Al dictar la ponencia Flora y fauna de las fiestas mexicas en el Libro II del Códice Florentino, con la cual se cerró el ciclo de conferencias por la reapertura de la Sala 6 del Museo del Templo Mayor, Carlos J González, director del recinto se refirió a ejemplares como la codorniz, que se sacrificaba en casi todas las fiestas para utilizar su sangre.

Ciudad de México.- 19 de Julio de 2013.- Aves, como codornices, además de venados y lobos, eran animales que, de acuerdo con el Libro II del Códice Florentino, comúnmente se ofrendaban en diversas ceremonias del calendario ritual de los mexicas, en honor a deidades como Tláloc (de la lluvia), Toci o Tlazoltéotl (la diosa madre), Xiuhtecuhtli (del fuego) o Mixcóatl (de la caza).

Al dictar la ponencia Flora y fauna de las fiestas mexicas en el Libro II del Códice Florentino, con la cual se cerró el ciclo de conferencias por la reapertura de la Sala 6 del Museo del Templo Mayor (MTM), Carlos Javier González González, director del recinto se refirió a los ejemplares faunísticos que eran usadas en ceremonias del Recinto Sagrado de Tenochtitlan, entre ellos la codorniz, que se sacrificaba en casi todas las fiestas para utilizar su sangre.

“Dicha ave, por ejemplo, era ofrecida en la ceremonia Ochpaniztli, que se realizaba durante septiembre dedicada a la Diosa Madre, y en las fiestas Izcalli y Xócotl Huetzi dedicadas a Xiuhtecuhtli o Huehuetéotl (dios del fuego). La codorniz tenía un gran simbolismo, ya que al ser prácticamente terrestre se le vinculaba con la tierra, y por tanto, con la regeneración de la vida, siendo su sangre alimento de la Diosa Madre”, explicó el arqueólogo.

El experto mencionó que en el caso del venado —presa por excelencia—, era ofrecido a Mixcóatl, dios de la caza, durante la ceremonia Quecholli que se realizaba en noviembre. Por otra parte, en la fiesta Tlacaxipehualiztli dedicada a Xipe Tótec, dios del maíz y de la guerra, la piel de los combatientes enemigos que eran sacrificados adquiría un valor a manera de trofeo, comparable a la que tenía la piel del venado entre grupos cazadores-recolectores. 

“Asimismo, dijo, en las pictografías de los Primeros Memoriales, fray Bernardino de Sahagún refiere que en la principal ceremonia sacrificial de la fiesta Tlacaxipehualiztli, un individuo fungía como ‘padrino’ de las víctimas, al que se le llamaba cuitlachhuehue (viejo lobo), el cual viste una piel de dicho animal; muy probablemente se trataba de un sacerdote”.

Respecto a los grandes felinos como el jaguar y el puma, de los cuales se han encontrado restos óseos en ofrendas depositas alrededor del Templo Mayor (recuperadas entre 1978 y 2007) González González refirió que en el Códice Florentino se menciona que en la fiesta de la Diosa Madre (Ochpaniztli), el tlatoani se reunía en una ceremonia con los guerreros que iniciaban su ejercicio militar para otorgarles armas, y en la cual dicho gobernante mexica descansaba sobre un asiento que tenía piel de águila y como respaldo piel de jaguar, símbolos de la guerra sagrada.

Asimismo, se menciona que los sacerdotes portaban bolsas para tabaco hechas con piel de jaguar. “Este felino representaba la noche entre los mexicas, y era la representación del dios Tezcatlipoca; si bien en el Códice Florentino no hay mayor dato sobre los pumas, es posible que hayan tenido un simbolismo semejante al del jaguar, aunque con mayor presencia en las ofrendas, pues eran más fáciles de obtener en la Cuenca de México”, indicó el director del MTM.

El arqueólogo Carlos Javier González recordó que en las crónicas de Sahagún se menciona que algunas primicias de flores eran ofrendadas en la fiesta Tozoztontli —entre marzo y abril— a deidades relacionadas con la lluvia, la agricultura y la cosecha, como Tláloc y los tlaloques, además de Cintéotl (dios del maíz) y Chicomecóatl (de la agricultura), ello con motivo de un ritual propiciatorio para renovar el maíz y la flora.

“Durante dicha fiesta —agregó el especialista del INAH— también se ofrecían flores de yauhtli o pericón que en ocasiones eran quemadas en braseros junto con copal.

“Por otra parte, dijo, durante la fiesta de Tóxcatl, dedicada al dios Tezcatlipoca, realizada en mayo, se hacía una efigie del dios Huitzilopochtli con madera de mezquite. Además era común el empleo de masa de amaranto para elaborar figuras de dioses, entre ellos, Huitzilopochtli”, destacó.

González González explicó que elementos marinos, como caracoles y conchas (muy comunes en las ofrendas encontradas en la Zona Arqueológica de Templo Mayor), son referidos en el Códice Florentino como artefactos característicos de varias ceremonias, ya fuera como instrumento musical o como atavío de sacerdotes o de quienes personificaban deidades, por ejemplo, era usado en la celebración Títitl, dedicada a la diosa Ilamatecuhtli, que se realizaba en enero.

De acuerdo con el arqueólogo Adrián Velázquez Castro, especialista en la investigación de elementos marinos, es posible que estos materiales simbolizaran entre los mexicas al inframundo, un espacio del cosmos ubicado debajo de la superficie de la tierra, que por excelencia era acuático.

Finalmente, el director del Museo del Templo Mayor comentó que la mayoría de las ceremonias del calendario ritual se llevaban a cabo en el Recinto Sagrado de Tenochtitlan, donde se congregaba la población tenochca para celebrar las fiestas en los diversos templos que allí se encontraban.

Fuente: (INAH)