Con la presencia de la Banda de Guerra y la Escolta de la Secretaría de Marina, en el acto fue exhibida una de las partituras más antiguas de nuestro himno, guardada en el acervo del Conservatorio Nacional de Música

Ciudad de México.- 8 de Noviembre de 2017.- En la ceremonia cívica realizada la mañana de ayer 7 de noviembre en la explanada del Palacio de Bellas Artes, fueron conmemorados los 163 años de existencia de nuestro himno nacional y la forma en que ha simbolizado, junto con nuestra bandera, los ideales de México tanto en el pasado como en el presente.

Con la presencia de la Banda de Guerra y la Escolta de la Secretaría de Marina, en el acto fue exhibida una de las partituras más antiguas de nuestro himno, guardada en el acervo del Conservatorio Nacional de Música

En la ceremonia estuvieron presentes Francisco Cornejo, oficial mayor de la Secretaría de Cultura; Lidia Camacho, directora general del INBA; y Santiago Taboada Cortina, presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados.

Lidia Camacho dijo que los símbolos patrios resumen las más altas aspiraciones que nos unen como nación: libertad, justicia y soberanía. Refirió que hoy nuestro escudo se integra a los colores de nuestra bandera que simboliza con sus colores la esperanza, unidad y la sangre de los mexicanos, y que junto con nuestro himno nacional, son los símbolos principales de nuestra nación.

"Honrar a nuestro himno y a la bandera  es dar certeza a nuestro presente y a la unión de los mexicanos por fortalecer su nación", afirmó.

En el acto fue entonado nuestro Himno Nacional, seguido de la interpretación del vals Sobre las Olas de Juventino Rosas, interpretado por la Banda de Guerra de la Semar.

Santiago Taboada Cortina leyó las efemérides del mes de noviembre, mes en el que nacieron Carlos Fuentes, Sor Juana Inés de la Cruz e Ignacio Manuel Altamirano.

Recordó también que en este mes nació Pedro Infante, Jorge Negrete y José Clemente Orozco, además de ser la fecha del calendario en la que falleció el gran pintor mexicano Diego Rivera.

La ceremonia concluyó con la interpretación del Huapango, de José Pablo Moncayo, por parte de la Banda de Guerra de la Secretaría de Marina y que resonó en la explanada del Palacio de Bellas Artes.

Historia

El Himno Nacional Mexicano es uno de los símbolos patrios de México. Fue escrito en 1853 por el poeta potosino Francisco González Bocanegra y musicalizado por el compositor catalán Jaime Nunó Roca.

En 1821, José Torrescano presentó una primera composición del Himno Nacional, sin embargo, no tuvo la completa aceptación por parte de la Nación Mexicana.

En el año de 1849 la Academia de San Juan de Letrán lanza una Convocatoria, con el objeto de adquirir una letra adecuada para el himno que representaría a los mexicanos, sobre todo al exterior. En dicha convocatoria, se recibieron treinta composiciones, de las cuales se eligieron dos: la del compositor estadounidense Andrew Davis Bradburn, y la del poeta mexicano Félix María Escalante, la cual fue musicalizada por el austriaco Henry Herz, ésta última fue elegida para ser presentada en Guadalajara en noviembre de 1850.

Tiempo después, un poeta cubano, Juan Miguel Lozada y el compositor Nicolas-Charles Bochsa, crean un nuevo himno nacional, sin embargo no trascendió.

Desde 1850, se realizan otros intentos para lograr que México tuviera un himno nacional como la propuesta del compositor italiano Antonio Barilli, la del húngaro Max Maretzek, y la de otro italiano Ignacio Pellegrini. Dichas propuestas fueron todas presentadas, pero sin mayor relevancia.

En 1853, el presidente Antonio López de Santa Anna convocó un concurso para la creación del Himno Nacional. La convocatoria ofrecía un precio "a la mejor composición poética que pueda servir de letra a un canto verdaderamente patriótico". Se fijó un plazo de veinte días para presentar el trabajo.

Francisco González Bocanegra, un poeta talentoso, no estaba interesado en participar en el concurso. Razonaba que escribir poemas para la mujer amada era una cosa muy diferente a escribir la letra del himno de una nación. Sin embargo, su prometida Guadalupe González del Pino (Pili), sin desanimarse por la continua falta de interés de Francisco a pesar de la constante insistencia de ella y sus amigos para participar, decidió tomar cartas en el asunto.

Usando un pretexto, guío a Francisco a un cuarto aislado en su casa, lo encerró, y no le permitió salir hasta que entregara una composición para el concurso. Después de cuatro horas de forzada, pero abundante inspiración, Francisco fue capaz de obtener su libertad a cambio de diez estrofas que le pasó por debajo de la puerta a su captora. Estrofas que posteriormente ganaron la competencia.

Más tarde, en agosto de 1854, se seleccionó la música compuesta por el español de nacimiento Jaime Nunó, un inspector de bandas militares, como acompañamiento a la letra de Francisco.

El himno fue estrenado oficialmente el 16 de septiembre de ese mismo año, bajo la batuta de Jaime Nunó, interpretado por la soprano Balbina Steffenone y el tenor Lorenzo Salvi. Francisco González Bocanegra y Guadalupe González del Pino, para entonces casados, asistieron al evento.

En 1943 el Himno Nacional Mexicano se hace oficial, bajo el decreto presidencial de Manuel Ávila Camacho, a través del Diario Oficial de la Federación.

Finalmente, en 1984 bajo la presidencia de Miguel de la Madrid Hurtado, se publica la Ley sobre la Bandera, el Escudo e Himno Nacional donde se especifica el uso y características de los Símbolos Patrios.

(Coro)

Mexicanos, al grito de guerra 

El acero aprestad y el bridón, 

Y retiemble en sus centros la tierra 

Al sonoro rugir del cañón. 

Estrofas

Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva 

de la paz el arcángel divino, 

que en el cielo tu eterno destino 

por el dedo de Dios se escribió. 

Mas si osare un extraño enemigo 

profanar con su planta tu suelo, 

piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo 

un soldado en cada hijo te dio. 

II 

En sangrientos combates los viste 

por tu amor palpitando sus senos, 

arrostrar la metralla serenos, 

y la muerte o la gloria buscar. 

Si el recuerdo de antiguas hazañas, 

de tus hijos inflama la mente, 

los laureles del triunfo, tu frente, 

volverán inmortales a ornar. 

III 

Como al golpe del rayo la encina 

se derrumba hasta el hondo torrente 

la discordia vencida, impotente, 

a los pies del arcángel cayó. 

Ya no más de tus hijos la sangre 

se derrame en contienda de hermanos; 

solo encuentre el acero en tus manos 

quien tu nombre sagrado insultó. 

IV 

Del guerrero inmortal de Zempoala 

Te defiende la espada terrible, 

Y sostiene su brazo invencible 

tu sagrado pendón tricolor. 

El será del feliz mexicano 

en la paz y en la guerra el caudillo, 

porque el supo sus armas de brillo 

circundar en los campos de honor. 

¡Guerra, guerra sin tregua al que intente 

de la patria manchar los blasones! 

¡guerra, guerra! los patrios pendones 

en las olas de sangre empapad. 

¡Guerra, guerra! en el monte, en el valle, 

los cañones horrísonos truenen 

y los ecos sonoros resuenen 

con las voces de ¡Unión! ¡Libertad! 

VI 

Antes, Patria, que inermes tus hijos 

bajo el yugo su cuello dobleguen, 

tus campiñas con sangre se rieguen, 

sobre sangre se estampe su pie. 

Y tus templos, palacios y torres 

se derrumben con hórrido estruendo, 

y sus ruinas existan diciendo: 

de mil héroes la patria aquí fue. 

VII 

Si a la lid contra hueste enemiga 

nos convoca la trompa guerrera, 

de Iturbide la sacra bandera 

¡Mexicanos! valientes seguid. 

Y a los fieros bridones les sirvan 

las vencidas enseñas de alfombra: 

los laureles del triunfo den sombra 

a la frente del bravo adalid. 

VIII 

Vuelva altivo a los patrios hogares 

el guerrero a contar su victoria, 

ostentando las palmas de gloria 

que supiera en la lid conquistar. 

Tornáranse sus lauros sangrientos 

en guirnaldas de mirtos y rosas, 

que el amor de las hijas y esposas 

también sabe a los bravos premiar. 

IX 

Y el que al golpe de ardiente metralla 

de la Patria en las aras sucumba 

obtendrá en recompensa una tumba 

donde brille de gloria la luz. 

Y de Iguala la enseña querida 

a su espada sangrienta enlazada, 

de laurel inmortal coronada, 

formará de su fosa la cruz. 

¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran 

exhalar en tus aras su aliento, 

si el clarín con su bélico acento 

los convoca a lidiar con valor. 

¡Para ti las guirnaldas de oliva; 

¡un recuerdo para ellos de gloria! 

¡un laurel para ti de victoria; 

¡un sepulcro para ellos de honor!

Fuente: (CONACULTA)