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Por la Espiral - December 26, 2014

Analfabetismo de doble banda

La historia de Marisol, una joven de 22 años que vive en un poblado cercano a San Miguel de Allende, Guanajuato es lamentablemente un común denominador en un México que todos quisiéramos estuviera lleno de oportunidades reales para romper con la pobreza atávica.
Esta muchacha es el rostro de la desigualdad y del abandono de las políticas gubernamentales. También resultado de los escasos accesos para estudiar, muchas veces, proveerles de educación pública radica únicamente en enseñarles a leer y escribir;  a sabiendas de que la propia necesidad los sacará a las calles para trabajar o mendigar o ambas cosas a la vez.
Para ellos, pasar de tercero de primaria es todo un logro, insisto de pequeñines dependen de la voluntad y necesidad de los propios padres y si el acceso a la educación  pública es complicado terminan absolutamente agotados, rendidos por esforzarse.
Marisol me contó que ella debe caminar al menos cinco kilómetros, desde el punto en  la carretera donde la deja el camión, para arribar a su poblado. Según sus palabras:  “No hay escuelas secundarias, ni técnicas, ni centros de salud”. Ello los obliga a trasladarse hacia el otro poblado colindante y más cercano. A no menos de siete kilómetros de distancia de camino solitario y pedrogoso. Todo un lodazal con las lluvias.
En relación al aprendizaje,  allí encuentran una “escuela primaria” con un maestro dedicado a enseñarles a leer y escribir a los niños de la comunidad. Marisol, sabe leer y medio escribir, ella cursó con dificultades la primaria dado que su padre es alcohólico otro motivo más para expulsar a la calle a los hermanos mayores -como ella-, para convertirse en proveedores del núcleo.
De los seis hermanos, tres mayores y tres menores, aparte de ella, el siguiente que es varón logró terminar la primaria; mientras que el último y penúltimo del hogar llegaron hasta el cuarto año.
Pero no, esta travesía,  del aprendizaje no ha sido  nada fácil, levantarse muy temprano, irse sin desayunar, caminar entre los matorrales, con zapatos casi desechos y llegar a escuelas improvisadas, algunas habilitadas con camiones viejos; otras  a cielo abierto o en cajones-jaula. Muchas sin pizarrón, ya ni decir del sanitario.
Es doloroso, crujen hasta los intersticios del alma. Hoy en día saber leer y escribir es imprescindible, la alfabetización sigue rezagada en el México de la m@dernidad.
De acuerdo con datos del INEGI, seis de cada 100 hombres y ocho de cada 100 mujeres de 15 años y más no saben leer ni escribir. Empero las estadísticas oficiales son poco claras en cada grupo etário se señalan miles en el caso de los menores de 15 años de edad  y se habla de millones a partir de esta edad.
Es decir, debería ser al revés para que la política de alfabetización fuera eficaz  al lograr que cada vez se achicara más este fenómeno desde la base hasta la punta, estratificándolo como lo veo, piramidalmente.
Entonces que no nos digan que hay menos niños analfabetas y más jóvenes que no saben leer y escribir. Es contradictorio.
A COLACIÓN
Hete aquí  la realidad lacerante que el avance voraz de las nuevas tecnologías de la información subsume a estas millones de personas con problemas de alfabetización a ser doblemente analfabetos y excluidos. Hay que enseñarles a leer, escribir y utilizar una computadora con Internet.
Marisol sabe leer y escribir, sin embargo, es una analfabeta cibernética y posiblemente lo será el resto de su vida, al igual que sus hermanos.
Recientemente la llamé para saber cómo estaba, me dijo que seguía trabajando en el campo, en la recolección de brócoli en varios ranchos en Querétaro; y cuando terminaba la temporada bajaba hasta San Miguel de Allende para ofrecer sus servicios como empleada doméstica.
De sus seis hermanos, cuatro varones, todos se habían ido -escalonadamente- de “mojados” al otro lado. Y con sus dólares que envian semanalmente es la forma de sobrevivir del núcleo.
Vamos esto es “el pan nuestro de cada día” en México. En el amanecer del siglo XXI, el país sigue atrapado en la desigualdad social. ¿Cuántas hay como Marisol? ¿Cuántas con familias así? Con escuelas lejanas improvisadas, pasar una dificultad tras otra, terminar vencidos por el hambre que si no hay para comer cómo se va a estudiar.
Y luego está lo inexplicable: programa social, tras programa social y flaquea el presupuesto pero no adelgaza la desigualdad ni amaina la pobreza y eso que los esquemas de dar los subsidios a la pobreza se han modificado en los últimos años al pasar de ser subsidios concedidos a la oferta; luego a la demanda y finalmente operan como transferencias monetarias condicionadas.
Ya estoy  pensando que en 2015, cuando habrá que entregar los rimbombantes resultados del milenio, nos dirá la parte oficial que el analfabetismo en el país ha reducido. Claro, es que se han ido de “mojados” para el campo americano.

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