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Por la Espiral - September 16, 2014

Dax Kapital: si Marx viviera

Marx que también fue un destacado periodista, sociólogo, ideólogo político, tratadista y escritor motiva al mundo  moderno a meterse de lleno en su obra cumbre “El Capital”, una extensa cirugía realizada en tres tomos del nuevo modelo de producción que a él le tocó atestiguar durante la etapa de la industrialización en Inglaterra y luego en Alemania.
Tiene demasiado mérito que,  “El Capital” escrito en 1867, en  los pasillos del Museo Británico,   sirva en los albores del siglo XXI de  ejemplo primordial para que los estudiantes de Economía aprendan a entender los mecanismos de funcionamiento del capitalismo.
Debería servir para desmitificar ideológicamente a ese gran visionario que fue Marx para ubicarlo como el único capaz de entender que el capitalismo es un sistema de producción  formado por distintas fases alimentado por procesos de acumulación y destrucción del capital de forma consecutiva que hacen precisamente que el propio sistema se perpetúe.
¿La muerte del capitalismo? Tan absurda como para quienes llevan años vaticinando la muerte del dólar, esa divisa universal en la que propios y extraños descargan todo su odio contra el imperialismo de las barras y las estrellas pero que, nos guste o no, son dólares los que más circulan a nivel global, los que expresan la inversión extranjera, los más voluminosos en las reservas internacionales y los que sirven de expresión para el comercio, etc.
¿Qué hay más allá del capitalismo? El capitalismo no es principio,  ni fin, simplemente manifiesta un modo de producción que va atravesando por distintas etapas las cuales son significativamente caracterizadas por diversas  variables; la que ahora nos gobierna tiene un componente decantado en la tecnología, tenemos un capitalismo digitalizado y no tecnócrata sino nanotecnificado.
Va avanzando por etapas: en esa dialéctica explicada por el genio de Marx se presentan espirales que repiten ciclos,  altas y bajas forman el caldo de cultivo del capitalismo así como la plusvalía es lo que permite que una elite se apropie de determinada porción de riqueza, al quitarle al trabajador parte de una ganancia expresada en el valor del trabajo que determina su proceso de producción.
Esa plusvalía es lo que hace precisamente que el capitalismo nunca pueda resolver del todo la urgencia de la inequidad salarial, las desigualdades porque el capitalismo da ventajas a unos y desventajas a otros.
A COLACIÓN
Y ahora que se dice en Europa que sólo Marx entendió por sí solo esos procesos  de acumulación y destrucción del capital se habla de si el molde del capitalismo va a replantearse.
Nuevamente el vaso medio lleno o medio vacío: hay quienes aseguran que el capitalismo neoliberal, rapaz y  enemigo del Estado podría encaminarse ligeramente hacia la izquierda y otros dicen que hacia la derecha (Tomen nota en los procesos electorales que prosigan a esta magna crisis).
Hay quienes hablan de nueva cuenta de un capitalismo socialdemócrata de ubicar en el centro de las controversias -trátese del gobierno del que se trate-, los preceptos del Estado Benefactor.
Algunos agoreros hablan del fin el capitalismo y con ello levantan la sepultura de la economía estadounidense y del dólar.
Empero, más allá, la realidad nos dice que el mundo en su conjunto gira en torno de una economía de mercado que debería de funcionar mejor si dejaran de producirse sendas distorsiones por políticas proteccionistas aplicadas y barreras arancelarias que violan los acuerdos.
Los desposeídos del capitalismo son víctimas permanentes de la crisis, como bien escribió Marx para explicar la dialéctica materialista, actualmente hay mucho enojo porque la maquinaria estatal ha sacado dinero del erario para salvar a los ricos capitalistas dueños de bancos que en las últimas décadas se han dedicado a todo menos al verdadero negocio de la banca. Han sido especuladores no banqueros.
El Estado ha debido salir a rescatarlos para evitar corridas financieras bastante dañinas, empero, hay mucho dolor porque nadie ha salido a rescatar al ciudadano de a pie, al desposeído del capitalismo, que acaba de perder su trabajo, no puede pagar  la hipoteca, ni mantener la familia. Nadie hasta el momento ha manifestado un plan dispuesto para salvarlo.

 

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