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Inolvidables - April 1, 2014

21 escritores hacen un retrato de Octavio Paz a partir de anécdotas con las que recordaron su relación con el Premio Nobel de Literatura 1990

 

Voces provenientes de diversos países y distantes tradiciones intelectuales que, en algún momento tuvieron un trato profesional o personal con el poeta, lo dibujaron de cuerpo completo, a través de breves anécdotas que vivieron con el Premio Nobel de Literatura 1990.

Marie Jo Paz pidió que antes de comenzar con el Retrato coral se leyera el poema Niña, que Octavio Paz escribió para su hija Helena Paz Garro, recientemente fallecida.

La velada inició con Elena Poniatowska y concluyó con un emotivo recuerdo del historiador Enrique Krauze, quien trabajó durante más de dos décadas con Octavio Paz en la revista “Vuelta”. Además, Charles Simic, Aurelio Asiain, Fabienne Bradu, Adolfo Castañón, José de la Colina, Jorge Edwards, Enrique Fierro, Teodoro González de León, Juan Goytisolo, Hugo Hiriart, Celso Lafer, Norman Manea, Alberto Ruy Sánchez, Lasse Söderberg, Anthony Stanton, Danubio Torres Fierro, Hugo J. Verani, Ida Vitale y Eliot Weinberger también contaron un momento compartido.

Elena Poniatowska, quien fuera amiga de Octavio Paz desde 1953, recordó al poeta como un hombre que tenía muy claro el papel de los intelectuales en la sociedad y aseguraba que el escritor no tiene la obligación de mejorar directamente la situación del país, sino de decir la verdad, por lo menos su verdad, aunque resulte escandalosa o desagradable.

El poeta, traductor, ensayista y filósofo Charles Simic y Eliot Weinberger, el principal traductor de Octavio Paz al inglés, lo dibujaron como un hombre de una memoria prodigiosa, que era capaz de retomar una plática luego de varios años.

Eliot Weinberger por ejemplo, habló acerca de una de las aficiones poco conocidas del poeta: la serie televisiva Star Trek (Viaje a las estrellas), de cuyo personaje Data era fanático, el robot humanoide que lo sabía todo. “No es sorprendente, Octavio mejor dotado de emociones humanas, también lo sabía todo. Tenía memoria fotográfica, contaba a detalle la trama de las novelas leídas décadas atrás. Una vez me contó de una fiesta en París en 1937 a la que acudió César Vallejo. Recordaba quién había estado, cómo era cada uno, qué vestían o de qué habían hablado”.

Alberto Ruy Sánchez evocó a un Paz más íntimo, amoroso y juguetón. Contó que con motivo del nacimiento de su hija Andrea, Octavio y Marie Jo fueron muy cariñosos y cercanos a él y su esposa Margarita. “Hay que alegrarse doblemente, me dijo, porque esta niña, con su estrella, nació el mismo día, a la misma hora que Marie Jo, son hermanas siderales, somos ya una especie de padrinos suyos”.

Ruy Sánchez relató que Paz y su esposa fueron especialmente generosos con sus regalos y con el jugueteo con los niños. “Hoy que con Marie Jo festejamos a un Octavio Paz centenario, recordemos también al niño que había en él. ¿Será un niño de 100 años? Y esa consigna poética que escribió en un ensayo sobre su amigo de la juventud, Antonio Peláez decía al terminar: cada día reconquistemos la mirada salvaje del niño”.

El escritor, periodista y diplomático Jorge Edwards dijo que Octavio fue para él, antes que nada, la imaginación crítica, la palabra libertad, la poesía como visión, como revisión, como descubrimiento. “Fue una conciencia en movimiento, abierta o curiosa de todo, que se expresaba en el instante, en el pasado, en la circunstancia. Una conciencia en el tiempo, no un tiempo abstracto, el tiempo de la historia, la memoria, la identidad, porque fue un explorador de la identidad suya y nuestra, la de México, la de América Latina, la del otro y el nosotros”.

Mientras que el dramaturgo y director de escena Hugo Hiriart lo recordó como un amigo generoso que siempre quiso ayudarlo; el arquitecto Teodoro González de León reveló, entre otras cosas, cómo pasaron seis días de celebraciones tras la obtención del Premio Nobel de Literatura de 1990. “Al despedirse de todos sus amigos con un discurso improvisado, nos dio una lección de cómo enfrentarnos a nuestra desaparición en la nada: festejando el sol”.

Finalmente, el historiador Enrique Krauze hizo un rápido recuento de toda la herencia que dejó el poeta, una obra magnífica del hombre en su siglo. “Su legado moral es muy claro: mantener viva la pasión crítica. Si viviera, estoy seguro, Octavio Paz seguiría en su puesto de batalla contra todos los enemigos de la libertad: los poderes oscuros que asesinan periodistas en la dolida provincia mexicana; los poderes políticos que encuentran nuevas formas de corromper y corromperse; los poderes económicos que sólo ven por su interés inmediato y egoísta; los poderes mediáticos que olvidan su misión social; los poderes demagógicos que desvirtúan la democracia; los poderes ideológicos que han establecido una nueva Inquisición frente a las voces diferentes; los poderes revolucionarios que asesinan estudiantes”.

Fuente: (CONACULTA)

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