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Por la Espiral - February 5, 2014

EPN, Michoacán y la fama de Mireles

El desarrollo del conflicto y su prospectiva son dos puntos de enorme preocupación en Washington, primordialmente porque puede durar más de lo que el propio presidente Enrique Peña Nieto cree y bifurcarse hacia otras entidades también contaminadas por los mismos nexos de crimen, drogas, narcotráfico, secuestros y disputa de territorios.
Para la Secretaría de Gobernación, me confió una fuente avezada, el conflicto con Michoacán está bajo control y la estrategia para la entidad pasará por el desarme de la población civil y  canalización de recursos extraordinarios de la partida Federal.
Cada Secretaría de Estado recibió de parte del presidente Peña Nieto un exhorto de atender con programas especiales el caso puntual de Michoacán para que desde todas las vías con programas sociales, dotación de inversión pública, creación de nuevos proyectos, apoyo al campo y reinserción de migrantes; se logre restablecer el tejido social y económico entre los michoacanos.
Que la gente encuentre en la actividad productiva su forma de vida y no en la delincuencia, tráfico de armas, narcomenudeo, extorsión, secuestro y laboratorios de droga.
Precisamente, el presidente Peña Nieto acudió a Morelia con buena parte de su gabinete para anunciar la puesta en marcha de “Por Michoacán, juntos lo vamos a lograr”,  un programa que destinará 45 mil 500 millones de pesos al estado.
El gobernador Fausto Vallejo contará este año con casi el doble del presupuesto aprobado  por el Congreso dentro del PEF 2014 que le otorgó a Michoacán 57 mil 641 millones 044 mil 777 pesos; con los recursos extraordinarios el gobernador Vallejo recibe un espaldarazo del presidente  a quien habrá que responder con acciones inmediatas.
El estado, tradicionalmente olvidado de la agenda nacional en sexenios pasados, es punto prioritario para Presidencia, una preocupación para Washington y un conflicto en activo para la prensa internacional.
A COLACIÓN
No es para menos, geográficamente hablando Michoacán ocupa un sitio estratégico: colinda con los estados de Colima y Jalisco al noroeste, al norte con Guanajuato y Querétaro, al este con México, al sureste con el estado de Guerrero y al suroeste con el Océano Pacífico.
De los 113 municipios,  aproximadamente 28, han sido disputados entre los grupos civiles denominados autodefensas y el cártel de los Templarios. Recientemente, el Ejército Mexicano aseveró que de éstos lograron en casi todos  que las autodefensas dejen actuar a las fuerzas armadas desplegadas por el presidente Peña Nieto.
No obstante, hay preocupación externa. La semana pasada en Madrid, un asesor de una empresa de energía le preguntó a micrófono abierto a Francisco Salazar Díez de Sollano, comisionado presidente de la Comisión Reguladora de Energía, qué garantías tendrían los empresarios  españoles en  México de que los Templarios no intentarían controlar sus inversiones dado que “la prensa informa que este grupo criminal tiene bajo dominio la mitad de la producción minera en Michoacán”.
Vamos es una bruma que está en el aire flotando y rememorando los peores años de Colombia cuando ser empresario y extranjero era el objetivo.
Michoacán es un volado en el aire, José Manuel Mireles, líder de las autodefensas denuncia en el periódico El País que “el Ejecutivo estatal, en vez de ayudar, era el que más piedras nos echaba”. Lo hace exactamente el mismo día que el presidente Peña Nieto está en Morelia con el gobernador Vallejo.
Con una foto llamativa en la portada del periódico español se anuncia  la entrevista exclusiva con Mireles.  A la pregunta de la periodista Paula Chouza, Mireles advierte que nadie se va a desarmar y puntualiza que “todo el Estado está contaminado por el crimen organizado. Toda la elección fue a punta de metralleta para presidente, diputados.”
En la foto publicada por El País se le ve visiblemente en recuperación, él salió vivo de un avionetazo, y lo que era una fama meramente local lo ha catapultado más allá de las fronteras de México, a la sazón de un héroe que busca restablecer el orden que las fuerzas del Estado no logran recomponer; y de un líder carismático y franco quien afirma no tener aspiraciones políticas.
De allí lo dicho, Michoacán seguirá dando mucho de qué hablar.

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