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Por la Espiral - January 14, 2019

Es erróneo jugar con los insumos básicos

Hay un grupo de insumos básicos entre los que se encuentran los energéticos, los granos, los cereales, el algodón, el cobre, etcétera; muchos forman parte de  los llamados commodities que cotizan en los mercados internacionales.

            Ya son de por sí vulnerables a una serie de factores exógenos o endógenos: exógenos que dependen de todo el contexto geopolítico o geoeconómico que terminará impactándolos para bien o para mal; por ejemplo, una sequía por el cambio climático en la cosecha de maíz en los principales países productores terminará elevando el precio por kilogramo y tonelada, y los consumidores de los países principales importadores de maíz terminarán pagándolo a un mayor costo.

            La gente puede dejar de comer carne pero la gran mayoría de los más de 7 mil 500 millones de seres humanos consumimos principalmente maíz, trigo, arroz  y soja son como nuestra columna vertebral.

            En el caso de los insumos energéticos son otros esenciales porque primordialmente ayudan a desplazarnos con  nuestros vehículos cotidianamente y el empresario puede producir y muchos autónomos pueden desplazar sus mercancías y ofrecer sus servicios en sus vehículos particulares o de la empresa.

            México que en 1970 se ufanaba de tener todo el petróleo del mundo y que edificó su presupuesto a partir del oro negro cimentó con soberbia y corrupción cada ladrillo de una pirámide de prebendas, componendas en la que un funcionario tenía metida la mano en el bolsillo de otro y así se construyó la mayor pirámide de corrupción que hizo al sindicato de PEMEX uno de los más poderosos del país.

            Los  mexicanos creímos que nunca acabarían esos enormes pozos de petróleo, pero al cabo de los años con el TLCAN desde 1994 la economía empezó a importar productos petroquímicos y hasta gasolinas; porque la producción del país expandía y no se tenía el ritmo de eficiencia y de innovación para explorar, producir y refinar.

            México es un importador neto de gasolina, eso no es un secreto a voces ni el último descubrimiento, lo preocupante es que el nuevo gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador intervenga directamente cerrándole el grifo a la oferta bajo la justificación de combatir la corrupción, el robo de combustible tanto a pequeña como a gran escala, en suma el llamado huachicoleo.

            De por sí que el Estado ya interviene de forma indirecta en la fijación de precios de muchos insumos básicos, las gasolinas no quedan fueran pero ahora decide intervenir directamente.

            ¿Qué ha pasado? Claramente: lo que te enseña la teoría económica que pasa cuando alteras la oferta, la demanda se ha disparado, se ha provocado escasez, el desabasto por ende ha provocado especulación y encarecimiento de la gasolina disponible de la que se aprovechan muchos especuladores que emergen como buitres en  medio de la calamidad.

            La gasolina la está pagando más cara y a cuentagotas tanto la ama de casa, como el ejecutivo, el obrero, el empresario y todos aquellos que mueven las mercancías e insumos para su distribución. Ya hay quienes reetiquetan.

            De prolongarse más semanas esta situación muy seguramente (si no lo maquillan claro) la inflación del mes de enero repercutirá el impacto de alterar la oferta de la gasolina, de la intervención malsana y directa. Y esto no es  bueno para una economía que el año pasado cerró con una inflación del 4.83 por ciento.

A COLACIÓN

            En varias columnas he escrito mi mayor preocupación al respecto del nuevo gobierno de México, llámense “las ideas geniales” que les emerjan al presidente y a sus discípulos. Ideas que ignoran las leyes económicas fundamentales ya hay quién quiere echarle mano a las cuantiosas reservas internacionales para crear programas sociales o quién quiere usar el dinero de las Afores.

            La economía necesita certeza, certidumbre, coherencia, una toma de decisiones correcta que no termine provocando un daño colateral o efectos desmedidos o descontrolados.

            Si quieres combatir la corrupción en las tortillerías que venden y cobran el  kilo de tortillas como si fuera de verdad de un kilo cuando es 200 o 250 gramos menor,  entonces ¿cierras todas las tortillerías?

            Los gobernantes y sus discípulos deben ser eficaces, la gestión de los problemas hacen la diferencia entre un malo y un buen gobierno, no es cerrando los grifos de los oleoductos como se termina con el huachicoleo es usando el brazo del Estado de Derecho y de la justicia como se lucha contra la corrupción y los corruptos.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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