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Columnista Invitado - July 11, 2015

Un elefante para llevar

animales silvestres en circos, que de entrada ya logró el cierre de algunas decenas de circos con la pérdida de empleos consiguiente. Como si nuestra economía estuviera para darnos el lujo de reventar puestos de trabajo a nuestro antojo y arbitrariedad. Estamos ante un caso típico de intromisión dañosa del legislador en el mercado.

Y la autoridad un día dice una cosa y luego otra (yo tampoco sabría muy bien qué hacer con unas disposiciones tan locas) con respecto al futuro de los animales en poder de los circos. Primero se entendió que tendrían que deshacerse de ellos. Pero, a menos que usted sea de gustos algo excéntricos y de muy generosa cartera, ¿quién va a querer comprar un tigre, o una jirafa, un león o un elefante? Tampoco sé que los zoológicos se anden peleando por adquirir esos animales y soltarlos a la calle no parece buena idea. Así pues, una de las salidas más razonables es matarlos o como eufemísticamente dicen los animalistas; dormirlos, lo que nos llevaría a una verdadera y literal hecatombe de decenas de miles de animales. Decían nuestros legisladores que no gustaban de su trato en cautiverio en los circos, pero lo que han logrado es colocarlos a todos a un paso del sacrificio.

Pero la autoridad que, como ya se dijo, no sale de dar tumbos, apenas ayer avisó que los cirqueros podrán quedarse con sus fieras y que sí los podrán exhibir al público, pero no los podrán usar en sus espectáculos. Sí, estimado lector, eso dijo la autoridad. Y sería de risa loca si esto pasara en otro país. Así, al final del día el objetivo y máximo argumento de la nueva norma no se cumplió: evitar el cautiverio de esos animales en los circos. Seguirán cautivos de la misma manera que antes pero no podrán hacer piruetas.

Nuestros ocurrentes legisladores del PRI y del Verde podrían ayudar mucho para aliviar esta situación que ellos mismos crearon. Que cada uno (con su dinero) compre y mantenga a tres fieras, se las lleve a vivir a su casa o —con sus recursos— les dé el trato más “humanitario” que pueda.

Los cirqueros no se han quedado cruzados de brazos, prácticamente todos se han amparado en contra de tan nefasta ley. Será un importantísimo precedente ya que no sólo los circos estarán el juego, sino todos los espectáculos con animales, como las corridas de toros, la caza, los zoológicos, tiendas de mascotas, etcétera, mismos que son blancos de guerra de la ira del animalismo radical.

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