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Libros - May 26, 2014

Élmer Mendoza regresa con la novela “El misterio de la orquídea calavera”, de la cual compartimos un extracto

Guácala. Son las mejores si no recibes una llamada a las ocho de la noche para decirte que han secuestrado a tu padre, que quieren cuatro millones de dólares y que no se te ocurra avisar a la policía. Ay, güey. Cenábamos tan tranquilamente mi madre y yo que sin disimular sorbía el espagueti, desmenuzaba el pan al lado del plato, golpeaba el vaso de Chocomilk contra la mesa y respondía desde el WhatsApp a mis amigos, pinches locos.

Valeria, mi hermana mayor, se había ido con su novio y Fritzia, la de dieciséis se había largado al rancho esta mañana; claro, aunque le gusta cabalgar y tiene su caballo, es para librarse de mamá; poco le importan los mosquitos o estar sola con el personal pues papá anda comprando toros brasileños por San Luis Potosí. Está bien, así descanso de ellas, son las güeyes más enfadosas del mundo.

¿Capi, qué te pasa, no puedes cenar cómo la gente decente? Grita mamá francamente alterada, y eso que apenas es el segundo día en casa. ¿Cómo cena la gente decente, ma? Callados y en paz, no dejan su cochinero ni hacen tanto barullo. Qué aburridos.

Y deja ese celular en paz; si estuviera Valeria aquí no te pasarías de listo. Pero mi hermana mayor disfruta con su novio en Mazatlán y de allí partirán a Los Cabos, me lo dijo antes de largarse para dejar en claro su supremacía. Mi madre empieza a llorar de impotencia.

Ya verás cuando regrese tu padre, él sabrá meterte en cintura con unos buenos cintarazos.

Por favor, mamá, no exageres. Un día voy a largarme adonde nadie me conozca.

Entonces suena el teléfono. No me muevo, es mamá quien descuelga el inalámbrico. Su llanto siempre nos hace reír, la verdad es que tiene su gracia, es muy frecuente y como que la embellece. Papá me confió una vez que fue uno de los detalles que lo habían conquistado. La veo escuchar.

—¿Qué?

Llevarse la mano a la boca.

—¡Dios mío!

Y desplomarse desmayada.

—¿Qué onda, ma?

Me levanto con cierta calma porque se desmaya a menudo.

Voy hasta ella, tomo el teléfono:

—¿Quién habla?

—Tenemos a Camilo Garay, queremos cuatro millones de dólares, mañana te daré instrucciones para que nos entregues el dinero, si llamas a la policía el tipo es fiambre.

Clic.

Siento horrible, ¿fiambre? Quedo petrificado, ¿es una broma?, ¿un secuestro real o un secuestro virtual? Tengo un vacío en el estómago y comezón en la espalda. Mi papá es un buen hombre que trabaja todo el día, poco a poco ha hecho crecer el rancho ganadero que le heredó mi abuelo Ramón y vivimos bien, aunque no creo que tengamos tanto dinero. ¿Fue en San Luis? Es un gordito simpático, a pesar de sus cuarenta y siete cumplidos sus consejos funcionan y podemos confiar en él.

Noto mi boca hinchada, hasta mi hermana mayor le confiesa sus deslices con los idiotas que la llaman a cualquier hora. Se me humedecen los ojos. Apenas lo puedo creer, y piden cuatro millones de dólares, ¿serán gringos los secuestradores?

La comezón en la espalda es leve pero molesta…”

“El misterio de la orquídea Calavera” de Élmer Mendoza, (Tusquets Editores México, 2014), reproducido con autorización de Editorial Planeta Mexicana.

ÉLMER, EL BREVE

Élmer Mendoza (1949) vive en Culiacán y a mucha honra. “No he vivido mucho en lo que son los centros de flujo cultural. Mi ciudad es distinta, es pequeña.

Estoy consiguiendo ubicar la forma de hablar de mi región (Sinaloa, Norte de México) como algo respetable”, señala.

De hecho hay una corriente de lexicólogos interesados en su obra, tan distinta a la del resto. El autor acaba de publicar Trancapalanca (Tusquets), un libro de cuentos que comenzó a escribir hace más de 20 años y que siguen en esa misma línea: “Ese estar en la esquina moldeó mi lenguaje”.

Algunas historias tienen tintes autobiográficos. Mendoza se enteró de la muerte de Julio Cortázar en mitad de una corrida de toros en La Monumental Plaza México. A las cinco de la tarde, tremenda hora. Un espectador abrió un periódico y allí estaba la terrible noticia.

Se puso a llorar como un niño. Los vecinos de asiento se indignaron porque la faena estaba siendo bastante mediocre y pensaban que tampoco era para ponerse así. En la fiesta uno solo llora de emoción. El escritor vivió el duelo en silencio.

La escritura de Mendoza sigue teniendo mucho que ver con la forma de hablar de los chicos de la esquina. Considera que una cosa que distingue a esos jóvenes mexicanos es la fascinación por crear expresiones. Lo llama deslices del lenguaje…

DE LIBROS, TABLOIDES Y PREMIOS

Élmer Mendóza ha publicado 14 novelas entre las que se pueden mencionar:

– “Quiero contar las huellas de una tarde en la arena, cuentos, Cuchillo de Palo”, 1984.

– “Cuentos para militantes conversos”, 1987.

- “Trancapalanca, cuentos”, 1989.

Para teatro ha escrito:

– “Enciende mi fuego”.

– “Fuera seconds”.

– “El flautista de Hamelín”.

Ha recibido diversos premios como:

– Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares 2002 por “El amante de Janis Joplin”.

-Premio Tusquets de Novela 2007 por “Balas de plata”.

FRASE

“Este es un libro lleno de magia, en el que la mayoría de los personajes son jóvenes y reales”.

Élmer Mendoza, escritor.

Fuente: (informador.com.mx)

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