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Cine - March 26, 2014

“La esposa prometida” ¿o la vida sólo es para casarse?

 

Iniciaré por el final: me gustó, me parece buena, incluso muy buena. Esto es mucho decir, dado que desconozco casi todo de esa cultura milenaria y extraña para mí, a no ser lo poco que he leído de la Biblia y de lo que me han dicho en las iglesias a las que he acudido por fe y por compromiso (¿no es lo mismo?). También es una cultura y un pueblo que, supongo, por convicción evita mezclarse o fundirse con otros, a pesar de que muchos artistas judíos sí lo han hecho.

En fin, el encanto surgió pronto: Shira, la bella protagonista (Hadas Yaron), y unos toques de música tradicional (vocal y un instrumento que me sorprendió que pulsara tan bien la antedicha: un acordeón), pero el asunto central es que esta hermosa muchacha, núbil, está ansiosa por casarse con un joven y apuesto judío ortodoxo (quizás ultraortodoxo, ya que, en el contexto, es de los que usan caireles y se dejan luenga barba) al que sus costumbres impiden tratar de manera directa, pero del que da la impresión de estar enamorada; todo se hace por intercesión de los padres y sus autoridades religiosas (rabino). Un aparente patriarcado dominado por las mujeres donde la religión rige todas las actividades familiares y sociales.

Desde el principio, por las tomas obsesivas, opresivas de la cámara, se advierte una sensación de opresión, de intimismo, que será, al final, característica de cada personaje: dramas internos que afectan, por esa aceptada y “normal” promiscuidad familiar, a todos. En una misma casa viven, además de los padres de Shira, Esther, su hermana mayor, que está embarazada, y su esposo, Yohai. Desafortunadamente, Esther muere al dar a luz a un varón y esta muerte cambia (por no decir trastorna) la vida de toda la familia, pues Shira no sólo se dedicará a cuidar al huérfano (y cantándole primorosamente acompañada de la melancolía que le arranca al acordeón), sino que también advierte, entristecida y extrañada, cómo se va alejando su anhelo de matrimoniarse con el rubio pretendiente (cuyo desinterés, al parecer, es producto de esa misma muerte: ¿pensaría que Shira podría morir de parto?), sobre todo porque su madre desea que ella se case con el viudo para no perder a su adorado nieto.

Este conflicto moral, religioso, social y familiar revela o muestra cómo se vive en esa parte de Tel Aviv, donde nada se puede hacer a título personal, si no es consensuado por la familia, primero, y por la autoridad religiosa, después. La joven se ve sometida a una crisis moral (no tan profunda para que llegue a ser revolucionaria) que la hace titubear y tener ligeros arranques de rebeldía (de hecho, la única toma exterior abierta se produce cuando ella sale enojada a la calle, seguida por su gris padre), hasta que, finalmente, tras haber rechazado la “sugerencia” de su madre y al mismo ex cuñado, quien la empieza a ver con otros ojos, pues Shira, aparte de bella, es una codiciada soltera por una especie de dote, y resistir un poco de presión social, decide casarse con el joven y guapo (y convenenciero) cuñado viudo.

De esta manera, la película concluye con Shira hermosamente ataviada para su boda. Un final “abierto” para el espectador atento, que debe reflexionar sobre lo que acaba de ver: ¿es una crítica a ese modo de vida o un panegírico a la misma? Lo único cierto es que ese sector (ultraconservador) de la población en Israel cada vez adquiere mayor poder e importancia, tal como se consigna en un artículo de “El País semanal”, “Los que tiemblan ante Dios”, de enero de 2014.

No está de más insistir en las tomas cerradas que hacen sentir todo el tiempo un ambiente opresivo, cerrado, casi claustrofóbico. Asimismo, la música que se utiliza aparece en ceremonias religiosas (solemnes o seculares) y cuando la muchacha toca el acordeón, pero siempre con tonos intimistas, diría con tintes minimalistas. Una especie de escape interno al anquilosamiento social.

“La esposa prometida” (Lemale et ha’halal, Israel, 2012, 90 minutos)
Director: Rama Burshtein. Guión: Rama Burshtein. Fotografía en color: Asaf Sudri. Música: Yitzhak Azulay. Edición: Sharon Elovic. Con Hadas Yaron (Shira Mendelman), Yiftach Klein (Yohai), Renana Raz (Esther), Ido Samuel (Yossi), Irit Sheleg (Rivka), Yael Tal (Shifi), Razia Israely (tía Hanna). Productor: Assaf Amir. Clasificación: B.

Foto: Una escena de la película.
Cortesía Cineteca Nacional.

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