Con más de 200 exposiciones en espacios internacionales de España, Francia, Alemania, Hungría, Turquía, Inglaterra, Canadá y Estados Unidos, Marín confiesa que, contra la idea de que cada cultura puede tener una visión distinta de una misma obra, cada vez se convence más del poder del arte como lenguaje universal.

Bruselas, Bélgica.- 2 de Mayo de 2013.- El escultor Jorge Marín confiesa que sus famosas alas, aquellas que se encuentran en avenida Reforma justo en el cruce que va del Museo de Antropología a Chapultepec, es una de esas obras que ha cambiado su visión sobre la manera en que la escultura crea un vínculo físico con la gente.
Miles de personas han hecho popular esa pieza y la han convertido en una de las más retratadas en las redes sociales, donde desde niños hasta adultos aparecen con alas de ángel en un fenómeno que el escultor, nacido en Uruapan, Michoacán en 1963, describe como una metáfora lúdica, artística y de divertimento.

“Es una obra netamente popular y lo que más me emociona es que quienes se suben a sacarse fotografías de forma espontánea son mi propio pueblo, no se trata de un grupo de especialistas de arte que va a realizar una crítica, sino que la gente siente un impulso por vincularse a esa escultura de bronce”, expresó el escultor.

Considerado en los años recientes uno de los artistas mexicanos más propositivos en el terreno de la escultura, Jorge Marín es el primer compatriota en presentar una exposición en el célebre edificio Berlaymont, sede del Parlamento Europeo en Bruselas, Bélgica.

“Es un gran honor presentar una exposición en ese importante espacio, sobre todo porque se abre la puerta a un artista que procede de una nación que no forma parte de la Unión Europea”, destacó el creador visual.

Mencionó que la muestra incluye una selección de 21 obras de su exposición El cuerpo como paisaje, que ha itinerado por diversas ciudades del mundo y en la que da continuidad a su reflexión artística en torno al equilibrio y el balance.

“En mi trabajo hay una constante referencia a estas cuestiones a las que considero vitales, pues al igual que la mayoría de los seres humanos he estado siempre a la búsqueda de ese equilibrio en todos los aspectos de mi vida. Creo que la escultura es un medio privilegiado para dar salida a todas esas preguntas”, refirió Jorge Marín.

Con más de 200 exposiciones en espacios internacionales de España, Francia, Alemania, Hungría, Turquía, Inglaterra, Canadá y Estados Unidos, Marín confiesa que, contra la idea de que cada cultura puede tener una visión distinta de una misma obra, cada vez se convence más del poder del arte como lenguaje universal.

“Me di cuenta de esto nuevamente con la pieza de las alas –relató– pues al igual que las que están ubicadas en Reforma, quisimos regalar otras tantas a espacios públicos de diversas ciudades del mundo. Me impresionó que en Tel Aviv, en Israel, a los pocos minutos de instalarla, las personas ya estaban tomándose fotografías al igual que en México, todo ello me ha hecho reflexionar en torno a mi trabajo y  recapitular muchos aspectos sobre el significado público de éste”.

Sobre esa interacción que ha logrado con el público a partir de esta pieza, Jorge Marín confesó que también ha reflexionado sobre el complejo tema de la vinculación que da el volumen y las dimensiones en la escultura, a diferencia de otras artes.

“Las alas me han convencido de que hay una identificación natural en nosotros mismos como seres de tres dimensiones con un objeto que ocupa un espacio, de ahí la necesidad de que muchos busquen sacarse fotografías, me parece que es algo que voy a seguir explorando”.

En este sentido, dijo estar también interesado en trabajar con piezas donde se experimente con las sombras que se generen a partir de la propia escultura.

“He visto algunas de mis piezas y me gustan las sombras que se generan con la luz, eso me dio la idea de abundar en ese terreno, creo que hay muchas metáforas y arquetipos encerrados en aquello que proyecta un objeto físico y por ello me encuentro actualmente desarrollando ideas al respecto”, explicó el artista.

Entre las piezas en bronce que conforman la exposición El cuerpo como paisaje, se encuentran Garuda en ventana, Centauro y Ángel, Flechador Ecuestre I y II, Clavadista 21, 22 y 33, Balanza II con alas, Balanza de voladores, Surfista II, Balanza Espejo, Victoria arrodillada en balsa, Ángel arrodillado roto y Ángel en balsa, entre otras.

Quizá no hay mejor descripción de la obra del escultor mexicano que la que escribió Carlos Fuentes poco antes de su fallecimiento:

“El bronce es un metal mestizo, producto de la aleación de cobre y estaño. No es gratuito que Jorge Marín lo tome, lo trabaje como metal de nuestra raza, de nuestro país. Raza de bronce, se nos llamaba antes… al bronce Marín le da alas: alas de ángel… hay ángeles que son iluminados por Dios con la orden: “Crea”. La creación de Jorge Marín obedece a este mandato, que en su caso no es divino sino humano, demasiado humano”.

El cuerpo como paisaje, de Jorge Marín, se exhibe desde el 30 de abril en el edificio Berlaymont, sede de la Comunidad Europea, en Bruselas, Bélgica.

Fuente: (CONACULTA)