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Por la Espiral - March 9, 2014

Feministas, trabajo y lactancia

¿Qué es igualdad paritaria? ¿Equidad? ¿Igualdad de sexos? ¿Hombres y mujeres sin diferencia alguna?
Hace unos días disfruté la lectura de Miquel Porta Perales, escritor español,  en su editorial del periódico ABC titulado “Él y ella son distintos”,  argumentaba que: “En la cuestión del género, la ingeniería social deliberada que pretende acabar con la diferencia de roles sexuales está condenada al fracaso, porque –diga lo que diga la corrección política feminista e izquierdista-, los programas políticos no tienen capacidad de intervención sobre el substrato biológico del género”.
He allí el planteamiento de fondo, ¿hasta dónde las políticas públicas pueden corregir desigualdades intrínsecas a la condición sine qua  non del género?
El problema real para la mujer no deriva de la falta de políticas paritarias, equitativas o igualitarias, lo es más bien de la ausencia de políticas diferenciadas.
La mujer, en su  naturaleza humana, es distinta al hombre, empero ello  no significa que sea menos capaz, hábil e inteligente. Pero sus potenciales además bifurcan hacia su rol preponderante en la familia con el cuidado y la educación de los hijos y también puede ser cabeza de familia-proveedora o proveedora, junto con el esposo, para el sostenimiento económico del hogar.
La capacidad de ejecutar ese doble rol al participar en  la población económicamente activa sin renunciar ni delegar a otros su papel en el hogar  es precisamente uno de los grandes pendientes que las políticas públicas en México no han logrado subsanar.
Primero con políticas laborales flexibles que permitan elegir y combinar distintos horarios en las jornadas de trabajo. Segundo, impulsando que las empresas cuenten con sitios in situ donde las madres trabajadoras puedan dejar a sus bebés y así poder acercarse a amamantarlos cuando sea necesario hacerlo.
Desdichadamente, ante el ritmo de trabajo y la opción que se plantea la mujer cuando es madre, la de cuidar al bebé o dejar el trabajo, cada vez se  opta más por no amamantar al recién nacido.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte un ascenso  en la propensión a renunciar a la lactancia por parte de madres que trabajan ello en detrimento de la salud del recién nacido.
Cabe mencionar que la OMS aconseja “la lactancia materna exclusiva durante al menos los primeros seis meses del bebé y, después, combinada con otros alimentos hasta los dos años.”
Cada país tiene su capacidad de respuesta al respecto de este punto, por ejemplo, en varios países de la Unión Europea (UE) han venido modificándose a favor de la mujer trabajadora una serie de medidas para evitar dos cosas: 1) Que renuncie a tener hijos para no perjudicar su carrera laboral o verse impedida de compaginar la oficina con el hogar. 2) Que no amamante al recién nacido  porque pasado el periodo del parto deberá reincorporarse a la oficina.
A COLACIÓN
De acuerdo con el informe Estado Mundial de las Madres 2012 elaborado por  Save the Children, “los países con permisos de maternidad más prolongados y mayores medidas de apoyo tienden a tener tasas de lactancia más altas”.
Esta ONG cita a Noruega al mencionar que en los últimos diez años han introducido cambios en la conciliación laboral.
En  Noruega, el permiso de maternidad, es de hasta 36 semanas adicionalmente muchas empresas han establecido salas de cuidado  para bebés (con personal a cargo) a fin de que sus madres puedan atenderlos sin necesidad de salir de la empresa.
¿Y en México? Las mujeres trabajadoras en el  sector privado tienen derecho a seis semanas antes del parto y seis después del mismo. Para las que laboran en el sector público, cuatro semanas antes del parto y ocho semanas después del mismo.
Para ambos casos el permiso de lactancia es de media hora al día una vez  reincorporadas al ámbito laboral, en obvias circunstancias,  salvo que fueran vecinas del  centro de trabajo ejercerían su media hora diaria.
A lo largo de estos días muchas de las llamadas feministas en México han recibido premios, reconocimientos, aplausos y distinciones por su postura que subraya que hombres y mujeres son iguales, enarbolan  que hay hombres y mujeres boxeadoras y las caras femeninas aparecen en prácticamente cualquier esfera.
Sin embargo, esas feministas no han logrado siquiera mejorar una sola de las políticas públicas para favorecernos en el terreno arriba expuesto que es donde verdaderamente se requieren cambios no para igualarnos con el hombre sino para atendernos en medio de la diferencia.

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