La charla también se centró en La Carta Atenagórica, documento que la Décima Musa escribió como una réplica al sermón del padre jesuita Antonio Vieira, quien reflexiona acerca de la mayor expresión de amor de Cristo al momento de morir, y que en su momento provocó un gran debate teológico ante los sólidos argumentos de Sor Juana.

Ciudad de México.- 23 de Mayo de 2013.- Sor Juana Inés de la Cruz no fue recluida en un convento, entró por su propia voluntad, convencida, pues en el siglo XVII sólo tenía dos opciones a seguir: casarse o entrar a un convento para poder estudiar, aprender y escribir, que era realmente lo que quería, aseguró la poeta Roxana Elvridge-Thomas en el marco de la presentación de Una habitación propia: Sor Juana, presa de conciencia, en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.

Acompañada de la maestra en letras españolas, Cecilia López Ridaura, la ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino en 1990, reflexionó sobre algunos aspectos de la obra y pensamiento de Sor Juana Inés de la Cruz como parte del ciclo  Una habitación propia organizado por la Coordinación Nacional de Literatura del INBA.

Las charlas buscan reflexionar  sobre las dificultades y necesidades que históricamente han tenido las mujeres para acercarse a la labor de la escritura a partir del ensayo escrito por Virginia Woolf con este mismo título.

Roxana Elvridge-Thomas consideró que en el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, el hecho de haber vivido en un convento le permitió tener esa habitación propia de la que habla Woolf en su ensayo, además de la oportunidad de escribir y desarrollar su talento.

La charla también se centró en La Carta Atenagórica, documento que la Décima Musa escribió como una réplica al sermón del padre jesuita Antonio Vieira, quien reflexiona acerca de la mayor expresión de amor de Cristo al momento de morir, y que en su momento provocó un gran debate teológico ante los sólidos argumentos de Sor Juana.

“Ella —dijo Roxana Elvridge-Thomas— demuestra mayor precisión sistemática, mayor inteligencia, mayor lógica y ese es el problema, se decía: cómo una mujer va a atacar a un hombre, peor aún, a un jesuita tan reputado y admirado. Lo peor es que le hacen la mala jugada de publicarla y hacer público este análisis que la pone muy mal ante los jesuitas que son quienes están al mando del poder educativo en la Nueva España”.

Recordó que Sor Juana Inés de la Cruz era escolástica y se autoformó leyendo textos que abarcaban desde Aristóteles pasando por Santo Tomás, por lo que es mediante la lógica racional que la religiosa desmonta cada uno de los argumentos de Vieria, para concluir que la máxima fineza de Cristo es “no hacer nada”.

De acuerdo con Cecilia López Ridaura, esta carta suscitó opiniones encontradas con personajes como el obispo de Puebla, Manuel Fernández de San Cruz, quien bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz mantuvo una discusión retórica con Sor Juana.

“La respuesta a Sor Filotea en una carta es lo que más conocemos de Sor Juana en donde cuenta su infancia, cómo aprendió a leer a los tres años, cómo aprendió latín, los castigos que se imponía cuando no aprendía sus lecciones”, refirió Cecilia López Ridaura.

Agregó que este texto hay que tomarlo con pinzas, pues Sor Juana era una de las figuras más representativas del barroco hispánico: “Eso hace que no siempre se hable en nombre propio sino que hay mucho juego de ingenio que es parte de la retórica que ella utiliza para responderle a Sor Filotea. Es una carta que hace para defenderse y comienza a sentirse despojada de esta red de poder. No es que haga una defensa de la mujer, habla en nombre personal y hace una defensa de todo ser humano por conocer”.

Por lo tanto, aseguró Cecilia López Ridaura, “es difícil inscribirla en el sentido del feminismo porque ese concepto no tiene que ver con su época”.

Para la poeta Roxana Elvridge-Thomas es necesario ver a Sor Juana Inés de la Cruz como una mujer del siglo XVII que era creyente, católica y creía firmemente en los dos destinos de la mujer: casarse o ingresar a un convento.

Explicó que la Décima Musa eligió el convento de San Jerónimo, un espacio relajado que le permitió llevar a cabo sus intereses intelectuales, debido a que el conocimiento era fundamental para ella.

Antes de concluir con el evento se dio lectura a dos poemas de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz.

Fuente: (CONACULTA)