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Música - March 29, 2014

Memorias de un huapanguero: don Reynaldo Mota Molina, investigador, periodista y promotor cultural de la Sierra Gorda de Querétaro (3)

 

Sí, cómo no, pues creo que es eso particularmente, su fortaleza de carácter, considero que esto fue lo que prevaleció todo el tiempo porque lo mostraba, nos mostraba por todos lados una vitalidad muy grande, enorme, y una fuerza de carácter. Por ejemplo, ya prácticamente no estando en la actividad de la organización de los encuentros de huapango, pero todavía trató de establecer otro, pues citó en varias ocasiones, no sé si en dos o tres, convocó a varios de nosotros, a algunos de sus amigos, a hacer una… pues otro encuentro, una especie de encuentro, allí se trataba de versadores, de decimistas, de trovadores y, desde luego, de músicos, me parece que en Tantoco, no recuerdo exactamente el lugar, era uno en el que me parece que la familia o él tenían un rancho y trató de establecer también allí una forma de encuentro; o sea, la inquietud de preservar el huapango fue algo que tuvo latente durante toda su vida, eso sí, definitivamente.

Después de todo esto que hemos platicado podemos decir que lo logró, ¿no?

Sí, definitivamente, y afortunadamente estaba consciente de esto, tenía ciertas inconformidades, ya que él dejó de organizar, por lo menos de encabezar la organización, porque tal vez por las mismas características de su carácter, valga la redundancia, algunas cosas no las compartía, pero creo que finalmente las asumió y, sobre todo, pues dándose cuenta de que lo que él había sembrado no sólo seguía viviendo, sino que seguía creciendo, seguía desarrollándose, tanto así que él mismo recibió la presea “Sol Poniente” en el año anterior, si mal no recuerdo, y bueno, es prueba de ello, siento yo, porque, por ejemplo, una de las cosas en las que él, al menos en un principio, estaba verdaderamente molesto, es de que esta presea, que él estableció, era una figura pues hecha de bronce, muy bien hecha, y las que se otorgan actualmente… Claro, también hay que entender que la situación económica pues…

Tiene mucho que ver…

Es totalmente distinta, pero, vamos, no tienen las características de aquellas primeras…

¿Cómo son las actuales, por ejemplo la de usted, es de plástico, de yeso o de qué es?

Pues no sé, la verdad…

Pero ya no son de bronce…

No, no son de bronce, pues no sé si será cerámica o qué sea, están recubiertas, pintadas de color dorado, pero no, no son de bronce…

¿Es similar a la que recibió don Fortunato [Ramírez Camacho, Q.E.P.D.], a quien usted acompañó hace unos años en Amatlán cuando fue a recibir la presea? Allá tuve la suerte de coincidir con ustedes.

Sí, cómo no…

Y la tuvo usted en sus manos, ¿son similares?

Son similares, prácticamente iguales, la que sí es distinta, por ejemplo, es la que recibió don Lupe Reyes, quien también recibió el “Sol Poniente” y su estatuilla es de bronce…

Todavía alcanzó de metal.

Definitivamente.

Bueno, digamos que lo simbólico permanece, ¿no?

Sí, eso definitivamente…

Hace un rato me comentaba respecto de lo del concurso de San Joaquín, de las bondades y un poco de las no bondades, como esto de que finalmente pues se pervierte la esencia del huapango, por ese sentido de competición y no de diversión.

Así es…

¿No será que ése es el destino de la tradición y de las costumbres? Es decir, se van transformando, pero es un asunto complejo, por ejemplo, me decía usted lo de los estilos de baile, que casi todos ya están estereotipados, ¿y qué me puede decir de la música, de los tríos? Me gustaría conocer su opinión de esta transformación o de estos cambios que evidentemente son inevitables, que ahí están, ¿cómo los ve usted?

En lo que se refiere al baile y la indumentaria, pues sí tiende a imponerse, incluso en las comunidades me ha tocado ver, por ejemplo, aquí en la sierra, que en una fiesta cualquiera, la gente empieza a bailar huapango, pero si hay algunos muchachos que han participado ya en…

En grupos académicos…

Sí, en algunos concursos, pues se nota precisamente la gran diferencia de lo que es lo genuino, lo natural y lo que es lo académico; lo académico, bueno, pues trata de lucir, desde luego, y esto provoca a veces que la misma gente que baila en la forma natural se orille, se ha notado porque ya no se sienten tan bien viendo cómo se expresan los bailadores de lo académico. Esto me ha tocado verlo; si los inhibe en una fiesta particular, normal, ordinaria, común y corriente, ya en un foro, pues normalmente los que se suben son los que bailan académico, pocas son las personas o las parejas que se animan a bailar en la forma natural si ven que en el foro prevalecen los bailadores de lo académico, esto es así, esto sucede. En lo que se refiere a la interpretación, también tengo una opinión, y bueno, siempre lo he dicho a los huapangueros, siento que hay un decaimiento en la actualidad, precisamente porque se trata, si no de estereotipar los modos, que cada quien tiene el propio, pero sí generalmente la repetición de los huapangos, todo mundo toca “El querreque”, “Las tres huastecas”, “El caballito”, “El aguanieve”… Creo que no pasan de 20 huapangos que le están dando vuelta y vuelta y vuelta, así se trate de un trío, de otro trío o de otro, y peor todavía, que en un festival los diferentes tríos se suban y toquen los mismos huapangos como sucede muchas veces…

Sí, es cierto, en Amatlán acontece esto, también en San Joaquín…

Y en todas partes… Ya es algo prácticamente general; por ejemplo, recuerdo que en los primeros años que empecé a ir a San Joaquín, que ya tenía algunos años de realizarse el concurso, se sorteaban los huapangos, había una anforita en la que, no sé si lo hagan todavía eh, pero hablo de lo que veía entonces, había una anforita y de ésta sacaban, ya tenían los nombres obviamente seleccionados, y aunque había ciertas repeticiones, no eran tan frecuentes, a lo mejor le tocaba tocar “El framboyán” a Armonía Huasteca, y cuando les tocaba a Los Camperos [de Valles] pues también lo tocaban, pero finalmente no era tan frecuente, no sé si actualmente se siga haciendo, pero eso es un problema. En Amatlán en esta ocasión lo que hicieron, me parece que es la primera vez que se hace, es que los bailadores bailen acompañados con trío en vivo, no con grabaciones, y ésta es una modalidad que pienso que es muy buena, que estará fructificando poco a poco con el tiempo, que se irá consolidando, y eso es bueno porque aunque en Amatlán no hay concurso, finalmente los bailadores deben de saber bailar el huapango lo mejor que puedan. Claro que en Amatlán, como decía, se da la situación de que bailan tanto académicos como los que quieran bailar, aunque en la actualidad se va imponiendo, poco a poco va ganando terreno, la forma de baile académico, ya no tanto el natural o el genuino, pero sucede todavía. Repito, en lo que se refiere por lo menos aquí en la región huasteca, pero es en todas partes, los huapangueros tocan siempre los mismos huapangos. No hace mucho, a través del Museo Histórico de la Sierra Gorda, le entregué a Junípero [Cabrera Berrones] 100 huapangos que tengo aquí en mi fonoteca, hice una selección de los que son los menos…

Tocados…

Frecuentes o los que están definitivamente olvidados, los que podríamos decir que son más o menos intermedios, pero que no se tocan ya por lo general; además, incluso huapangos de más o menos reciente creación o de aquí, de la propia región. Aquí sucede una cosa muy curiosa, que algunos tríos componen huapangos, por ejemplo, Perfecto López o Proceso Sánchez, entre algunos otros, y nadie más los toca, sólo ellos y eso los tocan ocasionalmente; sin embargo, son huapangos de mucha calidad, como “El corazón de la sierra”, o como “Neblina”, de Perfecto, en fin, entonces fue una colección de 100 huapangos precisamente con la intención de hacerlos llegar a todos los huapangueros de la región, los viejos y los nuevos, porque, bueno, afortunadamente hay huapangueros de nuevo acuño en la actualidad y más o menos están en desarrollo, pero por lo menos para que los conozcan, porque puede ser que, como están acostumbrados a oír siempre los mismos, pues ellos también tocan siempre los mismos, y se trata de ampliar esto de la mayor forma que sea posible, precisamente para que haya un conocimiento más amplio porque huapangos hay cientos, verdaderamente cientos de huapangos y, como digo, creo que no pasan de 20 los que se están repite y repite con uno y con otro trío.

Oiga, entonces podemos decir que es un proceso natural en el cual ya no hay quién toque como Armonía Huasteca o Los Cantores del Pánuco u otro grupo de ésos legendarios, así podemos afirmar que igual quizás antes de ellos, pero que no fueron registrados o no fueron conocidos del mismo modo que ahora, hubo otros “mejores” o distintos con un estilo también más “auténtico” o genuino, ¿esto es algo irreversible y hasta cierto punto natural?

Pues de cierto modo sí, precisamente y sobre todo, por ejemplo en las comunidades, ahora, bueno, pues ya hay muchas formas de comunicación, más que antes, que hace veinte, treinta, cuarenta años, pues eso era prácticamente insospechado, sí, hubo quienes tocaron, y seguramente había gente muy virtuosa, por ahí hay algunas grabaciones de campo que se pueden escuchar, por ejemplo, en la Fonoteca del INAH o alguna recopilación que hizo René Villanueva de Los Folkloristas; en fin, huapangos de muchísima calidad, ciertamente, como “El llorar”, si mal no recuerdo, una versión totalmente distinta, muy bonita, virtuosa diría yo, pero pues era el trío equis fulano de tal que accidentalmente grabó René y así, y seguramente algunas otras grabaciones de campo que estén dentro de la Fonoteca del INAH o a lo mejor ya en la Fonoteca Nacional deben de tener su valor naturalmente. Sí, sobresalieron, ya dentro del ámbito podríamos decir comercial, “El viejo Elpidio”, el mismo Nicandro Castillo, que fue realmente como conocí yo el huapango allá en la ciudad de México, luego Armonía Huasteca, Los Camperos… De estos últimos me llama mucho la atención que sacan un disco, otro disco y otro disco, ¡y son los mismos huapangos que ellos siempre interpretan! Algo similar sucedía también con Armonía Huasteca, pero quizás un poco menos intenso. De Los Camperos, dada su calidad, pues me llama mucho la atención que sigan tocando y grabando los mismos huapangos que graban en un disco y en otro y en otro…

Retomando el punto, ¿con qué fin reunió estos 100 huapangos que le entregó a Junípero?

Precisamente para que se distribuyeran entre todos los huapangueros que quisieran, porque pues…

Ah, pensé que tal vez para una edición especial, pero usted dígame qué tiene en mente.

Sí, en este sentido tengo otro proyecto que está en marcha, está un poquito estancado, pero, bueno, finalmente está en marcha, de huapangos queretanos, solamente huapangos queretanos, bueno, de Querétaro más bien porque, por ejemplo, hay un compositor xilitlense, y uno o dos que, vamos, no fueron compuestos por queretanos, pero finalmente éste es el proyecto y, bueno, pues está allí caminando, despacito, pero está caminando.

Para sacar un disco…

Sí, desde luego, también con una característica cultural, sin perseguir fines de lucro ni muchísimo menos, sino simplemente el de difundirlos.

Respecto de libros, ¿no tiene planes de otro?

De momento no, tengo la intención, pero no pasa de ahí, de hacer una recopilación de décimas, cuando lo comenté con uno de los editores, que me decía bueno, pero es que tiene que pensar si va a ser un libro que se pueda vender, y si es un libro de décimas, ¿quién lo va a comprar? Eso es cierto, desafortunadamente es cierto, ¿a quién le va a interesar;? Y, bueno, pues no… Respecto de la pregunta anterior, déjame concluir la respuesta. Sí, reunir los 100 huapangos fue con la intención de distribuirlos entre los huapangueros que quisieran, que se interesaran pues, y ésa era la intención, enriquecer su acervo, ampliarlo, conocerlo, dinamizar nuevos huapangos, darles otras versiones, porque incluían algunos que interpretaban, por ejemplo, el Trío Calaveras, otros “El Tariácuri”, solamente con guitarras, era otra época naturalmente, pero son huapangos muy buenos, muy bonitos; además, contando con la creatividad de los huapangueros, si los desarrollan, pues lo pueden hacer, como sucedió con “El queretano”, que no es un huapango huasteco, es un huapango que Guillermo Bermejo compuso allá, en la ciudad de México, y que en su origen no era un huapango huasteco. Tengo incluso la versión del Trío Calaveras que lo toca como era, como lo compuso realmente Guillermo; sin embargo, aquí todo mundo toca el huapango como huasteco, como huapango queretano.

Que ya se está volviendo un himno huasteco de la entidad, ¿no?

Así es, así es. Y todo mundo lo toca…

Sí.

Por ejemplo, otra genialidad también, creo eso es, la “María Chuchena”, que es un son jarocho y sin embargo aquí Los Cantores de Jalpan lo empezaron a tocar como son huasteco y todo mundo lo toca…

También Guillermo Velázquez y Los Leones de la Sierra de Xichú…

Sí, precisamente porque hacen lucimiento del violín y de la música, finalmente ya como huasteca o arribeña, pero en realidad es un son jarocho.

Continuará…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto 1: Don Reynaldo en un homenaje a don Heliodoro Copado junto a numerosos personajes huapangueros.

Foto 2: Don Reynaldo hace entrega de un reconocimiento a don Fortunato Ramírez Camacho.

Cortesía Reynaldo Mota Molina.

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