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Por la Espiral - January 12, 2015

Entre lo individual y lo colectivo

De esta forma, el escritor y filósofo francés, habla de valores yuxtapuestos: “Esta suma de fuerzas únicamente puede nacer del concurso de muchos: pero siendo la fuerza  y la libertad de cada hombre los principales instrumentos para su conservación”.
Para lograrlo es menester echar mano de un contrato social que a fuerza de la meditación más profunda de Rosseau implica “que cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general y recibimos de forma agrupada una serie de beneficios”.
Tenemos  algunas líneas de una obra publicada en 1762, no obstante, con la virtud de ser siempre joven en un mundo que por momentos envejece a fuerza de resistirse a dejar el pasado y sepultar atavismos para construir un mundo más incluyente, democrático, humanista e igualitario.
Usted, amigo lector, ¿cuánto de su poder de decisión individual de su órbita personal estaría dispuesto a ceder por el bienestar común? Por ejemplo, por vivir en armonía en su calle, con seguridad en su colonia, con una fehaciente expedición de justicia en su demarcación y por un Estado de Derecho incorruptible.
O cuánto por qué todos tengamos cobertura sanitaria, seguridad social, escuela pública y que nadie quede excluido por ningún tipo de cuestión.
Por ende hablamos del diario vivir, de la preocupación que más ocupa nuestra mente después de traspasar la adolescencia que implica desarrollarnos lo mejor posible en el ámbito de lo laboral y económico; y en la esfera de lo familiar y social.
El meollo estriba en cómo pedirle a la gente que haga más por su comunidad o bienestar común cuando deja de sentir retribuciones en lo personal, cuando ya no le compensa más.
Sobre todo cuando cada crisis  va cargándose “ese pacto social”  establecido bajo una delgada línea invisible y así la balanza continúa desequilibrándose más.
A COLACIÓN
Se trata de empatar globalización, democracia, libertad económica, libertad individual, propiedad privada, progreso, desarrollo y reducir los índices de pobreza y que todo ello además permita edificar mejores sociedades. 
¿Alguien tiene la fórmula para perfeccionar el modelo actual?  No estamos hablando de encontrar respuestas supremacistas en el terreno de lo económico-social, sino de permitir que cada día más gente, mayor población, encuentren el beneficio de vivir en libertad, de creer en la propiedad privada y de producir en la globalización.
En España, hay algunos economistas verdaderamente convencidos de las ventajas liberales, uno de ellos es Álvaro Lodares,  autor de varios libros y quien no esconde su pensamiento profundamente liberal sin caer en reflexiones acráticas.
En su más reciente libro titulado “Pobreza y Mercado”, Lodares subraya que es fundamental para los pobres tener un derecho de propiedad sobre el único capital y bien que poseen.
“En general, los pobres lo único que tienen como capital en muchas ocasiones es una pequeña casa. Y en muchos países no tienen esa casa en título de propiedad. No pueden, por tanto, aprovechar el mercado para sacar jugo a la propiedad. “
Lodares refiere que  entonces las compras y ventas se tienen que hacer entre personas conocidas y amigas,  por lo tanto eso restringe el mercado para la compra  y venta de esas propiedades.
En muchos países, ejemplifica en su libro, como España “hay barrios pobres, asentamientos y siempre se discute qué tiene que hacer  el Estado: si tiene que construir viviendas,  no construir viviendas, etc”.
Para este economista, lo primero que se tiene que hacer es otorgar derechos de propiedad ya, y después dejar  que “ellos mismos, una vez sean propietarios, sean  emprendedores y vean cómo ellos mismos muchas veces pueden resolver sus propios problemas”.

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