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Inolvidables - February 3, 2014

El INBA rinde homenaje al coreógrafo y bailarín Guillermo Arriaga, reconocido por sus grandes aportaciones al mundo de la danza

 

Los grandes creadores y ejecutantes de la danza deben tener el mismo reconocimiento que el resto de los artistas. Así como se reconoce a los grandes pintores como José Clemente Orozco, así son nuestros bailarines, están al mismo nivel, porque son generadores de escuelas, constructores de una estética. Guillermo Arriaga, Guillermina Bravo y muchos más, así lo hicieron en la danza y deben ser reconocidos, afirmó Margarita Tortajada Quiroz, quien realizó una semblanza del maestro Arriaga en el libro Lazos y ecos de la obra de Miguel Covarrubias.

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en reconocimiento al valor de sus creadores, realizará el miércoles 5 de febrero un homenaje al maestro Guillermo Arriaga (4 de julio de 1926-3 de enero de 2014) en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, a las 19:00 horas.

De la plástica quedan los cuadros, murales, esculturas; de la música, partituras;  de la danza, por su carácter efímero, puede que quede un video, pero es la experiencia del cuerpo que bailó y del que presenció esa danza lo trascendental. Como no es palpable, entonces no tiene el mismo peso que debería tener, dijo la investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón (Cenidi Danza).

“En un hecho que sucede con un cuerpo queda la huella, la experiencia, y eso la hace ser más impactante, más emocionante.”

Guillermo Arriaga nació en el México posrevolucionario, en plena Guerra Cristera. Su familia le inculcó desde pequeño el gusto por la música y la literatura, y fue hasta 1942, a los 16 años de edad, cuando presenció una función del American Ballet Theatre, que presentó Las Sílfides, que se dijo: “Este es el mundo al que pertenezco”.

Sin embargo, pasaron cinco años más para que se decidiera abrazar profesionalmente la carrera, por el temor a lo que diría su familia, por los estereotipos que pesan sobre los bailarines varones, aunque practicaba a hurtadillas en la azotea de su casa con los manuales que había comprado.

La gran oportunidad le llegó cuando conoció a Ana Mérida y se incorporó a la Academia de la Danza Mexicana, fundada dentro del recientemente creado Instituto Nacional de Bellas Artes. La bailarina estaba ensayando la coreografía La balada de la luna y el venado, cuyo papel del venado interpretaría el reconocido Ricardo Silva. A la espera de que el bailarín se incorporara, Mérida empezó a ensayar con Guillermo Arriaga, quien se quedó con el papel. Su interpretación fue tan aplaudida que desde entonces se ganó el sobrenombre de El venado. Esto ocurrió en diciembre de 1949.

Otro de sus grandes éxitos, y el que marcó su carrera como coreógrafo, fue el ballet Zapata, que creó en 1953. Zapata es considerada la obra cumbre de la danza moderna nacionalista. Concebida en un principio como una fastuosa producción, con caballos, rifles, sombreros y bigotes, terminó en un dueto: Zapata (Guillermo Arriaga) y la tierra, madre y mujer (Rocío Sagaón). La música de la obra fue Tierra de temporal de José Pablo Moncayo; el vestuario, de Miguel Covarrubias, y la escenografía, de Luis Covarrubias.

El estreno se realizó el 10 de agosto de 1953 en el IV Festival Mundial de la Juventud en Bucarest, Rumania, y en México se presentó el 31 de octubre del mismo año en el Teatro Juárez de Guanajuato y el 10 de noviembre en el Palacio de Bellas Artes. Críticos, cronistas, bailarines y público que tuvieron la oportunidad de verla la aclamaron y, aún hoy, con diferentes intérpretes, continúa causando impacto.

Arriaga, en su libro La época de oro de la danza moderna mexicana, cuenta que Diego Rivera le pidió que fuera a la Casa Azul para bailar Zapata a Frida Kahlo, quien ya se encontraba muy enferma. Al final, ella dejó escapar una lágrima.

En 1979, en el centenario del natalicio de Emiliano Zapata, con 53 años de edad y a diez de haberlo hecho por última vez, Arriaga volvió a interpretar su Zapata acompañado  por la bailarina Cora Flores.

Los cambios de funcionarios en cada sexenio, los apoyos y falta de ellos, y las pugnas entre los diversos grupos de danza no hicieron mella en el ánimo de Guillermo Arriaga. Cada vez que tocaba fondo, resurgía con una nueva idea. Así fue como se convirtió en productor de discos. Incluso tiene composiciones propias que grabaron intérpretes populares como Camilo Sesto.

Después de su incursión en la industria disquera y su retorno a las actividades como funcionario en el mundo de la danza, fundó el Centro Nacional de Investigación de la Danza, que era la manera de fincar la reflexión, historia, memoria, la experimentación teórica y práctica, y creó el Premio Nacional de Danza en colaboración con la Universidad Autónoma Metropolitana, que le da fuerza y continuidad al trabajo profesional en la disciplina, sobre todo al de los jóvenes.

Hay que destacarlo como artista de la danza y promotor, como un hombre que eligió una carrera muy difícil, afirmó  Margarita Tortajada. “Aun en la actualidad, ser bailarín es difícil, pero más en los cuarenta. Él representa a esa generación de varones que se atrevieron a bailar a pesar de los obstáculos familiares y sociales. Logró sobresalir en un medio mayoritariamente femenino, en el que las mujeres imperaban como seres de poder y los hombres se tenían que enfrentar a todas las limitaciones que se les presentaban, y además brilló con talento propio.”

La investigadora se convirtió en amiga personal del coreógrafo: “Era como parte de mi familia”. Menciona que lo conoció cuando él tenía alrededor de 60 años, y lo que más recuerda era su jovialidad y su gran sentido del humor. “Siempre estaba dispuesto a tomar lo positivo y hablar de su vida en forma muy abierta. Sin temor contaba cómo se rehacía cada tiempo, de acuerdo con las tendencias de la danza y a los cambios de funcionarios. Su vida era un constante renacer.”

Tuvo tres matrimonios y cuatro hijos. Ninguno de ellos siguió sus pasos. Sus dos hijos varones viven en Costa Rica, el país de quien fuera su primera esposa, y en México radican las dos hijas de su segunda mujer.

Sobre el archivo del coreógrafo, la investigadora señaló que “el maestro tenía un gran acervo bien organizado. Entendía el valor de los papeles. En sus cambios de domicilio y de vida, es algo que nunca dejó de lado. Sabía que tenía libros y documentos muy valiosos, así como discos, cartas, fotografías, diseños originales de sus coreografías, mucho material; los diseños de vestuario de Miguel Covarrubias. Todo estaba bien conservado. Es material muy valioso para la historia de la danza.

“En dicho archivo se encuentra la historia de las compañías en las que participó y que fundó, de muchos géneros: de la época moderna, de la danza folklórica, del Ballet Popular, del Conjunto Folklórico del IMSS con el que hizo una gira internacional, de su paso por Fonapas, por la Coordinación Nacional de Danza. Su acervo retrata su vida, pero también la historia de la danza en este país, tanto la oficial como la independiente. Él estuvo en los dos lados.

“Es un material que, si se difundiera, le daría armas a muchos investigadores para conocer la historia de la danza y entender las motivaciones del maestro, de muchas acciones que tomó o de obras que creó.

“Guillermo Arriaga pertenece a la generación de los fundadores del campo dancístico, de los que dejaron todo en la cancha, de los que, de la nada, crearon las instituciones de las que ahora gozamos. Los jóvenes estudiantes que han llegado recientemente al campo de la danza, todo se lo deben a esa generación.

“Era un hombre que siempre fue joven, siempre dispuesto a nuevas formas de expresión, participando, creando, investigando; nacionalista de corazón. Es un personaje muy importante, a quien también se le llegó a conocer como el Pedro Infante de la danza.”

Fuente: (bellasartes.gob.mx)

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