Su manufactura, que estuvo a cargo de la artista Carmen Antúnez bajo un guión del arqueólogo Alfonso Caso, implicó una profunda investigación en fuentes históricas y etnográficas, pues se visitaron diversos tianguis indígenas para tener una idea aproximada del pochtec ayotl, que a su vez fue supervisada por el arqueólogo Alfonso Caso.

Ciudad de México.- 7 de Septiembre de 2014.- Creada hace 50 años con fines didácticos, la maqueta del mercado de Tlatelolco, que se encuentra en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología, en realidad es un complejo conjunto escultórico que retrata de manera fiel el pochtec ayotl o el arte de intercambiar en la época prehispánica, aunque sus 305 personajes apenas representan el 1% de quienes lo visitaban a diario.

 

Según el conquistador Hernán Cortés, más de 30 mil nativos se reunían diariamente a intercambiar sus productos en este enorme tianguis mesoamericano.

En el marco de la conmemoración de las primeras cinco décadas de este museo emblemático del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se emprendieron diversas tareas de conservación de esta obra que, además de un apoyo museográfico, representa un complejo trabajo en donde cada uno de los rostros modelados refleja la fisonomía de personas que posaron ex profeso para este proyecto.

Su manufactura, que estuvo a cargo de la artista Carmen Antúnez bajo un guión del arqueólogo Alfonso Caso, implicó una profunda investigación en fuentes históricas y etnográficas, pues se visitaron diversos tianguis indígenas para tener una idea aproximada del pochtec ayotl, que a su vez fue supervisada por el arqueólogo Alfonso Caso.

Jóvenes de preparatoria que cursan la opción técnica en restauración y museografía, guiados por la restauradora Claudia Blas Rojas, del Laboratorio de Conservación del Museo Nacional de Antropología, se encargaron durante diez semanas de dar lustre a cada una de las piezas, desde los personajes adultos que miden en promedio 26.5 centímetros, hasta las diminutas aves enjauladas, que da como resultado una escena en la que conviven gigantes en tierra de enanos.

Con los pies enfundados para evitar daños a la maqueta, los estudiantes —entre ellos también de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente— llevaron a cabo el registro fotográfico, aspirado indirecto y limpieza de las coloridas escenas que hacen referencia a la extensa red comercial venida de todas partes de Mesoamérica y que se daba cita en el tianguis de Tlatelolco. 

La restauradora Claudia Blas Rojas comenta que, pese al mantenimiento constante de esta maqueta por parte del área de Museografía del museo, los pochtecas o comerciantes, mercaderías y demás figuras que aparecen participando del trueque, lucían cenizos por una fina capa de polvo que permanecía debido a un efecto electroestático.

“La mayor parte de las figurillas son sintéticas, por lo que al frotarlas se producen cargas eléctricas y ocasiona que el polvo se mantenga fijo. Por ello buscamos materiales con propiedad antiestática”, explica.

La intervención de la maqueta —la cual abarca 10 m de frente por 3.5 m de profundidad considerando los portales y las columnatas— comenzó con el aspirado en los pasillos y la parte superior del techo de los pórticos, así como en los personajes más grandes y simples en su emplazamiento y posición corporal, o que portan menos ornamentos.

Asimismo, las labores de limpieza en la mercadería fueron divididas según su complejidad, iniciando con los “animales vivos”, como guajolotes y perros xoloitzcuintles que fueron modelados uno por uno, mientras que para retirar el polvo de las aves que se hallan en jaulas se necesitó adecuar el instrumental.

De acuerdo con la especialista del Laboratorio de Conservación del Museo Nacional de Antropología, la maqueta del mercado de Tlatelolco es una de las más elaboradas que hay en el Museo Nacional de Antropología. “Al estar cerca de las obras observamos que es un gran y complejo conjunto escultórico que tiene valores estéticos relevantes”. Por ejemplo, en los personajes se puede deducir la procedencia, rango y “estado civil” de los personajes.

Claudia Blas da algunos ejemplos: las mujeres mexicas casadas se distinguen por llevar el cabello trenzado sobre la cabeza, mientras las solteras lo llevan suelto; la gente procedente de la Costa del Golfo muestra el torso desnudo; y los pipiltin o nobles se distinguen por ir sobre el pasillo central, donde se ofrecían los cactli o sandalias que daban identidad jerárquica.

Además de las figuras humanas sintéticas, en la mercadería se encuentra otra diversidad de materiales: fibras, papel, tela, flores naturales coloreadas, madera y metales (latón y cobre), que implicaron un tratamiento particular. En este sentido, para estabilizar las pieles de animales se aplicaron refuerzos con un adhesivo compatible a la tela encolada con que fueron hechos, mientras los orgánicos fueron consolidados con un componente polimérico que devuelve cohesión a las partículas sueltas.

Gracias a fotografías de conjunto que se realizaron previo a la intervención, y otras imágenes de archivo, en algunos casos se restituyeron faltantes. Con todos estos trabajos, que permitieron devolver a las piezas sus valores cromáticos, aunado al sellado total de la vitrina de exhibición, la maqueta del mercado de Tlatelolco podría mantenerse una década sin la necesidad de otra intervención profunda, concluye Claudia Blas.

 

Fuente: (INAH)