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Por la Espiral - October 2, 2014

De la sustentabilidad y el consumismo

Primero sucedió la inclusión del carbón y el petróleo como insumos energéticos aunado a la introducción de los avances tecnológicos  a favor de la innovación en la producción y  luego desde la década de 1970 la pirámide demográfica ha impulsado una sociedad consumista cuyos efectos llegan hasta nuestros días.
Esa sociedad es de masas: compra tecnología, cada día demanda más novedades que le faciliten la vida, sus hábitos de consumo van decantándose por la comida rápida, precocinada;  por el uso de  ropa sintética y una serie de fibras que son durables pero no siempre amigables con el medio ambiente.
Muchas veces sucede una errónea interpretación del binomio bienestar y poder adquisitivo con consumir y a este espejismo contribuyen precisamente las facilidades para incluir a la población en el acceso al financiamiento y la toma del crédito ofrecido por las instituciones financieras.
Ello ha contribuido a que esta sociedad consumista mida sus éxitos o fracasos en relación con su poder adquisitivo vía el ingreso complementado con el crédito. Tanto vales en la medida que tanto tienes, lo que implica que la gente acuda en masa a ejercer su derecho a consumir, aunque obvie aspectos esenciales como tomar decisiones racionales y olvide su nueva obligación para ayudar a mitigar los efectos derivados del cambio climático.
Lo que está en juego es romper con los hábitos, usos y costumbres ejercidos hasta ahora por una sociedad consumista, dejar de actuar en masa para funcionar como consumidores racionales  y sustentables.
A mi juicio hay que conjugar una amplia ecuación formada por diversas variables para obrar a favor de esa transformación esperada: educación financiera más educación sustentable más elección razonada con el plus de la optimización de los recursos y multiplicada con la reutilización y reciclamiento.
A COLACIÓN
En México es muy loable que tanto la Secretaría de Educación Pública (SEP) como la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF)  asuman su papel en la  difusión de la educación financiera como  instrumento para asesorar a millones de usuarios de los servicios financieros en el país y  a su vez, tratar de incluir a otros millones de usuarios de servicios financieros informales en México que son precisamente los más desprotegidos y   sujetos de mayores  abusos.
Pero hasta la fecha, nada se habla del fomento de una educación sustentable y ésta es la otra piedra angular para la gente, junto con  la educación financiera.
Porque si se explica a las personas de forma didáctica los entresijos del ahorro, la utilización del crédito, los seguros y otros esquemas a fin de facilitar decisiones de consumo, por el otro lado la información debe complementarse con elementos didácticos a favor de estimular una educación sustentable.
La meta es formar seres consumidores racionales y sustentables con decisiones de consumo que tengan el menor impacto ambiental posible y el fomento en su entorno de actitudes para reducir la huella ecológica.
Así como a la gente hay que enseñarle el valor del ahorro o la mejor utilización de una tarjeta de crédito, debe explicarse la relevancia de reciclar y reutilizar, dos actitudes favorables para mitigar el cambio climático.
Aceptémoslo: una inmensa mayoría de personas no tienen  ni la menor idea de cómo separar los residuos generados desde el seno del hogar, a la par que ninguna campaña pública o privada estimula el compromiso ciudadano para hacerlo.
¿Cómo queremos ganarle la batalla al cambio climático sin la educación pertinente para lograrlo? Reciclar, reutilizar, reinventar e incluso remodelar deben ser acciones añadidas como valor cotidiano.
Hay que aprender a elegir. Somos principio y fin, alfa y omega, los impulsores de una transformación necesaria donde producción, hábitos de consumo y respeto al medio ambiente puedan ser amigables.
El cuestionamiento de qué comprar  debe llevar implícita una serie de reflexiones: ¿Es verdaderamente necesario? ¿Pueden adquirirse otros bienes sustitutos o complementarios? ¿Cuál es la vida útil esperada del bien? ¿Es fácil de revender, reutilizar, reciclar, remodelar?
El consumidor detenta un gran poder de decisión, por tanto, debe aprender a valorar  más la calidad y reutilidad,  que la cantidad. Y debe hacerlo pensando en pro de reducir su huella ecológica.

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