La voz sonora y aguda del cantante flamenco rompe la espera del público y la oscuridad del escenario, cautivando desde el inicio a los asistentes a la presentación de la bailaora española María Pagés, quien anoche derrochó su arte en el Festival Internacional...
María Pagés, un
portento de arte y
movimientos rituales
Foto: Gregorio Martínez/
Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad Victoria, Tamaulipas. 14 de octubre de 2006. La voz sonora y aguda del cantante flamenco rompe la espera del público y la oscuridad del escenario, cautivando desde el inicio a los asistentes a la presentación de la bailaora española María Pagés, quien anoche derrochó su arte en el Festival Internacional Tamaulipas 2006, en el Teatro Amalia González de Castillo Ledón del Centro Cultural Tamaulipas.

Se ha capturado la atención del público y ya no se perderá a base de cuadros montados por la Compañía de la bailaora sevillana, aclamada en todos los recintos internacionales donde se ha presentado, quien es reconocida desde hace varios como la vanguardia del arte dancístico flamenco.

La música, el cante, la poesía, las palmas frenéticas, el vigoroso zapateado, las innovadoras coreografías con música variopinta –universal y patrimonio del mundo: blues, rock, trova, andina, zarzuela, tango, bossa nova, jazz…– hacen que la magia del arte flamenco vaya in crescendo durante toda la función.

Respecto de las coreografías que presentó la Compañía, vale la pena citar lo que dice su directora y fundadora en el programa de mano: “En el bazar de las ideas hemos encontrado unas viejas canciones. Las hemos escuchado y hemos decidido bailarlas. Los tonos de esos sonidos evocativos, pacíficos, divertidos, como se divierten los niños; el sentido de esas palabras-versos, tan simples, nos ha provocado la reflexión que origina este experimento coreográfico”.

Así, todo el programa constituye, más que un experimento, toda una exploración por la sensibilidad española –andaluza– y una proyección de ésta a través de las piezas con base musical de otras latitudes.

Particularmente destacan aquéllas donde la guitarra se hermana con la poesía y con el ritmo de las palmas, donde se desbordan el sentimiento y la pasión a través de esos catalizadores que confluyen en lo que podría denominarse una mirada fresca, audaz –quizás de ahí viene la idea de experimento coreográfico de la bailaora–, innovadora del baile flamenco.

Por cierto, dos o tres coreografías me hicieron evocar –la música no sólo suscita la evocación, también las imágenes, como en este caso, donde la iluminación juega un importante papel¬ algunos fragmentos de “Iberia”, la película de Carlos Saura, con quien Pagés ha colaborado en algunas películas.

Pero la evocación provocada tiene que ver más con el ambiente, con la pasión, con la bulería, con la esencia de un arte que conforme pasa el tiempo se vuelve piel y entraña de una nación, de un estado anímico, como a su modo el poeta chileno quiso transmitir en “España en el corazón”.

Es obvio, pero no resulta vano repetirlo: María Pagés recrea el mundo, los sentimientos, la visión de las cosas a partir de sus movimientos rituales, con la fuerza y magnetismo de sus brazos, con el portento de su arte; como el matador de toros, pareciera que en cada presentación, en cada coreografía, en cada movimiento le fuera en ello la vida.

Y esa entrega es total, absoluta, que convierte a los demás miembros de la Compañía en meros cómplices, comparsas idóneos, testigos fascinados, privilegiados de la recreación del mundo y sus avatares, el mundo de María Pagés, el mundo visto a partir del flamenco. O: el sol y los planetas que lo acompañan en su viaje galáctico.

La Compañía de María Pagés, dentro del Festival Internacional de Tamaulipas 2006, se presentó en Tampico el jueves 12 y la noche del viernes 13 en la capital del estado, dejando una impronta en todos los asistentes, similar a la señalada en el poema de Amado Nervo, “quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar”.

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