Por Paco Mora- Aplausos.es

Con la aplicación del artículo 155 de nuestra Ley de Leyes, se pretende restaurar la normalidad democrática en Cataluña. Ese ha sido el compromiso del presidente Rajoy ante todos los españoles, en el que queda implícito también el derecho de los habitantes, de la que habían convertido los “puigdemonis” en su Ínsula Barataria, a ver toros en su Plaza Monumental de Barcelona y en todos los demás cosos catalanes.

Dado que el “govern” se había pasado por el arco de triunfo la sentencia del Tribunal Constitucional, que dictaminó que al prohibirlos había adoptado competencias que correspondían al Estado, a todos se nos alcanza que con “la vuelta a la normalidad democrática” mañana mismo se podrían organizar espectáculos taurinos en Cataluña. Sin más rodeos ni subterfugios.

La pelota está ahora en el tejado de los Balañá, propietarios y sempiternos empresarios del tauródromo barcelonés. No es que yo pida que se anuncien toros y encabece el paseíllo el señor Rajoy a caballo para pedir las llaves, pero sí que tenga en cuenta los derechos de la afición a los toros, a la hora de convertir al mandarinato separatista del “raro” gerundense, en la Autonomía Catalana que es por ley. ¿O es que los aficionados a los toros no somos tan españoles, catalanes, vascos, andaluces, gallegos, canarios, baleares, aragoneses, y extremeños, como los que no han asistido nunca ni piensan asistir a una corrida de toros? Si es que somos habitantes de otro planeta, que se nos diga. Pero que no olviden que nosotros también votamos.

Comprendo perfectamente la cobardía multimillonaria de los Balañá, pero además de ser de su propiedad, la Monumental de Barcelona es patrimonio sentimental de todos los españoles que la han llenado durante muchos años, colaborando por tanto a que ellos siguieren enriqueciéndose. Los Balañá tienen una salida airosa para quedar más guapos que la Begum sin jugarse un alamar: Arrendar la Monumental y embolsarse un buen dinero, traspasándole la responsabilidad a otros. Que de eso saben mucho, como han demostrado a lo largo de los años en que se apartaron del compromiso, poniendo la plaza en manos de sus “bien mandados”. Eso sí, sin dejar de cobrar dividendos.

Como ha quedado dicho más arriba, esperemos que a la hora de normalizar Cataluña se piense también en la afición a la tauromaquia y en su derecho a ver toros.