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Por la Espiral - June 8, 2015

El baile de Cenicienta

Lamentable porque no coadyuva a que avance el perfeccionamiento de la joven democracia mexicana, desde 1994 hasta la elección presidencial más reciente en 2012 se aprecia un incremento del abstencionismo aunado a una indiferencia en los jóvenes electores, un ostracismo  que está edificando gobiernos elegidos por minorías para gobernar a mayorías.
    En 1994, el abstencionismo tocó el 22.84% del padrón electoral y para  2012 con el doble de los electores de aquellos años,  “la abstinencia cívica” creció hasta el 36.67 por ciento.
    Pero lo que debería ser la fiesta de la democracia se está convirtiendo en  lo opuesto so pena de reconocer que el proceso de ayer tuvo de todo, trifulcas incluidas y elecciones imposibles de llevarse a cabo como en Tixtla, Guerrero; aunque Oaxaca y Michoacán no cantaron mal las rancheras.
    Y la respuesta de la gente ha sido repartida entre el miedo, la indiferencia, el hartazgo, el conformismo, el resentimiento hacia el sistema al que intentan derrumbar sin votar o anulando su voto.
    O las urnas o las balas de otra forma no se logrará nada, no se construye el cambio ni se favorece al engranaje de la democracia en pañales que ha ido avanzando poco a poco en el país a base de reformas en los órganos electorales, en los partidos políticos; y en la actualización de leyes que intentan hacer cada vez más transparente el  proceso a fin de blindarlo lo más posible ante un fraude.
    Si no votar o anular el sufragio tuviera como consecuencia que ninguno de los candidatos llegara a gobernar entonces sería entendible esa manifestación de oprobio ciudadana hacia el sistema político en general; empero, el que no vota o raya su papeleta simplemente está renunciando  a su obligación cívica pero será gobernado de todos modos y muy posiblemente por el candidato que más repulsión le provoque.
    Claro por no obviar que también ya apoquinó el costo de las elecciones, es como si tuviera una fiesta de gala en la que el ciudadano paga su boleto para la cena, se compra el traje, zapatos nuevos, se ajuarea; después del gasto, a la mera hora, decide no ir al sarao… porque no le da la gana.
A COLACIÓN
    Este domingo se invitó a la gente  para que optara por la renovación del Congreso con 500 diputados; hubo elecciones en 9 entidades para gobernador y se renovaron 871 alcaldías y 16 jefaturas delegacionales del Distrito Federal.
    Al convite cívico fueron convocados 83 millones 563 mil 190 habitantes, de los que más de tres millones acudieron por vez primera a las urnas. El costo de organizar todo el tinglado fue de 8 mil 584 millones 002 mil 228 pesos, nada menos, que 102.72 por elector ese ha sido el costo del guateque con el boleto incluido y hasta la orquesta, que muchos pagaron y no se presentaron.
    A colación yo estaba haciendo un comparativo con las pasadas elecciones intermedias en España, las del 24 de mayo, para renovar gobiernos de alcaldías, de 13 comunidades autónomas y otros cargos políticos. Se gastaron 128 millones de euros y se invitó a participar a 35 millones 104 mil 986 españoles, el costo por elector fue de 3.64 euros, es decir, a un tipo de cambio de 17.50 pesos por euro se trata de 63.7 pesos por elector.
    Hay quien argumentara que tampoco se trata de una cantidad estratosférica devengada por elector y no pretendo entrar en un debate al respecto lo que sí intento es señalar  que el juego democrático  no funciona cuando uno de los dos jugadores traiciona los principios y muestra una doble cara falsa y oculta.
    El costo entonces es la ausencia absoluta y total, el desencanto permea y lo hace cada día más además entre la gente más formada que ha tenido acceso a determinada preparación y satisfactores; y que con el paso de los años ha visto descender su  nivel y calidad de vida.
    Entonces se siente traicionada por sus gobernantes, y deja de sentirse representada cuando la corrupción se convierte en el cáncer del quehacer gubernamental y resulta que, de una u otra forma, tienen la mano metida en el bolsillo del otro como una pirámide de corrupción clientelar que todo lo carcome.
    Empeora el sentimiento emotivo cuando se entremezcla con problemas de seguridad y gobernabilidad. En 1994 y 2000 la gente quería un cambio para mejorar económicamente hablando; ahora la percepción ciudadana marca a la inseguridad-violencia y corrupción como  sus principales prioridades.
    Prioridades que deberían estar en las agendas y propuestas de gobierno y leyes de los políticos contendientes el fundamento  es que cunde  la suspicacia y el temor aunque también hay gente con ganas de hacer las cosas, de cambiarlas y que requieren del voto ciudadano para triunfar y luego gobernar.
    Pero sin votos hay gobiernos elegidos por otros para gobernar finalmente a todos, para hacer leyes que afectarán a todos. Lo que debemos hacer es   pagar el boleto e ir a la fiesta dispuestos a bailar.
     

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