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Tradiciones - October 29, 2015

Calendario de festividades católicas de los otomíes maneja ciclo ritual coincidente con fenómenos solares

En los asentamientos prehispánicos de Zidada, Taxangu, Pahñú, Zethé y El Cerrito, los primeros localizados en el Valle del Mezquital, Hidalgo, y el último cercano a Querétaro, el arqueólogo Jaime Cedeño Nicolás, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), llevó a cabo un estudio con el objetivo de relacionar las orientaciones de algunas de sus estructuras con hechos astronómicos, apoyándose en gráficas o monteas solares, procedimiento geométrico que describe el movimiento aparente del Sol.

Las orientaciones identificadas por el arqueólogo en estos sitios, las cuales fueron publicadas en el estudio Espacio y tiempo en sociedades mesoamericanas. El caso de la Cultura de las Mesas, apuntan a los días de inicio del año mesoamericano (ubicado hacia el 12 de febrero), equinoccios y pasos cenitales, “lo que podría indicar un sistema o medio de control entre todos los sitios para el ciclo agrícola y el inicio de año”.

A decir del experto que participó en el Coloquio Proyecto Valle del Mezquital. 30 Años, que finalizó este miércoles en el Museo Nacional de Antropología, los asentamientos xajay —ubicados en las mesetas de los municipios hidalguenses de Tecozautla y  Huichapan—  guardan una orientación de 16-17°, como en Teotihuacan, urbe de la que fueron contemporáneos en sus etapas tardías.

 El Cerrito, en tanto, guarda una orientación totalmente distinta que —de comprobarse con otras investigaciones— podría hablar de la conmemoración de las posiciones extremas de Venus y en las que se enmarca la temporada de lluvias.

En los centros ceremoniales que fueron objeto de estudio para el hoy especialista de la Dirección de Operación de Sitios del INAH, se encontraron estructuras con orientaciones; por ejemplo, 90 por ciento de ellas mantienen relación con los equinoccios. Asimismo, las fechas 12 de febrero y 30 de octubre, señaladas por las estructuras a 15-16° de El Cerrito, Zethé y Zidada, apuntan a la salida del Sol en el horizonte.

“El día de paso del Sol por el cenit, 20 de mayo y 23 de julio en la latitud 20°30’, señalada por la misma estructura y el sector norte en Zethé y por el conjunto, también al norte de Taxangu, a 20 grados al norte del oriente. Además, las relaciones espaciales del conjunto del Zehté nos ponen ante un complejo arquitectónico de conmemoración calendárica, señalando el 12 de febrero y 30 de octubre, el equinoccio y el paso cenital del Sol”.

El esquema calendárico resultante sería el siguiente: “Comenzando el 12 de febrero transcurren 38 días hasta el 21 de marzo; 60 días más hasta el primer paso por el cenit el 20 de mayo, de aquí hasta el solsticio de verano transcurren 32 días y 32 más hasta el segundo paso cenital del Sol, el 23 de julio.

“De esta fecha hasta el segundo equinoccio el 21 de septiembre, se suceden 60 días y 40 más hasta el final del ciclo. La suma de estos periodos da un aproximado de 260 días, el lapso del calendario ritual mesoamericano”, expuso Jaime Cedeño en su conferencia.

Parece ser —dijo— que estas sociedades reconocieron las proporciones existentes entre sus ciclos calendáricos principales y plasmaron de manera análoga este conocimiento en el trazo de sus centros ceremoniales. Sin embargo, cada sitio pudo tener de manera particular una festividad primordial.

“Así, aunque Pañhú mantenía jerarquía sobre los demás sitios y era el punto de observación por excelencia, las observaciones que se hacían desde ese lugar se podían hacer desde los diferentes asentamientos. Es decir, quizás el inicio del año se celebraba ahí, pero también en Zidada. Y el paso del Sol por el cenit se celebraba en Pañhú, pero también en Zethé, de manera que pudieran tener un ciclo ritual de fiestas en donde cada uno tenía cierta importancia dependiendo de la fecha”.

Lo interesante para el maestro Jaime Cedeño, luego de haber concluido estas investigaciones arqueoastronómicas en sitios xajay del Valle del Mezquital y comenzado otras de carácter etnográfico en comunidades hñahñu del sur de Querétaro, fue comprobar que en su calendario de festividades católicas los otomíes manejaban un ciclo ritual coincidente de alguna manera con estos fenómenos solares.

Por ejemplo el 15 de mayo, día de San Isidro —el cual reviste importancia para los hñahñu— coincide con el primer paso del Sol por el cenit; y el de Santiago, que se celebra el 25 de julio, coincide con el segundo paso cenital del Sol. “Tales fenómenos mantuvieron un significado relevante posterior a la Conquista, de modo que el calendario prehispánico, mesoamericano, se resignificó con nuevos elementos”.

Aunque no es posible sostener que los otomíes fueran los antiguos pobladores de los desarrollos xajay, el arqueólogo Jaime Cedeño comentó que sin duda son herederos de ese bagaje cultural “y que lo vemos ahora reflejado en sus festividades que recuperan estas mismas fechas del calendario prehispánico, pero ahora como rituales a los santos católicos”.

El arqueólogo Jaime Cedeño concluyó que la coordinación espacio-tiempo en los sitios prehispánicos se vinculaba con el paisaje inmediato, de modo que “simbolizaba una relación entre el espacio geográfico con el asentamiento, en su idea de altépetl; no está ligada solamente a observar la alineación y el evento astronómico bonito, sino a encontrar el significado cultural de estas cosas y ver cuál era la funcionalidad práctica para estas sociedades”. 

Fuente: (INAH)

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