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Por la Espiral - May 11, 2015

Grandes semejanzas

En ambos se trata de la cohesión inmediata para el gobierno y de los estragos que puede provocar en el ejercicio del poder y la praxis política la ausencia de entendimiento con el cuerpo Legislativo. Eso pasa cuando la mayoría en el Congreso es de varios partidos contrarios al del Presidente.
El meollo es que, en el uno y el otro, hay un estado de abatimiento en la ciudadanía desencantada por la mezcolanza de diversas variables económicas, políticas y de una corrupción vergonzante y permeable en todos los órdenes.
El resultado electoral puede tener el efecto de una mayoría silenciosa con ciudadanos en el ostracismo, sumergidos en una desafección política dañina para la construcción de gobiernos que realmente representen a mayorías y no a minorías.
Recordemos que los griegos definieron a la democracia de la forma más bella: demos, pueblo y cratos, poder. El poder que reside en el pueblo. En  el siglo XXI se liga a la democracia con el don del bienestar económico, según pretende defender, la propia ideología estadounidense.
Dice Anthony Giddens, que la crisis de la democracia viene de no ser suficientemente democrática. En “La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia”, el sociólogo inglés explica que la democratización está desbordando la democracia y la desproporción ha de ser consignada.
Para mayor énfasis, en el ámbito global emerge un fenómeno creciente: una menor proporción de personas  expresa su confianza en los políticos y al mismo tiempo, aumenta el desencanto en  la democracia.
Aunque todavía persiste determinado interés en acudir al llamado de las urnas es innegable la erosión en la imagen de los políticos elegidos para distintos cargos populares. Ninguna cae más rápido que la del presidente en la medida que pasa el tiempo y las  promesas de campaña son  incumplidas.
Otra lección totalmente comprobada es la postura y visión del candidato en campaña a la actitud asumida ante las presiones derivadas del ejercicio del poder.  Muchos candidatos avezados terminan siendo pragmáticos en el gobierno.
También aquellos que prometen grandes cambios en lo económico simplemente sucumben ante la resistencia de las mismas fuerzas económicas.
Para Domenico Fisichella, en “Dinero y democracia. De la antigua Grecia a la economía global”, es importante determinar qué factor está pesando más en la construcción de las democracias modernas, sí la concepción del homo politicus o la del homo economicus.
El investigador italiano argumenta una relación (prácticamente  intrínseca) entre política y economía, entre  dinero y democracia, “un asunto tan antiguo como vital”.
A COLACIÓN
Con la mano de la globalización “meciendo” la cuna de las relaciones políticas al interior de los países, valdría la pena analizar la correlación existente entre el incremento del abstencionismo en una etapa de crisis económica o de escándalos de gobiernos corruptos.
Al respecto, Seymour Martín Lipset, desarrolló en 1950 la  hipótesis de que “el crecimiento económico promueve la democratización y las crisis económicas tienen el efecto contrario”.
Otro investigador, Robert Barro, continuó las ideas del sociólogo  estadounidense al explorar una fuerte y positiva relación entre prosperidad y propensión a la democracia.
Todas estas concepciones son aportaciones relevantes al respecto de la organización política de los seres humanos y la forma de concebir el poder.
En lo personal, opino que en las próximas elecciones, hay que poner especial atención en  los jóvenes primerizos votantes y no dejarles caer en la apatía.
A ellos hay que hacerles entender lo esencial de su participación en la fiesta más cívica de todas: no es únicamente cruzar una papeleta, anularla o dejarla en blanco.
No votar es aceptarlo todo, conformarse con lo que se obtiene, bajar la cabeza, quedarse sin capacidad para exigir una mejoría del entorno inmediato. Contrario a lo que se cree no votar tiende a reducir la participación de las mayorías y democracias de minorías jamás coadyuvarán a dar un salto cualitativo ni cuantitativo. Ni México o en España ni cualquier país que se precie de democrático.

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