El montaje da cuenta de los orígenes de esta celebración, los cuales se remontan al México prehispánico con el culto que los pueblos originarios rendían a la muerte. Conforme avanzan las acciones, se detalla el sincretismo cultural que se dio con la conquista española y la imposición de la religión católica que dio paso a ritos y costumbres que permanecen en la actualidad.

Ciudad de México.- 3 de Noviembre de 2013.- La mismísima Muerte llegó al Patio Las Jacarandas del Museo Nacional de Culturas Populares, la noche de este viernes 1 de noviembre para invitar al público a conocer más sobre la tradición mexicana del Día de Muertos.

 

Se trata de la obra Quinto pa´mi Calaverita, una propuesta de la compañía Teatruras, en la que un grupo de adolescentes maquillados y con máscaras a la usanza de la icónica imagen de José Guadalupe Posada, hicieron reír y reflexionar a los asistentes sobre nuestra identidad y cultura.

En la historia, una joven pareja fallece a manos de un asaltante, lo que provoca que “la huesuda” los lleve en un recorrido por la tradición en la que las almas de los difuntos salen del lugar donde descansan, y regresan a visitar a sus seres queridos.

El montaje da cuenta de los orígenes de esta celebración, los cuales se remontan al México prehispánico con el culto que los pueblos originarios rendían a la muerte.

Conforme avanzan las acciones, se detalla el sincretismo cultural que se dio con la conquista española y la imposición de la religión católica que dio paso a ritos y costumbres que permanecen en la actualidad.

Con una propuesta fresca y sustentada en el humor, los actores adolescentes interpretan a personajes que se burlan de su suerte, se ríen de la calaca y de su condición de difuntos.

Una narradora se encarga de aportar algunos datos históricos de manera didáctica y narra cómo para los mexicas había tres lugares a donde se dirigían los difuntos según el tipo de muerte.

Mictlán o Xiomoayan, lugar de los muertos descarnados o inframundo, Tlalocan o "paraíso de Tláloc" y Cihuatlampa, lugar donde los difuntos descansaban junto al sol.

 

Mientras caminaba entre el público, la Muerte saludaba a los que llamaba “sus fans” a quienes más adelante les explicó cuál es su cometido en la vida: ponerle fin a la existencia, a lo que dijo, es algo necesario para cumplir con un ciclo natural.

Simpáticas calacas daban a conocer el porqué de las ofrendas, su origen y los elementos que la integran, entre ellos, el papel picado, la comida y bebida favorita, flores de cempasúchil, la sal como elemento de purificación, agua como fuente de vida y veladoras que guía a las ánimas para que puedan llegar a sus antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada.

Los asistentes en su mayoría niños y jóvenes disfrazados interactuaban con los personajes e incluso, subían al escenario para ayudar a colocar la escenografía.

La función cerró con una verbena en la que vivos y difuntos rieron y bailaron tal y como ocurrió al principio de la obra.

Fuente: (CONACULTA)