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Por la Espiral - November 26, 2015

Micro estrés laboral

En la microeconomía es donde recalan buena parte de los ajustes realizados por el  Gobierno y vaya si han sido duros en los últimos años, a tal grado, que la familia como núcleo de evolución desdibuja el drama precisamente de los costos sociales y los daños colaterales.

En  generaciones pasadas, nuestros padres, se dieron el lujo de tener una familia numerosa sostenida económicamente por el varón; podían acceder a vivienda y contar con una serie de satisfactores de vida gracias a las políticas de estabilización de largo plazo.  

No había sobresaltos, ni devaluaciones abruptas. Muchas familias dependían de algún oficio y aún así lograron darle a sus hijos una profesión mediante el acceso a la educación pública lo que impulsó un cambio cualitativo  a favor de la clase media.

Tenemos que se trata de tiempo pasados. Las  nuevas generaciones a las que se entregó la estafeta enfrentan un panorama totalmente distinto. Hoy   en día,  estudiar en una universidad pública o privada, no es garantía de acceso a un puesto laboral fijo y bien remunerado para el alumno egresado.

Los hombres y mujeres treintañeros  padecen  un entorno difícil en  comparación con la época de sus  padres, de hecho, no hay una correlación entre calificación profesional e ingreso porque la demanda por empleo es tan grande que siempre habrá alguien dispuesto a contratarse por un salario inferior y con menores prestaciones.

No es broma cuando se dice que la sociedad actual tiene profesionistas altamente calificados, muchos han pasado del postgrado al doctorado, manteniéndose en el refugio del estudio y la mayor especialización confiando en que esto les dará una ventaja comparativa y competitiva en el mercado laboral.

Tampoco es una falsedad que  muchos jóvenes de entre los 23 a los 30 años no han logrado siquiera su primera  oportunidad laboral. Ellos forman parte del rostro de la insatisfacción y frustración que llega a traducirse en  alcoholismo, suicidio, drogadicción,  prostitución e inclusive delincuencia organizada.

A COLACIÓN

Respecto de este panorama desalentador hay un ensayo de Sebastián T. Plut, investigador social y escritor, que se llama “Trabajo y Psicoanálisis. Duelo y Trauma del Desempleo”, que aborda la  condición de desocupación y desempleo y sus particulares efectos psicológicos en  las personas.

Plut enfatiza que desde el psicoanálisis se ha estudiado el desempleo como un trauma social a partir del cual se desarrollan ciertos desenlaces psicopatológicos como depresiones, afecciones psicosomáticas hasta llegar al suicidio.

El especialista  señala que, desde la perspectiva económica y social, distingue cuatro factores cuyo comportamiento regulan en forma inmediata el número y la calidad de los empleos: el crecimiento de la población, la tasa de actividad (Población Económicamente Activa), la evolución histórica del Producto Interno Bruto (PIB)  y la evolución del nivel de productividad. 

De los dos primeros factores deriva la disponibilidad de mano de obra y de los dos siguientes la generación de puestos de trabajo. Si la expansión de la disponibilidad de mano de obra excede la expansión del número de puestos de trabajo surge la brecha de empleo, que se manifiesta como desempleo (abierto u oculto) y subempleo.

También Plut coincide en prestar atención al tiempo de duración del  desempleo que experimenta una persona en la medida  que  sus expectativas van modificándose conforme avanzan los meses o años y no logra insertarse al mercado laboral.

De  las causas él las atribuye a dos tipos de representaciones sociales:  1) Estructural, el desempleado percibe su situación como consecuencia de fuerzas sociales, económicas o políticas, ajenas a su voluntad y dominio. 2) Conductual, la persona  atribuye  la ausencia de un empleo, a su propio pasado, sus acciones, características de personalidad o  falta de preparación académica.

En gran medida la sociedad actual vive bajo un estrés permanente por conservar su empleo o bien por lograr insertarse a uno. El pendiente por resolver: los temas económicos cotidianos dominan nuestro panorama aunque eso para los políticos sirva únicamente de aliciente en tiempos de campañas electorales prometiendo el oro y el moro.

 

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