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Inolvidables - March 31, 2014

Google rinde homenaje al escritor mexicano Octavio Paz con motivo del centenario de su natalicio

En una noche estrellada como fondo, una silueta humana delinea el nombre de Google con un laberinto, a 100 años del nacimiento de Octavio Paz.

El buscador de Internet rinde homenaje al escritor mexicano nacido en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914 y fallecido el 19 de abril de 1998.

Ensayista y poeta mexicano. Es uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Escritor fecundo. Su obra abarca varios géneros, entre los que sobresalen textos poéticos, el ensayo y traducciones. Colaboró activa y constantemente en el impulso de la cultura a través de la fundación y participación en innumerables revistas, como “Taller”, “Plural” y “Vuelta”.

No cabe duda que, a través de los años, Paz fue una personalidad polémica. Desde muy temprano dejó las formas poéticas tradicionales para lanzarse a la modernidad. Su obra poética pretende “liberar a la palabra de reglas o propósitos utilitarios” para devolverle su esencia mágica, haciendo uso casi exclusivo del pensamiento y de una rima interna y sutil, algunas veces difícil de captar.

En cuanto a sus ensayos, nos encontramos ante una variedad impresionante de temas, sobresaliendo los de asunto antropológico, en particular en lo referente al mexicano, como lo atestigua su obra clásica “El laberinto de la soledad”. Pero también abundan, especialmente en su poesía, los temas del amor, del erotismo, de la poesía, de lo religioso y de la metafísica del ser.

Paz es el único mexicano que ha recibido el Premio Nobel de Literatura, es considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos.

De acuerdo con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), la obra literaria del poeta, escritor, ensayista, diplomático y editor de revistas literarias, realizada durante 60 años, incluye más de 20 poemarios, 30 libros de ensayo, cinco traducciones y sus obras completas.

Paz fue reconocido con el Premio Cervantes y fue integrante de la Academia Mexicana de la Lengua.

En 1957 ganó el Premio Xavier Villaurrutia por su obra el “El arco y la lira” y en 1990 fue condecorado con el Premio Nobel de Literatura.

En 1949 publicó su primer libro fundamental de poesía “Libertad bajo palabra” y un año después el célebre ensayo “El laberinto de la soledad”.

Ganador del Premio Cervantes en 1981 y del Premio Nobel en 1990, su falta dejó huérfana una generación de escritores y autores no solo en México, sino también en todo el mundo.

La Poesía

Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.

El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente

Verdad abrasadora,
¿a qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas. contra invisibles huestes.

Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.

Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.

Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente,
abres mis ojos.

Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.

Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.

Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.

Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.

Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.

La Rama

Canta en la punta del pino
un pájaro detenido,
trémulo, sobre su trino.

Se yergue, flecha, en la rama,
se desvanece entre alas
y en música se derrama.

El pájaro es una astilla
que canta y se quema viva
en una nota amarilla.

Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama,
sobre la rama quebrada

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