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Por la Espiral - March 15, 2014

Integración europea y ECU

Después de la Segunda Guerra Mundial, de las cenizas de la devastación y desolación surgió una corriente que promovía la construcción europea y que buscaba lazos y formas de cooperación entre los países del continente.
En 1948, en el Congreso de La Haya, cristalizó un primer esfuerzo a favor de crear una Asamblea Europea en la que al menos veinte países estuvieran representados.
Dos años más tarde, Roberto Schuman, ministro de Francia en Asuntos Exteriores, recogió una idea originalmente concebida por Jean Monnet y el 9 de mayo de 1950 propuso la creación de una Comunidad Europea del Carbón.
Así, en 1951, mediante el Tratado de París, se constituyó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) con seis Estados fundadores: Bélgica, República Federal de Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo y Holanda.
Estos seis países pioneros impulsaron un mercado común para bienes y servicios. Ante el éxito de la iniciativa, firmaron en 1957 el Tratado de Roma, mediante el cual se formó la Comunidad Económica Europea (CEE).
Para el 1 de julio de 1968 fueron suprimidos los derechos de aduana industriales entre los miembros y se empezó la discusión de converger hacia políticas comunes, especialmente en el aspecto agrícola y comercial.
Cinco años después se unieron a la CEE, Dinamarca, Irlanda y Reino Unido, y se dio paso a la creación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) en 1975.
En 1979 se formó el Sistema Monetario Europeo (SME) que contribuyó a  estabilizar las relaciones de cambio y a inspirar a los Estados  miembros una política de rigor que les permitiera mantener entre sí los vínculos de solidaridad y la disciplina de un espacio económico abierto.
La CEE se fortaleció, entre 1981 y 1986, con las adhesiones de Grecia, España y Portugal. El incremento a doce países motivó la aplicación de los primeros Programas Mediterráneos Integrados (PIM) destinados a reducir las disparidades de desarrollo económico entre los Estados aglutinados en la comunidad.
De 1985 a 1992 los países realizaron acciones para construir la integración económica y la integración monetaria.
A partir del 1 de enero de 1993 empezó a funcionar el Mercado Único Europeo y en noviembre de ese año entró en vigor el Tratado de Maastricht, que estableció un programa de Unión Económica y Monetaria (UEM) y fue entonces cuando la CEE cambió de nombre por el de Unión  Europea (UE).
Para el 1 de enero de 1995, Austria, Finlandia y Suecia se adhirieron a la casi recién constituida Unión Europea que entonces sumaba quince países dispuestos a llevar a la práctica los esfuerzos necesarios en materia económica, fiscal y monetaria para hacer cristalizar el nacimiento de una moneda común.
El 1 de enero de 1999 marcó un hito en el sistema monetario mundial, tan importante como fue alguna vez el sistema de Bretón Woods: el anuncio oficial de la puesta en vigor de un periodo de transición de tres años para el euro, la moneda única, que estaría circulando de manera soberana a partir del 1 de enero de 2002.
Por si esto fuera poco, en mayo de 2004, la Unión Europea se amplió a 25 miembros con la incorporación de diez países: República Checa, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituana, Eslovenia –cuyas economías formaron parte alguna vez del bloque socialista- Chipre y Malta.
A COLACIÓN
La UE ha experimentado una serie de fases, nada sencillas, hasta llegar a la integración monetaria.
Los primeros países que formaron la CECA establecieron una Unión de Pagos Europea (1950) y ocho años, después acordaron un sistema de intercambio comercial.
En 1964 se creó el Comité de Gobernadores de los Bancos Centrales, cuyo objetivo era examinar periódicamente la evolución del mercado cambiario de cada uno de los miembros.
En 1973, los Estados miembros formaron el Fondo Europeo de Cooperación Monetaria (FECOM) y para diciembre de 1978, en la Cumbre de Bruselas, se acordó crear un Sistema Monetario Europeo (SME).
Básicamente el SME introdujo  una nueva unidad monetaria de cuenta, la Unidad Monetaria Europea que es una canasta de monedas en todos los países de la Comunidad Europea.
De esta forma el SME estableció una tasa central fija para cada país de la Comunidad Económica, como el precio de una ECU, en unidades de la moneda local.

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