Home Por la Espiral Empleo precario vs. desempleo de hambre
Por la Espiral - August 4, 2015

Empleo precario vs. desempleo de hambre

Y sin  una estrategia clara por parte del Ejecutivo y de la iniciativa privada seguirá camino de ensanchar la economía informal o el trabajo precario. ¿Qué futuro puede ofrecerse entonces para los jóvenes de hoy en día?.
    Me parece que es menester realizar una serie de reflexiones porque este horrible espectro de la falta de empleo no hace más que profundizar los desequilibrios sociales y económicos.
    Perfilados en la segunda década del siglo XXI duele constatar la existencia de empresarios mayormente  interesados en jugar en el mercado bursátil que en sostener el ritmo del timón con los empleados subidos en el mismo barco.
    Algo sucede con el código de ética de la empresa y del empresario, cuando la fórmula de quitar  costos implica reducir plantilla, restar prestaciones, congelar sueldos y salarios. Cada año el trabajador sufre por reivindicar sus derechos.
    Algunos economistas justificarán que el acertijo en el mercado laboral es cuestión de oferta y demanda, y que el problema deriva de millones de seres humanos en edad productiva pero desempleados y dispuestos a contratarse bajo cualquier condición. Demasiada oferta.
    Es tanto como recordar los tiempos de cambio de finales del XIX y principios del XX cuando la Segunda  Revolución Industrial introdujo nuevas técnicas de producción  en el campo y en las fábricas. El  desplazamiento de personas productivas provocó tal presión social y económica que en algunos países el fascismo encontró su caldo de cultivo al tiempo que el comunismo extendía para defender que el trabajador era dueño de los medios de producción.
    No obstante, de aquel pasado, el aprendizaje parece no asimilarse quedándose en lo más naïf de la posmodernidad.    Tanto desempleo no es un buen augurio para ningún país menos cuando los jóvenes son los más afectados y me atrevo, a decir, que tenemos la mejor generación  de jóvenes profesionistas, con tantas herramientas tecnológicas a su alcance e incluso con la capacidad de dominar más de un idioma.
    El calvario de encontrar un empleo digno, estable y bien remunerado se padece por igual en Estados Unidos, que en México, Brasil, Turquía, Japón, China y no se diga en Europa o en  países musulmanes donde la “primavera árabe” fue impulsada por jóvenes desempleados con la ambición de un cambio.
A COLACIÓN
    Mientras se ejerce presión, gobernantes y empresarios, reprochan unos a otros la profundización del desbalance en el mercado laboral.    Desde la óptica del gobierno, la culpa es del empresario figura que debería crear empleo; para el empresario, la  retórica señala al gobierno de ineficaz en sus políticas para favorecer contrataciones baratas y despidos de bajo impacto en las finanzas de la empresa.
    En la mitad de la pugna están los sindicatos y la incapacidad de crear escenarios que, verdaderamente, contribuyan a fomentar empleos con contratos definitivos y no temporales.
    Para algunos gobernantes la respuesta al alimón radica en los minijobs, una modalidad que gana cada día más adeptos entre gobernantes y empresarios: en Alemania, la canciller Ángela Merkel, está convencida de sus resultados.
    ¿Qué son los minijobs? En su naturaleza son contratos de  baja remuneración con un máximo de 15 horas de trabajo a la semana, el ingreso está libre de impuestos y el trabajador mantiene algunos derechos sociales como aportaciones a su pensión, acceso a los servicios públicos de salud, bajas por maternidad, enfermedad y vacaciones.
    La idea es que cualquiera acceda a un minijob no importa la cualificación, tampoco si es el primer empleo o la reintroducción al mercado laboral pasados los 35 años.
    En Europa, esta ola de “los cuatrocientos”, por los 400 euros mensuales que se paga por un minijob  amenaza con ahogar a muchos de los mileuristas -por mil euros- supervivientes de la crisis y peor aún con extenderse como ejemplo de los empleos baratos hacia otros países.
    Mientras, en México, el miserable tabulador del salario mínimo  implica una disyuntiva en la que se puede trabajar para mal vivir y mal comer o irse al destierro de la  informalidad para empeorar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *