A lo largo de 60 metros de longitud y una altura promedio de 2.50 metros, están representados 164 personajes; todos ellos participan de una celebración donde el pulque corre a manos llenas, “así que todos se encuentran en estado de embriaguez”, comenta Enrique Lozoya, quien guía a un pequeño grupo de personas por el interior de la Gran Pirámide, donde está plasmado el mural.

Ciudad de México.- 12 de Junio de 2014.- Los bebedores, un mural que desde su descubrimiento en 1969 fue reconocido, pero había permanecido oculto, ya puede ser admirado por quienes visitan la Zona Arqueológica de Cholula, en Puebla, tras una iniciativa promovida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), institución que desde hace una década ha buscado la conservación integral de esta obra prehispánica.

A lo largo de 60 metros de longitud y una altura promedio de 2.50 metros, están representados 164 personajes; todos ellos participan de una celebración donde el pulque corre a manos llenas, “así que todos se encuentran en estado de embriaguez”, comenta Enrique Lozoya, quien guía a un pequeño grupo de personas por el interior de la Gran Pirámide, donde está plasmado el mural.

Lozoya es uno de los integrantes del equipo de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, que trabaja en este lugar. Él conoce al detalle a los personajes  —pues realizó el dibujo a escala de cada uno de ellos— y explica las cualidades estéticas de este mural realizado hace mil 800 años.

El mural, ubicado en un nivel inferior de la Plaza de los Altares, en la antigüedad (200 d.C.) era la fachada de uno de los edificios de la ciudad, así que estaba a plena vista. Siglo y medio después, estas escenas fueron cubiertas con una etapa constructiva a la que se decoró con diseños más geométricos, tal es el caso de Barras y estrellas, otro de los murales que pueden apreciarse.

Para Valerie Magar, titular de la CNCPC, la difusión de los murales mediante visitas controladas es parte fundamental de la labor de la coordinación a su cargo. Estos recorridos se llevan a cabo durante las temporadas en que los restauradores trabajan en el sitio, de modo que —en esta ocasión— los interesados tienen la oportunidad de conocerlos hasta la primera semana de julio de 2014.

“El que estas visitas se den durante el periodo de nuestro proyecto, ofrece la posibilidad de conocer las pinturas murales mediante la interpretación que de ellas se ha dado en años recientes, además de ver el trabajo de conservación en plena acción”.

Sobre la titánica tarea emprendida por la CNCPC sobre los murales de Cholula, Valerie Magar refiere que su preservación debe entenderse de manera integral, ya que al haber sido elaborados sobre aplanados de tierra son sensibles a variaciones de humedad y temperatura,  “es más, la Gran Pirámide es un gran núcleo de arcilla y de adobe”, señala.

En ese sentido, dijo, es necesario buscar alternativas para el adecuado desalojo del agua, para que los murales no se conviertan en frentes de evaporación.

“El INAH planteará un proyecto multidisciplinario que abarque tanto arqueología, arquitectura y conservación, para estudiar los problemas causados por las filtraciones de agua, como la proliferación de microorganismos y la migración de sales hacia la superficie”, detalló.

La restauradora perito Dulce María Grimaldi, responsable de los trabajos, detalla que la intervención sobre la pintura mural partió en 2009. En esta temporada los esfuerzos se han centrado en el diagnóstico del problema de humedad en la última sección de Los bebedores, de ahí que algunas de las imágenes estén ocultas por papetas.

“En el exterior hemos realizado una serie de análisis y de registros para saber cómo está funcionando la captación de agua no sólo en el edificio, sino en sus partes colindantes, para canalizarla y evitar afectaciones en la superficie pictórica durante este periodo de lluvias”.

La restauradora Grimaldi comentó que si bien no existen las condiciones para efectuar una visita abierta a los murales, es importante que éstos se conozcan “porque lo que no se conoce, no se aprecia. Lo que da sentido a la aplicación de estas técnicas de conservación es que finalmente la pintura pueda ser compartida con los visitantes”.

Entre el pequeño grupo que admiró hace unos días los murales Barras y estrellas y Los bebedores, se encontraba Blanca de Lara, una joven dedicada a la terapia de arte; Damián Villaseñor, estudiante cholulteca de 16 años que no había tenido la oportunidad de observarlos, y Carlos Tello, un muralista mexicano que ha dejado su impronta en el Capitolio de Oklahoma, entidad estadounidense donde ahora radica.

En colores aún vivos después de mil 800 años, frente a sus ojos emergieron personajes delineados con gran destreza. Todos ellos con vasijas de las que se desbordan líquidos, penachos y taparrabos, sentados o en cuclillas, alguno inclusive defecando, además de seres con máscaras zoomorfas.

Lo más impresionante para Blanca de Lara fue toda la gama cromática desplegada en los 180 m2  que abarca Los bebedores, “poder comparar los colores reales que existían, qué tan intenso era el rojo, el amarillo o el verde, es extraordinario ver todo este espacio con esa cantidad de color. Me voy más que emocionada”, expresó.

Para visitar el mural es necesario inscribirse en el área de Difusión de la CNCPC, llamando al 5022 3410 ext. 413243, o en el correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Únicamente se realiza una visita por día (lunes, miércoles y viernes), en punto de las 12:15 horas, con un grupo de ocho personas.

 

Fuente: (INAH)