les cuesta mucho confiar.

Muchos de nosotros podríamos esar aquí. Estamos en el filo. Cualquier persona puede sufrir un traspié en la vida y acabar aquí. Lo que es injusto es que se considere que estas personas ya han acabado su vida personal y laboral. Cuando se les da un poco de confianza, se les apoya y sienten que pueden ser últiles para la sociedad, son los primeros que se han crecido, que han querido montar el huerto y que han querido formar con nosotros un equipo".

Ecológico 100%

El huerto, totalmente ecológico, surgió gracias al trabajo de algunos residentes, de voluntarios y de los asistentes sociales de la casa. Los productos sirven para el consumo propio en el albergue y también para venderlos en el mercadillo solidario que se organiza cada primer domingo de mes. Victoriano Castellanos, uno de los residentes encargados del huerto, tenía una ligera idea sobre jardinería al llegar al albergue, pero dice que cada día aprende "la naturaleza siempre te va diciendo lo que va necesitando. Uno está contento por eso, porque uno no se las sabe todas y con los compañeros también se aprende mucho y nos sentimos bastante mejor que cuando no hay nada que hacer, y todo es decadencia y desánimo. Uno se levanta con ese ánimo de que tiene algo que hacer. Es muy importante para uno mismo, para estar contento". Luis Sáez, otro residente que trabaja en el huerto y participa, además, en otros talleres, asegura que le aporta "tranquilidad y estabilidad emocional mientras está ocupado haciendo algo por los demás. Me hace falta. Y me alegro de poder vivir de esta manera. Por la vida que me tocó".

El huerto se divide en zonas separadas, con familias de hortalizas y plantas organizadas por bancales. Según Marta Torán, voluntaria del albergue, es "para que se lleven bien entre ellas y no se peleen, porque todas las que están agrupadas en un mismo lugar necesitan los mismos nutrientes y no se los van quitando unas a otras".

Hemos usado el método de Gaspar Caballero, muy sencillo, sostenible y fácil de implantar. Y por otra parte utilizamos los consejos de Mariano Bueno, un agricultor ecológico, que nos ha enseñado cómo semillar, cómo plantar, cómo desechar los productos químicos y cómo aprovechar diversos métodos para luchar contra plagas utilizando exclusivamente lo que nos ofrece la naturaleza".

Mirando al futuro

La experiencia 'Juan Tomate' les llena y les ayuda a crecer. Por eso los proyectos no paran. Ya se está pensando en construir un invernadero, como señala Piluca Losantos, otra voluntaria del albergue. "No todos los residentes pueden trabajar la tierra. Pero en un invernadero sí podríamos semillar, hacer plantones, etc. Eso nos ayudaría mucho en la siguiente fase".

Todo ello con donativos, claro, que es la forma con la que funciona el albergue. En este y en todos sus proyectos. En estos momentos, de hecho, se está construyendo un nuevo edificio para los residentes "porque el edificio actual tiene problemas técnicos", dice Piluca. "Tiene muchos fallos estructurales. Necesitan un poco de dignidad personal, porque ahora están viviendo hasta cinco personas en una misma habitación. Habitaciones individuales no es posible pero, al menos, si pudieran estar de dos en dos, sería un logro". Uno de los aspectos más importantes de esta nueva obra, llamada 'operación ladrillo' por la comunidad, busca mejorar las condiciones de accesibilidad para los residentes discapacitados. Esther García, responsable de la Obra Social, señala que "el actual edificio no tiene las necesidades básicas cubiertas. La estructura es muy vieja, realizada con materiales de baja calidad. Cuando no falla la caldera, hay una gotera, o el ascensor no funciona. Hay mucha gente que necesita vivir dignamente, y no podemos acoger a todos los residentes que quisiéramos, primero por problemas de plazas y segundo por problemas de infraestructura".

El albergue de Santa María de la Paz cuenta, en la actualidad con unos 112 residentes, aunque el número aumenta durante las campañas puntuales, como la que se realiza durante los meses del frío, cuando llegan al centro otros residentes temporales derivados desde el SAMUR Social en Madrid. El objetivo es que los residentes pudieran salir del centro y gestionar su vida y sus recursos en el menor tiempo posible. Pero eso es difícil, como reconoce Esther García. "Nuestro triunfo sería que aquí pasasen un solo día hasta que consiguiéramos un recurso más adaptado a cada una de las personas: que consigan alquilar una habitación, recuperar un vínculo familiar o social, etc. Es difícil porque el perfil de Santa María de la Paz es el único centro madrileño de iniciativa privada que responde a situaciones muy cronificadas. Querríamos que fuese un sitio de paso, pero rara vez lo conseguimos".