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Música - March 21, 2014

Memorias de un huapanguero: don Reynaldo Mota Molina, investigador, periodista y promotor cultural de la Sierra Gorda de Querétaro (1)

 

También, en la medida de lo posible y de nuestras fuerzas, de dejar a la posteridad y a nuestros herederos un testimonio de ese tránsito vital. Así, estas “Memorias de un huapanguero” se enriquecen nuevamente con la palabra y el quehacer de un hombre infatigable y de una pasión indeclinable por México, por su cultura: don Reynaldo Mota Molina, quien nació el 23 de marzo de 1935 en la ciudad de México y radica desde hace casi tres décadas en la Sierra Gorda queretana, donde ha realizado una formidable y admirable labor de animación cultural.

En esta serie dedicada a la música tradicional mexicana hemos hablado con él respecto de dos de sus proyectos realizados: el libro “Galería huapanguera. Esencia de una tradición” (Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, Al Rescate de Nuestras Raíces, Museo Histórico de la Sierra Gorda y los gobiernos municipales queretanos de Arroyo Seco, San Joaquín, Landa de Matamoros y Pinal de Amoles, México, 2008) y de “Galería Musical”, programa radiofónico que transmite desde Jalpan de Serra todos los martes a las 18 horas y cuya base la forma su espléndida fonoteca personal, en el cual comparte sus gustos y conocimientos musicales con el auditorio, que van desde Cri-Crí, Buena Vista Social Club, Sonora Santanera, Paco de Lucía, Fernando Delgadillo, clásica, corridos, baladas, tangos, jazz, blues… Ni hablar de música tradicional mexicana o incluso de la más popular o comercial: Pedro Vargas, Agustín Lara, Toña la Negra, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Los Panchos…

A unos días de que el maestro Mota Molina cumpla 79 años, como un modesto y sincero homenaje a su encomiable labor cultural, que debe ser mejor y más conocida, publicamos la primera entrega de una larga charla telefónica que sostuvimos el año pasado, después de que recibió la presea “Sol Poniente” en Amatlán, Veracruz, sede del “Encuentro de las Huastecas”, que se realiza el último fin de semana de noviembre desde hace 24 años.

Hola, Reynaldo, ¿cómo está?

Hola, qué tal, Goyo, bien, gracias.

Maestro, a una semana de haber recibido el “Sol Poniente”, ¿cómo se siente después de ese homenaje que le hicieron en Amatlán?

Pues sobre todo muy agradecido por este reconocimiento de parte del Patronato Pro Huapango y Cultura Huasteca de Amatlán, Veracruz, más todavía porque, bueno, en primer lugar porque es la presea “Sol Poniente” la más destacada dentro del ámbito huapanguero, de hecho, en toda la región huasteca es la presea más destacada, de allí mi agradecimiento. Por otra parte, porque cierta y actualmente Querétaro es reconocido como parte de la región huasteca, aquí, en la zona norte del estado de Querétaro, y pues, aunque somos parte de ésa, porque estamos bastante alejados de aquel lugar del norte de Veracruz, entonces tiene un significado muy amplio desde luego, sobre todo por este otorgamiento de la presea a tu servidor. Es cierto que he desarrollado un trabajo de promotoría cultural a partir de que llegué prácticamente aquí por la sierra, ya hace alrededor de unos 30 años, y todo este trabajo que se ha hecho tiene actualmente varias cosas que resultan satisfactorias, así, a distancia de una semana, pues ya estoy un poco más asentado; el reconocimiento, la ceremonia en sí estuvo, fue, resultó emotiva y después de algún tiempo fue posible nuevamente la presencia de Querétaro en la fiesta de Amatlán, en el “Encuentro de las Huastecas”, luego de que pues, sobre todo al principio de este Encuentro, allá por los años noventa, a principios de esos años, pues logramos que Querétaro tuviera una importancia, una presencia, más bien dicho, una presencia muy importante y que se conociera a Querétaro precisamente como parte integrante de la Huasteca, y pues es un agradecimiento que tengo muy reconocido con el pueblo de Amatlán, particularmente con el Patronato y con su presidente, el licenciado Santiago Pérez Gómez, que ha sido y es un difusor muy importante dentro de este ámbito.

Precisamente en su libro consigna o menciona que empezó a llevar grupos para allá, ¿cómo se enteró o supo de Amatlán por primera vez?

Claro, resulta que una vez vi una invitación en la Casa de Cultura de Jalpan, estaba publicada en el tablero de avisos, era una convocatoria a la fiesta de Amatlán. Me llamó mucho la atención, mi hija Adriana daba clases ahí, en la Casa de Cultura y, bueno, ese mismo año no fue posible que acudiera el grupo, pero dije: “Voy a ver de qué se trata” y fue así como fui a dar a Amatlán, esa ocasión había un cierto temporal medio inclemente, igual o un poco menos de lo que fue ahora, pero pues así fue la primera vez que llegué, sin conocer a nadie, pero me puse en contacto con don David Celestinos, que en paz descanse, y fue a quien se dedicó este “XXIV Encuentro de las Huastecas”, entablamos relación, incluso amistad. En esa ocasión fue la primera que se entregó dicha presea, a diez personajes destacados dentro del ámbito del huapango, particularmente huapangueros de gran trayectoria. Me llamó la atención que entre los personajes que recibieron la presea no estaba “El Viejo” Elpidio, quien ya había fallecido hacía muchos años, pero también a otras personas se les entregó post mórtem esa presea y me llamó mucho la atención que a don Elpidio no se le reconociera.

Uno de los personajes que dieron a conocer el huapango fuera de la Huasteca, ¿no?

Sí, entonces posteriormente, casi enseguida, le envié una carta a don David diciéndole de este extrañamiento que me llamaba mucho la atención y le decía que, además de fundamentar el porqué de “El Viejo” Elpidio, le proponía formalmente que para el siguiente año se le tomara en cuenta y se le entregara la presea. Finalmente, así sucedió, por mi parte contacté a don Faustino, que era –me parece que ya falleció también– hijo de don Elpidio y fue quien recibió la presea en nombre de él y acudió junto con su esposa y su hija a recibir la presea en ese año siguiente. A partir de entonces iniciamos una amistad entrañable, muy fuerte, muy grande, y empecé a colaborar en la organización de la misma fiesta de Amatlán, incluso acudía a las reuniones previas, iba desde aquí, y bueno, pues participé durante algunos años en el desarrollo de ese “Encuentro de las Huastecas”.

¿De qué año estamos hablando o a partir de qué edición empezó a asistir? Es decir, digamos, no sé, vio el aviso de la segunda y usted fue a partir de la tercera, ¿en qué orden ocurrió esto?

Sí, así es, efectivamente, en la tercera fiesta que se organizaba fue cuando acudí la primera vez y con esta circunstancia que menciono, y bueno, pues de ahí creo que fueron como unos cuatro o cinco años en los que estuve participando muy activamente en la organización y en el desarrollo de la fiesta.

¿En aquellos años usted todavía no tenía su grupo cultural, no realizaba ninguno de sus festivales o ya había llevado a cabo algunos festivales o solamente tenía su grupo cultural?

No, todavía no, empecé aquí en la sierra en 1995, inicialmente, creo que ya lo hemos comentado, con unos programas radiofónicos semanales, y como la gente acudía a la cabina a ver, pues entonces ya de ahí nació el organizar los festivales de huapango.

Dígame, honestamente, ¿le sirvió la experiencia de haber estado en Amatlán?

Por supuesto que sí, sobre todo en aquellos años veía que acudía muchísima gente de varias partes de la República, incluso del extranjero, y pues sí, desde luego que fue una motivación grande, cuando aquí tuve las primeras experiencias, éstas en radio y después ya en los festivales de huapango, y ver precisamente la respuesta de la gente, pues esto es algo extraordinario, en los festivales de huapango que yo organicé aquí con el epígrafe “Al rescate de nuestras raíces”, así se llamaba el programa radiofónico también, pues fue algo verdaderamente importante porque lo empecé a desarrollar en diferentes comunidades, hasta que ya viendo la respuesta de la comunidad de Ahuacatlán de Guadalupe se quedó ésta como sede para el desarrollo de los demás festivales.

Entonces se puede decir que Amatlán, viendo su influencia en usted y en huapangueadas de otros municipios del norte de Veracruz, viene siendo como la madre de todas las fiestas de este tipo de expresión cultural.

Sí, creo que sí, definitivamente sí porque don David, y los que colaboramos con él en la organización de estos… vamos a decir primeros “Encuentros de la Huasteca”, se tropezó y tropezamos con algunas dificultades porque, por ejemplo, CONACULTA había empezado a realizar el Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca, y de alguna manera no sé si trataron de absorber desde entonces este encuentro, o pues a lo mejor celo profesional, no sé, o a lo mejor pues trataban de que no se le hiciera sombra a este programa que iniciaba más o menos por esos años también; entonces, incluso en alguna ocasión, no sé si en una o en varias, por lo menos yo acudí a una o dos acompañando a don David a CONACULTA, bueno, allá en la ciudad de México y pues como que se trataba de desvirtuar el trabajo que se estaba haciendo en Amatlán, de ese tamaño puedo decir que era ya el proyecto del “Encuentro de las Huastecas”, y conste que no era más que hacer un festival para la gente, porque éste fue uno de los grandes impactos que yo recibí, de que era una fiesta que organizaba prácticamente la gente para la misma gente, no solamente del pueblo, sino de toda la región huasteca, y como lo mencioné antes, incluso del extranjero. Entonces tal vez esto provocaba esta situación. Don David durante un buen tiempo estuvo un poco dolido por esto porque decía: “Hombre, pues que nos dejen trabajar y hacer las cosas como nosotros queremos”, porque además querían marcar ciertas directrices con las que no checaba esto, porque pues esto no tenía naturalmente ningún interés, ni muchísimo menos, de ningún tipo político, ni de sobresalir de nadie absolutamente, simplemente era organizar la fiesta, la fiesta del huapango para promover el huapango. En el caso, por ejemplo, de los festivales de huapango que yo organicé aquí en la sierra, lo que tal vez sea una diferencia importante era que aquí lo que se promovía y se difundía era la preservación del huapango en su forma más genuina, lo más natural posible dentro de lo que es la trova, la música, el baile, la indumentaria, y esto fue algo que se implantó y que se puso aquí en la sierra. A la fiesta de Amatlán, igual que a otras fiestas, acuden muchas personas que bailan lo que se ha dado en denominar el baile académico del huapango, el que se aprende en las escuelas o en los centros de cultura, pero que muchas veces tiene la influencia de, por ejemplo, la forma como se baila en los concursos de huapango, de San Joaquín y todos los que han proliferado a partir de éste también, pero en Amatlán se daba una especie de crisol de las diferentes formas de bailar el huapango, iban, acudían quienes bailaban en la forma natural como se baila en cualquier comunidad de cualquier parte, de la sierra de Puebla o incluso de aquí, de Querétaro, o de algunas otras regiones de la Huasteca, y acudían tanto éstos como académicos, y bueno, era un crisol muy interesante y desde luego que creo que gracias a esto se ha preservado hasta la fecha. En esa ocasión fue el 24 aniversario de ese festival y ya están en preparativos incluso para el 25, que es el próximo año.

Continuará…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Reynaldo Mota Molina, un hombre cuya pasión por México lo motiva todos los días a realizar su incansable labor de promoción cultural.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

Memorias de un huapanguero: don Reynaldo Mota Molina, investigador, periodista y promotor cultural de la Sierra Gorda de Querétaro (1)

A la familia del maestro Mota Molina, con respeto y aprecio; a mi hermano Pedro Salvador, un gran amante de nuestras raíces prehispánicas, con amor y admiración

Por Gregorio Martínez Moctezuma

Coordinador editorial

Ciudad de México. 20 de marzo de 2014. Conforme transcurre el tiempo, los hechos son los que hablan de las obras de los hombres, de lo que hemos realizado durante nuestro paso por el mundo, no como una manera de dejarlo mejor de como lo encontramos, sino simplemente como una forma de interactuar con él, de no permanecer impasibles ante su devenir. También, en la medida de lo posible y de nuestras fuerzas, de dejar a la posteridad y a nuestros herederos un testimonio de ese tránsito vital. Así, estas “Memorias de un huapanguero” se enriquecen nuevamente con la palabra y el quehacer de un hombre infatigable y de una pasión indeclinable por México, por su cultura: don Reynaldo Mota Molina, quien nació el 23 de marzo de 1935 en la ciudad de México y radica desde hace casi tres décadas en la Sierra Gorda queretana, donde ha realizado una formidable y admirable labor de animación cultural.

En esta serie dedicada a la música tradicional mexicana hemos hablado con él respecto de dos de sus proyectos realizados: el libro “Galería huapanguera. Esencia de una tradición” (Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, Al Rescate de Nuestras Raíces, Museo Histórico de la Sierra Gorda y los gobiernos municipales queretanos de Arroyo Seco, San Joaquín, Landa de Matamoros y Pinal de Amoles, México, 2008) y de “Galería Musical”, programa radiofónico que transmite desde Jalpan de Serra todos los martes a las 18 horas y cuya base la forma su espléndida fonoteca personal, en el cual comparte sus gustos y conocimientos musicales con el auditorio, que van desde Cri-Crí, Buena Vista Social Club, Sonora Santanera, Paco de Lucía, Fernando Delgadillo, clásica, corridos, baladas, tangos, jazz, blues… Ni hablar de música tradicional mexicana o incluso de la más popular o comercial: Pedro Vargas, Agustín Lara, Toña la Negra, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Los Panchos… A unos días de que el maestro Mota Molina cumpla 79 años, como un modesto y sincero homenaje a su encomiable labor cultural, que debe ser mejor y más conocida, publicamos la primera entrega de una larga charla telefónica que sostuvimos el año pasado, después de que recibió la presea “Sol Poniente” en Amatlán, Veracruz, sede del “Encuentro de las Huastecas”, que se realiza el último fin de semana de noviembre desde hace 24 años.

Hola, Reynaldo, ¿cómo está?

Hola, qué tal, Goyo, bien, gracias.

Maestro, a una semana de haber recibido el “Sol Poniente”, ¿cómo se siente después de ese homenaje que le hicieron en Amatlán?

Pues sobre todo muy agradecido por este reconocimiento de parte del Patronato Pro Huapango y Cultura Huasteca de Amatlán, Veracruz, más todavía porque, bueno, en primer lugar porque es la presea “Sol Poniente” la más destacada dentro del ámbito huapanguero, de hecho, en toda la región huasteca es la presea más destacada, de allí mi agradecimiento. Por otra parte, porque cierta y actualmente Querétaro es reconocido como parte de la región huasteca, aquí, en la zona norte del estado de Querétaro, y pues, aunque somos parte de ésa, porque estamos bastante alejados de aquel lugar del norte de Veracruz, entonces tiene un significado muy amplio desde luego, sobre todo por este otorgamiento de la presea a tu servidor. Es cierto que he desarrollado un trabajo de promotoría cultural a partir de que llegué prácticamente aquí por la sierra, ya hace alrededor de unos 30 años, y todo este trabajo que se ha hecho tiene actualmente varias cosas que resultan satisfactorias, así, a distancia de una semana, pues ya estoy un poco más asentado; el reconocimiento, la ceremonia en sí estuvo, fue, resultó emotiva y después de algún tiempo fue posible nuevamente la presencia de Querétaro en la fiesta de Amatlán, en el “Encuentro de las Huastecas”, luego de que pues, sobre todo al principio de este Encuentro, allá por los años noventa, a principios de esos años, pues logramos que Querétaro tuviera una importancia, una presencia, más bien dicho, una presencia muy importante y que se conociera a Querétaro precisamente como parte integrante de la Huasteca, y pues es un agradecimiento que tengo muy reconocido con el pueblo de Amatlán, particularmente con el Patronato y con su presidente, el licenciado Santiago Pérez Gómez, que ha sido y es un difusor muy importante dentro de este ámbito.

Precisamente en su libro consigna o menciona que empezó a llevar grupos para allá, ¿cómo se enteró o supo de Amatlán por primera vez?

Claro, resulta que una vez vi una invitación en la Casa de Cultura de Jalpan, estaba publicada en el tablero de avisos, era una convocatoria a la fiesta de Amatlán. Me llamó mucho la atención, mi hija Adriana daba clases ahí, en la Casa de Cultura y, bueno, ese mismo año no fue posible que acudiera el grupo, pero dije: “Voy a ver de qué se trata” y fue así como fui a dar a Amatlán, esa ocasión había un cierto temporal medio inclemente, igual o un poco menos de lo que fue ahora, pero pues así fue la primera vez que llegué, sin conocer a nadie, pero me puse en contacto con don David Celestinos, que en paz descanse, y fue a quien se dedicó este “XXIV Encuentro de las Huastecas”, entablamos relación, incluso amistad. En esa ocasión fue la primera que se entregó dicha presea, a diez personajes destacados dentro del ámbito del huapango, particularmente huapangueros de gran trayectoria. Me llamó la atención que entre los personajes que recibieron la presea no estaba “El Viejo” Elpidio, quien ya había fallecido hacía muchos años, pero también a otras personas se les entregó post mórtem esa presea y me llamó mucho la atención que a don Elpidio no se le reconociera.

Uno de los personajes que dieron a conocer el huapango fuera de la Huasteca, ¿no?

Sí, entonces posteriormente, casi enseguida, le envié una carta a don David diciéndole de este extrañamiento que me llamaba mucho la atención y le decía que, además de fundamentar el porqué de “El Viejo” Elpidio, le proponía formalmente que para el siguiente año se le tomara en cuenta y se le entregara la presea. Finalmente, así sucedió, por mi parte contacté a don Faustino, que era –me parece que ya falleció también– hijo de don Elpidio y fue quien recibió la presea en nombre de él y acudió junto con su esposa y su hija a recibir la presea en ese año siguiente. A partir de entonces iniciamos una amistad entrañable, muy fuerte, muy grande, y empecé a colaborar en la organización de la misma fiesta de Amatlán, incluso acudía a las reuniones previas, iba desde aquí, y bueno, pues participé durante algunos años en el desarrollo de ese “Encuentro de las Huastecas”.

¿De qué año estamos hablando o a partir de qué edición empezó a asistir? Es decir, digamos, no sé, vio el aviso de la segunda y usted fue a partir de la tercera, ¿en qué orden ocurrió esto?

Sí, así es, efectivamente, en la tercera fiesta que se organizaba fue cuando acudí la primera vez y con esta circunstancia que menciono, y bueno, pues de ahí creo que fueron como unos cuatro o cinco años en los que estuve participando muy activamente en la organización y en el desarrollo de la fiesta.

¿En aquellos años usted todavía no tenía su grupo cultural, no realizaba ninguno de sus festivales o ya había llevado a cabo algunos festivales o solamente tenía su grupo cultural?

No, todavía no, empecé aquí en la sierra en 1995, inicialmente, creo que ya lo hemos comentado, con unos programas radiofónicos semanales, y como la gente acudía a la cabina a ver, pues entonces ya de ahí nació el organizar los festivales de huapango.

Dígame, honestamente, ¿le sirvió la experiencia de haber estado en Amatlán?

Por supuesto que sí, sobre todo en aquellos años veía que acudía muchísima gente de varias partes de la República, incluso del extranjero, y pues sí, desde luego que fue una motivación grande, cuando aquí tuve las primeras experiencias, éstas en radio y después ya en los festivales de huapango, y ver precisamente la respuesta de la gente, pues esto es algo extraordinario, en los festivales de huapango que yo organicé aquí con el epígrafe “Al rescate de nuestras raíces”, así se llamaba el programa radiofónico también, pues fue algo verdaderamente importante porque lo empecé a desarrollar en diferentes comunidades, hasta que ya viendo la respuesta de la comunidad de Ahuacatlán de Guadalupe se quedó ésta como sede para el desarrollo de los demás festivales.

Entonces se puede decir que Amatlán, viendo su influencia en usted y en huapangueadas de otros municipios del norte de Veracruz, viene siendo como la madre de todas las fiestas de este tipo de expresión cultural.

Sí, creo que sí, definitivamente sí porque don David, y los que colaboramos con él en la organización de estos… vamos a decir primeros “Encuentros de la Huasteca”, se tropezó y tropezamos con algunas dificultades porque, por ejemplo, CONACULTA había empezado a realizar el Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca, y de alguna manera no sé si trataron de absorber desde entonces este encuentro, o pues a lo mejor celo profesional, no sé, o a lo mejor pues trataban de que no se le hiciera sombra a este programa que iniciaba más o menos por esos años también; entonces, incluso en alguna ocasión, no sé si en una o en varias, por lo menos yo acudí a una o dos acompañando a don David a CONACULTA, bueno, allá en la ciudad de México y pues como que se trataba de desvirtuar el trabajo que se estaba haciendo en Amatlán, de ese tamaño puedo decir que era ya el proyecto del “Encuentro de las Huastecas”, y conste que no era más que hacer un festival para la gente, porque éste fue uno de los grandes impactos que yo recibí, de que era una fiesta que organizaba prácticamente la gente para la misma gente, no solamente del pueblo, sino de toda la región huasteca, y como lo mencioné antes, incluso del extranjero. Entonces tal vez esto provocaba esta situación. Don David durante un buen tiempo estuvo un poco dolido por esto porque decía: “Hombre, pues que nos dejen trabajar y hacer las cosas como nosotros queremos”, porque además querían marcar ciertas directrices con las que no checaba esto, porque pues esto no tenía naturalmente ningún interés, ni muchísimo menos, de ningún tipo político, ni de sobresalir de nadie absolutamente, simplemente era organizar la fiesta, la fiesta del huapango para promover el huapango. En el caso, por ejemplo, de los festivales de huapango que yo organicé aquí en la sierra, lo que tal vez sea una diferencia importante era que aquí lo que se promovía y se difundía era la preservación del huapango en su forma más genuina, lo más natural posible dentro de lo que es la trova, la música, el baile, la indumentaria, y esto fue algo que se implantó y que se puso aquí en la sierra. A la fiesta de Amatlán, igual que a otras fiestas, acuden muchas personas que bailan lo que se ha dado en denominar el baile académico del huapango, el que se aprende en las escuelas o en los centros de cultura, pero que muchas veces tiene la influencia de, por ejemplo, la forma como se baila en los concursos de huapango, de San Joaquín y todos los que han proliferado a partir de éste también, pero en Amatlán se daba una especie de crisol de las diferentes formas de bailar el huapango, iban, acudían quienes bailaban en la forma natural como se baila en cualquier comunidad de cualquier parte, de la sierra de Puebla o incluso de aquí, de Querétaro, o de algunas otras regiones de la Huasteca, y acudían tanto éstos como académicos, y bueno, era un crisol muy interesante y desde luego que creo que gracias a esto se ha preservado hasta la fecha. En esa ocasión fue el 24 aniversario de ese festival y ya están en preparativos incluso para el 25, que es el próximo año.

Continuará…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Reynaldo Mota Molina, un hombre cuya pasión por México lo motiva todos los días a realizar su incansable labor de promoción cultural.

Azteca 21/Gregorio Martínez M.

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