A diferencia del tradicional, el Altar de Dolores de Betsabeé Romero está hecho como una instalación envolvente, un sitio por donde uno atraviesa y entra a una situación por donde la conciencia y el recuerdo es lo que tiene que florecer.

Ciudad de México.- 16 de Abril de 2014.- Betsabeé Romero resignifica y actualiza una de las tradiciones más antiguas durante la Semana Santa: el Altar de Dolores, que originalmente se coloca para consolar a la Virgen María ante la pérdida de su hijo crucificado. En este caso, la artista contemporánea creó en el  Antiguo Colegio de San Ildefonso una instalación titulada “Con el dolor y la fragilidad”, dedicada a todas las madres que han sufrido la pérdida de sus hijos.

Con materiales como papel picado, flores, velas escamadas, vitroleros con agua, cerámica, vidrios rotos, llantas de automóvil y fotografías de mujeres de Ciudad Juárez, Oaxaca y el Estado de México que han perdido a sus hijos y piden justicia y ayuda para encontrarlos, Betsabeé Romero fusiona su fascinación por esta tradición y la preocupación y dolor que le ocasiona la violencia en el país.

“Se lo dedico no a la Virgen, sino a las numerosas dolorosas que enfrentan esta terrible pérdida de sus hijos o hijas en este país donde la violencia le quita la vida a tantas personas diariamente. Hay pequeñas imágenes de estas mujeres que no están en una actitud abnegada, sino con la frente en alto, con las fotos de sus hijas en el pecho y con el puño levantado pidiendo justicia, porque en muchos casos no sólo es la muerte sino la desaparición”, explica la creadora, quien por primera vez hace un trabajo relacionado con esta tradición.

La tradición católica del Altar de Dolores llegó a México con los conquistadores españoles, en 1519, cuando el fraile franciscano Bartolomé de Olmedo, que acompañaba a Hernán Cortés, instaló el primer altar del nuevo mundo en San Juan de Ulúa. En la Nueva España, el Altar de Dolores fue parte de la evangelización y se enriqueció con el sincretismo indígena. Debido a que la Semana Santa coincidía con el periodo de siembra, se integraron elementos agrícolas, como semillas de trigo, amaranto y alpiste.

Se trata de una tradición que poco a poco se ha ido perdiendo, y sólo conserva su fuerza en estados como Oaxaca y Guanajuato. “Desde niña ha sido una de las tradiciones que más me llama la atención y quizá tiene que ver con una cuestión de género, como el dolor de una madre que ha perdido a su hijo. En este caso, esta tradición no se enfoca en el Viacrucis, en las heridas, en el dolor mismo, sino que es un altar que a través de la música, de la iridiscencia de las velas, de las formas del vidrio que simboliza las lágrimas de la Virgen, quiere distraer el dolor, darle un respiro al dolor. Y en este sentido, el arte tiene relación con esta tradición”, señaló Betsabeé.

A diferencia del tradicional, el Altar de Dolores de Betsabeé Romero está hecho como una instalación envolvente, un sitio por donde uno atraviesa y entra a una situación por donde la conciencia y el recuerdo es lo que tiene que florecer. “Soy madre y no he tenido una pérdida de este tipo, pero en términos históricos y sociales me duele mucho lo que pasa en el país”.

El Altar de Dolores Con el dolor y la fragilidad, estará abierto hasta el 11 de mayo de martes a domingo, de 10:00 a 17:30 horas, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, ubicado en Justo Sierra 16, Centro Histórico.

Fuente: (CONACULTA)