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Por la Espiral - June 11, 2014

Peña Nieto: claroscuros en España

La cena de largo ocupó la mayor parte de los reflectores en buena medida por ser el último convite de Estado presidido por el monarca de 76 años de edad quien en definitiva se volcó en conquistar a la pareja mexicana.
Desde el almuerzo en la Zarzuela, el rey Juan Carlos I impuso el Collar de la Orden de Isabel la Católica al presidente Peña Nieto, se trata de la segunda distinción en importancia que concede el gobierno español, mientras que a su esposa  Angélica Rivera, se lo otorgó la Gran Cruz de la misma orden.
Para ser el primer viaje, insisto oficial, del presidente Peña Nieto, me parece que se superaron las expectativas en cuanto a refrendar los lazos simbióticos entre uno y otro país a pesar del Atlántico.
Tanto comercialmente como en materia de inversiones todavía hace falta mucho por reequilibrar la balanza entre uno y otro máxime cuando desde 1990 la presencia ibérica en muchos canales de la economía mexicana es absolutamente visible y en otros dominante como el caso del sistema de pagos azteca controlado por BBVA y BSCH.
Insisto hace falta que México capitalice la mala racha de la economía española para meterse de lleno en la coyuntura y aprovechar que todavía la clase media española tira del carro del consumo, demanda interna y  demanda del crédito.
Las cifras económicas desnudan la situación real del contexto entre México y España:  México es el principal destino del flujo inversor de España en América Latina con 43 mil millones de dólares entre 1999 y 2013.      Mientras  en 2013, los empresarios mexicanos invirtieron en España, la cantidad de 369 millones de dólares.
Definitivamente no hay punto de comparación entre la forma en cómo en México se la han abierto  las puertas al capital ibérico en contrapartida con la forma en cómo los españoles protegen sus intereses y evitan a toda costa la toma de control de las empresas que son  sus “joyas”, inclusive hasta el propio presidente, en este caso, Mariano Rajoy interviene para defender la marca España.
Lo vimos recientemente en el caso de  Pemex y Repsol, en tanto la empresa mexicana ahora en metamorfosis detentó el 9.3% de las acciones de la petrolera española no dejó de haber un tufillo de sospecha que puso en alerta a las autoridades ibéricas de cualquier salto  de los mexicanos por apoderarse de Repsol.
Y vamos hubo protección hasta el cansancio a tal grado que Pemex terminó por marcharse del accionariado conservando únicamente menos de un 2 por ciento.
Preguntado al respecto por la televisión española, el presidente Peña Nieto, negó que la salida de Pemex de Repsol haya sido por una  disputa de control a lo que él adjudicó más bien “como algo gerencial y meramente técnico”.
Pero insisto entre ambos países hay mucha carga emotiva, demasiado amor, guiños a diestra y siniestra; ambos se gustan demasiado –por el parecido del carácter-, empero es una relación absolutamente discordante y poco equitativa.
Mientras México abre las puertas con todo afecto al capital ibérico, recibe miles de españoles que no encuentran trabajo en su propio país y los acoge y emplea; del otro lado de la moneda, no sucede en lo más mínimo para con los mexicanos en España.
A COLACIÓN
No todo fueron miel sobre hojuelas para el presidente Peña Nieto. Ni toda la prensa cayó rendida a sus pies ni todos los eventos carecieron de alguno que otro contratiempo.
A la  nueva embajadora Roberta Lajous deberían de comentarle sus allegados que llevan años viviendo en Madrid, que en la última década, a todo funcionario del PAN y PRI que asiste en la capital española a dar una conferencia o participar en un evento le recibe  un grupo pequeño de zapatistas afincados en Madrid  gustosos de boicotear eventos.
Esta vez le tocó al propio presidente Peña Nieto, justo cuando llevaba algunos minutos hablando en el foro México, reformar para crecer, un grupo de jóvenes interrumpió al mandatario azteca vociferándole ¡asesino!.
Allí estaban aglutinados la plana mayor empresarial y política de España, los hombres del poder y dinero que todos los días deciden si  invertir más o menos en América Latina y sopesan los riesgos de expansión en un país que en la actualidad tiene graves problemas de seguridad y delincuencia.
Curioso: el presidente Peña Nieto, aunque se puso blanco y luego retomó el color no vaciló en recalcar que, en México, la delincuencia e inseguridad han descendido.  Aunque la mayoría ni se lo creyeron.   

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