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Por la Espiral - December 29, 2014

Zambrano, Botín, Álvarez

Aunque existe un determinado grupo de científicos obsesionados con el rejuvenecimiento y más aún, osados en desafiar el posible despertar futuro con proclamas tales como que la ciencia puede vencer  hasta la mismísima muerte.
La criogénesis ha hecho ponderar -sobre todo a los millonarios-, la voluntad  póstuma de que al morir, su cuerpo sea congelado a 196 grados bajo cero con la esperanza, en la billetera,  de que la ciencia tarde o temprano, logrará la fórmula para volverlo a la vida.
Parece de leyenda. Dígame, amigo lector, que usted mismo no ha sido seducido y maravillado por los últimos descubrimientos científicos que no llega un momento en que, súbitamente, puede esperarse cualquier cosa.
Dicen las malas lenguas que Walt Disney, su cuerpo,  está congelado a la espera de la pócima mágica,  lo que no hace más que denostar más bien meter en apuros la disyuntiva entre el cuerpo y el psique,  ¿qué somos sin el alma? Carne simple. Y si en 200 años se logra la técnica para volver a la vida a los 47 cadáveres criogenizados en Arizona, en la Fundación Alcor, la pregunta es si despertarán con su misma alma.
Seguro que sería un tema candente de debate entre Pitágoras, Socrátes y Aristóteles, pero como no estamos ahora para juicios epistemológicos, con dinero constante y sonante, es más que suficiente.
Ashes to ashes, dust to dust. Para mí, como católica, existe la vida eterna, el cielo y el infierno. En este plano existencial hay que  vivir  los amores y los honores; que nada, nada de lo material, de esa acumulación en la que estamos sumergidos, nos lo llevaremos con nosotros.
Este año precisamente tres destacadísimos empresarios  fallecieron:  Lorenzo Zambrano, Emilio Botín e Isidoro Álvarez.
A COLACIÓN
Lorenzo Zambrano, un empresario regiomontano de cuño, con una personalidad adusta, nada timorata, todo lo contrario con un arrojo indiscutible, murió este año de forma repentina en Madrid.
Nos tomó por sorpresa para quienes sabíamos que estaba en tierras ibéricas con un grupo de Cemex, en petit comité para una serie de reuniones de alto nivel con el gobierno, de España para tratar la penalización por un tema de impuestos.
Su repentina muerte nos borró la sonrisa a quienes le conocíamos y admirábamos por su talante y tesón; él comandó la expansión internacional de Cemex en los últimos treinta años, catapultando a la empresa azteca a translatina de primer nivel y también como la pionera en suelo español a fin de que la cementera sirviera de puente con Europa.
Zambrano se fue  y no dejó ningún heredero, y lo hizo además llevándose la preocupación en el cuerpo acerca de la multa millonaria impuesta por el gobierno español.
Cemex, de no ser bien capitaneada, podría en menos de cinco años terminar en manos de una multinacional del cemento estadounidense o europea.
Después en septiembre aconteció el deceso de Emilio Botín, ese hombre cuya figura era infaltable en las grandes conferencias tanto en México, como en España; el empresario que supo darle su hombro al presidente Mariano Rajoy cuando el túnel de la crisis ennegreció.
Botín a diferencia de Zambrano había reunido hace dos años a sus hijos y  reorganizado su testamento junto con la repartición accionaria de los títulos  del BSCH.
El infarto que cegó la vida del magnate oriundo de Santander le tomó con todas las previsiones del caso, dejando a su hija Ana Patricia Botín, como sustituta de él, una vez el propio Consejo de Administración del BSCH, lo validase.
Y se fue el cántabro dejando 845 millones de euros, una fortuna que varios años le llevó a ocupar la lista Forbes y la plana mayor de los empresarios más ricos de España.
Botín, al igual que Zambrano, lucharon por la internacionalización de sus respectivas empresas.
El BSCH, a manos de Ana Botín, tiene entre sus manos grandes desafíos, ella como mujer primeramente ganarse el respeto de los demás accionistas mayoritarios y decidir con prudencia el nuevo plano que tiene que ser absolutamente conservador para la institución.
Cuando todavía no terminábamos de digerir lo de don Emilio aconteció, a los cinco días, la muerte de Isidoro Álvarez, otro de los grandes magnates y empresarios españoles.
Álvarez era dueño de El Corte Inglés, la cadena de mayores ventas de ropa, artículos diversos, libros, discos, dvds, comida etc; un todo en uno. Yo suelo decir que más de la mitad de los españoles están abonados a este mega todoterreno  del retail.
Este asturiano vio ampliarse su poderío en territorio español y desde hace poco más de cuatro años desembarcó su aventura con Viajes El Corte Inglés en la cadena mexicana Liverpool a fin de facilitar los paquetes de viaje  para españoles, mexicanos e hispanomexicanos que constantemente trasiegan de uno y otro lado del Atlántico.
Y se fue dejando en vida una fortuna caudalosa en manos de sus dos hijas y un sobrino directo.
La vida es así con fecha de caducidad; por eso hermano: eat, pray, love, travel. Sé feliz!!!

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