Home Música Memorias de un huapanguero: don Reynaldo Mota Molina, investigador, periodista y promotor cultural de la Sierra Gorda de Querétaro (4)
Música - April 1, 2014

Memorias de un huapanguero: don Reynaldo Mota Molina, investigador, periodista y promotor cultural de la Sierra Gorda de Querétaro (4)

Por Gregorio Martínez Moctezuma

¿Cuál es su opinión respecto de la “Antología del son de México”, que hicieron en Corasón? Por cierto, ellos también deben tener guardadas cosas muy interesantes. Creo que ahí hay, no sabría decirle la cantidad exacta, algunos huapangos que son muy poco escuchados ahora y que son muy buenos, no sólo huastecos, sino también de otras regiones del país.

Sí, sí, definitivamente estamos de acuerdo, así es, en esta antología hay, por ejemplo, una versión de… no, no son Los Cantores [del Pánuco], pero canta “La Güera” Maza, que es de las primeras cantoras de huapango, al menos de las sobresalientes; y sí, efectivamente, hay otros huapangos que ellos tendrán, realmente si se propusieran hacer una gran recopilación de huapangos distintos, claro, material hay mucho, muchísimo…

Es lamentable, como lo decía usted respecto de Los Camperos, pero casi todos los tríos jóvenes o que están empezando a producir discos o aunque tengan más años, también casi todos se van sobre los mismos veinte huapangos que dan la vuelta, pero no se atreven tanto, por ejemplo, con “El llorar”, “La pasión” u otros sones, a los que les decían ejecutivos, ¿no?

Sí, efectivamente, aquí, por ejemplo, tomando esto en consideración, incluí, justamente, me parece que dos peteneras, una con la letra que yo considero que es la original, que ya no se usa, que ya no se toca; no, perdóname, es “La huasanga”, con los versos que yo considero o al menos son los que yo conocí, por eso digo que a lo mejor fueron los originales y pues con esa intención la hice.

Ya hablamos de don David y de su obra, pero a mí me parece que mucho de lo que usted me dijo respecto de don David también se aplica a usted, ¿qué piensa, a pesar de que puede ser un tanto inmodesto que hable de usted, de esa labor cultural que ha llevado a cabo en Jalpan?

Sí, así es, pues es una gran satisfacción, por ejemplo, lo es también el hecho de que cuando llegué por aquí y empecé con esto, fue porque veía yo que los huapangueros… en primer lugar, el único trío reconocido como tal era el de don Fortunato, que en paz descanse; había otros huapangueros que pues lo siguen haciendo, tocan con uno, con otro, con otro y en fin, pero no había tríos consolidados, estaban también Los Canarios, pero ya casi no tocaban, y estaban Los Cantores de Jalpan, eran los más conocidos, pero definitivamente de los reconocidos pues el de don Fortunato [y sus Cometas]. Entonces, resulta que, prácticamente, si quería uno encontrar un huapanguero u oír un huapango, pues tenía que acudir a una cantina que se llamaba “La covacha” y era el único lugar en el que los escuchaba por unos cuantos pesos, pues los músicos estaban ahí tocando, así empezó todo esto y actualmente sí es una satisfacción muy íntima ver que el huapanguero tiene un estatus, ya es respetado, es reconocido; por ejemplo, casi no hay un acto oficial y fiestas particulares en los que no haya huapangueros, en los que, por lo menos, hay un trío, aunque sea unas horas, pero está. Y, bueno, de que se ha difundido, sí, ciertamente, pues en aquella época lo iniciamos; el huapango estaba prácticamente decaído, cuando iniciamos los festivales del huapango era verdaderamente jubiloso ver cómo los señores muy adultos, las señoras muy adultas, así como niños que tenían… ¿qué te puedo decir?: tres, cuatro, cinco, siete años, de ahí para arriba, pues se metían a bailar huapango. También había gente que venía del norte, estaban de moda unos tenis que se usaban muy altos, como hasta media pierna, y pues ahí andaban los muchachos bailando, decía yo entonces: “Es que, finalmente, hay que rascarle un poquito a la esencia de la gente y la gente responde”, y creo que sí, así fue. Después, también muchos más empezaron a tomar sus propias iniciativas para desarrollarlo, afortunadamente esto fue creciendo. Juni en el 2000 y pico, me parece que en el 2002, recibió una aportación del Instituto, que entonces era el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, recibió una partida y aquí te hago un paréntesis porque gracias a que yo había escrito precisamente en el periódico que los huapangueros que acabo de mencionar eran los últimos que quedaban porque no había huapangueros de relevo, no había quién viniera detrás de ellos y pues el huapango de Querétaro se puede decir que estaba prácticamente en sus últimas, esto y otra circunstancia que se dio, de un encuentro de huapangueritos, que hacía que otros estados se promovieran y no sé en dónde tuvo lugar, no fue aquí en la sierra, no sé si fue en San Luis o en cualquier otro lugar, no lo recuerdo en este momento, resulta que Junípero estaba allí y pues, bueno, un estado y otro presentaban sus grupos de niños huapangueros y Querétaro no tenía… Entonces en esa publicación hacía yo notar esta circunstancia de que no había huapangueros de relevo, lo leyó, me parece que el que fue director de Cultura, Manuel Naredo, quien leyó el artículo y fue con Luis Castrejón, que era subdirector artístico, y le dijo: “Oye, mira esto…”, y bueno, lo comentaron y me parece que a partir de ahí, desde el año 2002, se asignó una pequeña partida para iniciar talleres de huapango… Así se iniciaron y afortunadamente pegaron muy bien, Agua Zarca fue un lugar destacado en donde prendieron estos talleres de huapango y empezaron a proliferar los niños huapangueros; desde luego, gracias a los maestros porque… pues la partida se acabó, pero los maestros siguieron y entiendo que algunos de ellos hasta la fecha siguen, como Perfecto López, como Hernán, como Abraham, como varios que siguen dando sus clases de huapango, yo no sé si les paguen o no, pero siguen dando sus talleres de huapango y afortunadamente por eso se ven ahora niños y jóvenes huapangueros en diversas partes de la entidad queretana.

¿Me podría compartir algo, si le parece, que yo sé que fue muy importante para usted: el festejo familiar, íntimo, que le hicieron por sus 75 años?

Pues bendito sea Dios, para mí fue una sorpresa porque realmente quien hizo cabeza de la organización fue mi hija Liliana, entonces ella convocó a toda la familia. Mi familia materna es queretana, pero mi familia, ya cuando se desarrolló y nos fuimos a [la ciudad de] México, pues gran parte de la familia está en México, y para mí fue una sorpresa, pues siempre se me ocultó hasta el último momento. Todavía ese día estaba trabajando con Francisco Barrera y entonces le había hecho algún encargo y tenía que ir allí, al Club de Leones, que fue donde se hizo el festejo, pues así, de tal modo que yo no me enterara de que era una fiesta sorpresa y cuando entré finalmente y veo, caracoles, a la mayoría de mi familia, y de mi familia muy querida, cercana, y amigos y amistades. Estaba, por ejemplo, Soraima con sus huastecos, y bueno, era algo que yo no me imaginaba ni me esperaba, entonces fue una emoción extraordinariamente grande y ver la participación de todos; pusieron una manta en la que todos, conforme iban llegando, plasmaban sus manos, las llenaban de pintura de diferentes colores, manta que desde luego conservo con muchísimo cariño, y pues están ahí las manos de todos los que fueron, por lo menos de la mayoría, entonces fue una experiencia extraordinariamente grande, muy profunda y, guau, ahorita que lo estoy recordando lo estoy viviendo nuevamente…

Me gustaría que me comentara un poco de su acervo, su fonoteca, biblioteca, fototeca, ¿cómo fue consolidando su archivo personal, que sin duda es una buena muestra de patrimonio cultural de la humanidad?

Bueno, en lo que se refiere a la música, pues desde que tengo uso de memoria, mi mamá me decía que tenía yo más o menos dos años de edad cuando… es que es lo primero que registro en la memoria es una canción que seguramente estaba muy de moda entonces, era “El amor de mi bohío”, lo que me llamaba la atención es una frase que decía: “Tengo una manita blanca que me dice adiós…”, se me quedó. Bueno, la música la he traído conmigo desde… yo creo que desde que nací. Recuerdo esto porque si ya me llamaba la atención era porque seguramente ponía atención, otra vez valga la redundancia, a la música o a las canciones; con los años y con el gusto por la música empecé a comprar mis primeros discos, estaba yo en quinto o sexto de primaria, guardaba mis domingos para poder comprar mis discos de pasta, que eran los que había entonces, aquellos discos de 78 revoluciones por minuto, me costaban yo creo que tres pesos con 50 centavos o por allí, pero para juntar una cantidad así, pucha, pues eran muchos domingos hasta que podía hacerlo. Tengo y conservo todavía el primer disco que compré, es un disco de la orquesta de Pepe Luis, me gustaba mucho la interpretación, incluso lo tengo todavía, y de esa canción que te decía antes, que fue “El amor de mi bohío”, lo que pasa es que después, con el pasar de los años, de los muchos años, supe que era Pedro Vargas quien la cantaba y la grabó precisamente en 1937; es decir, cuando efectivamente tenía yo dos años, pues nací en el 35, y seguramente se oía mucho la canción, porque pues la escuchaba y se me quedó. Afortunadamente, con los años también la pude conseguir, y tengo la grabación original de Pedro Vargas en el disco de pasta de 78 revoluciones por minuto. Esto ya da una idea de lo que significa la fonoteca, tengo discos de pasta, tengo cilindros del siglo antepasado, de los cilindros Edison, discos de pasta tengo muchos, los conservo y, conforme fue viniendo el desarrollo de la tecnología, discos de acetato, de vinil –que duraron mucho tiempo–, tan diferentes, de las más variadas calidades, los LP y los digitales, hasta la fecha he venido juntando discos, no con la misma intensidad que lo hacía, pero no dejo de hacerlo como quiera que sea. En lo que se refiere a la cuestión de las fotografías, tengo muchas, de la familia, por ejemplo, precisamente con ese motivo de los 75 años, cuando cumplí los 78, pensé hacer… hay una circunstancia, cuando cumplí los setenta y… no es cierto, cuando cumplí los 72 años, me parece, a mi hija Liliana le encargaron un trabajo en la escuela, en la universidad, entonces se trataba de hacer un testimonio, un testimonial de la historia de México y dijo: “Mi papá, ¿qué mejor testimonio puedo tener?”, hicimos una especie de… bueno, hizo más bien una especie de documental y hago referencia ahí de la historia, sobre todo de la historia universal porque hablo, si mal no recuerdo, incluso de la Segunda Guerra mundial, de la participación de México, etcétera, bueno, finalmente fue un trabajo para su escuela. Cuando cumplí los 75, no me acuerdo si 78, entonces dije: “Voy a hacer una especie de biografía”, nada más por hacerla, pero esto era durante el sexenio de Calderón, donde se acumulaban los números de muertos y más muertos, entonces pensé: “¿Qué puedo decir de México, hablar de esta experiencia?”, pues es lo más amargo del alma, no puedo, entonces se me ocurrió hacer una especie de biografía gráfica, una colección de fotografías, claro, biográfica, o sea, giran alrededor de tu servidor. Igual, prácticamente desde que tengo uso de razón, afortunadamente, pues por lo visto a mi papá le gustaba también la fotografía, algunas de sus fotos están allí y de todas las actividades, por lo menos de la mayoría tal vez, que he desarrollado o que desarrollé hasta entonces, y ahí las tengo y están, esto ya fue más que todo con la finalidad de poderles dejar un testimonio, particularmente a mis hijas, ahí están, pero también implican un buen bonche de fotografías, claro que sí, y esto sin contar las que están en la computadora…

Maestro, y aparte de esto rubros, discos y fotos, ¿qué más me puede decir de su archivo, como libros o algo que sea de su interés particular, como postales u otra cosa?

Por supuesto, los libros, tengo una biblioteca, no sé, nunca se me ha ocurrido contar cuántos libros tengo, pero sí es un poco amplia, y una gran parte de esto lo ocupa precisamente la historia de México, desde la prehispánica hasta nuestros días. Precisamente ahorita estoy aquí en este estudio, en su casa [gracias], pues tengo una colección, por ejemplo, de los museos del mundo, de la historia universal, de mujeres inmortales, de arte y de historia universal también hay un montón; de la Primera y Segunda Guerra, de lo que fue la o que algunos llamaban la Tercera Guerra, o sea, la Guerra Fría; de libros de México, pucha, un montonal también; algunas enciclopedias, de música, de literatura, de pintura, uta, es un montón; de autores clásicos y de México y extranjeros; es bastante amplia. Sí, desde luego, ocupa un lugar muy importante y lo ha ocupado también en mi vida, por supuesto.

¿Cómo formó su acervo? Es decir, por ejemplo, se daba sus vueltas a La Lagunilla o a las librerías de viejo, no lo sé, cuénteme un poquito de lo que es la búsqueda del investigador, porque usted ha sido no solamente promotor cultural, sino también ha hecho una importante labor de investigación, ¿cómo es el proceso de exploración de un investigador para allegarse materiales?

Sí, en lo que se refiere a la música, sí, definitivamente muchas veces fui a La Lagunilla a conseguir los discos, allí conseguía, por ejemplo, las agujas para poder reproducir los discos de pasta de los fonógrafos, de uno de los fonógrafos, eran unas pastillas como agujas y solamente ahí se podían conseguir. Todavía conservo una buena cantidad de estas agujas, se usan ya poquísimo, es rara la vez que pongo a tocar un disco, pero tengo de estas agujas, y las conseguía en La Lagunilla. Los libros no en esa forma, la gran mayoría son de librerías porque los temas me interesan y los busco así en las librerías de México, así he conseguido la mayor parte de los libros, los que tengo, claro, sobre todo, insisto, desde luego, los temas sociales, los de desarrollo mental, de medicina, novela, no tanta, sí me gusta la novela, pero no es mi preferencia, quizá tenga algunas, ocupan un lugar más o menos importante, pero no tanto, lo que busco básicamente es la historia de México, la historia universal, el arte, las enciclopedias…

Perdón, por ejemplo, cuando hacía el festival, ¿qué le quedó de aquellos festivales en un sentido documental?

Sobre todo lo que tengo es testimonio gráfico, de audio no porque era muy difícil todavía poder hacer algunas grabaciones, lo que predominaba entonces era el casete, pues las grabadoras eran casi domesticas más bien; sí tengo por aquí algo de algunos festivales, tengo incluso grabados algunos videos, por lo menos de dos de ellos, si no de todos, por lo menos sí de algunos; en audio sí tengo grabados varios de los festivales de huapango, incluso de los programas de radio, con los que inicié, que se llamaban “A rescatar nuestras raíces”. Sí, todo este material lo tengo, desde luego, tanto en audio como en video, algunas muestras de ello.

Continuará…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Fotos: Don Reynaldo con don Fortunato Ramírez.
El promotor cultural con don Rafael Piñeiro y don Zósimo Núñez, integrantes del trío Ozuluama.
Cortesía Reynaldo Mota Molina.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *