Home Cine “Upstream Color”, arriesgada e hipnótica película del estadounidense Shane Carrut se exhibe en la Cineteca Nacional
Cine - January 31, 2014

“Upstream Color”, arriesgada e hipnótica película del estadounidense Shane Carrut se exhibe en la Cineteca Nacional

 

Considerado como parte de una ola de cineastas “enfant terribles” estadounidenses, entre quienes destacan Don Hertzfeldt, Zal Batmanglij y Noah Baumbach, Carrut gusta de tener el control total de sus creaciones, en este caso dirigió, fotografió, editó y protagonizó, premeditando un absolutismo autoral de fondo y forma de sus películas. Ejercicio de narcisismo cinematográfico que sólo desde la trinchera de lo independiente es concebible.

“Upstream Color” (Los colores del destino) es una provocación, no permite al espectador asirse a ninguna explicación coherente de lo que está ocurriendo en pantalla. No obstante, su discurso visual, que por momentos recuerda a Terrence Malick, engancha por el caos secuencial, cercano al onirismo, y el celo estético de los planos e imágenes. Shane ofrece muy pocos elementos para que exista ósmosis argumental entre su público y él, pareciera que el principio de indeterminismo es el envite del director, en clara actitud de creador plenipotenciario.

Entre Kris (Amy Seimetz) y Jeff (Shane Carrut) se establece una relación atípica, los atrae no un gusto físico, sino la sospecha inquietante de que ya se conocían con anterioridad pero sin que recuerden por qué ni en qué condiciones. Paulatinamente, con el trato, comienzan a tener recuerdos compartidos, flashazos mutuos anormales que los angustian y después los conducen a intentar acceder al origen de esas huellas en su psique que, incluso, tiene claves nemotécnicas en heridas corporales similares entre ambos.

El drama se gesta cuando los protagonistas van descubriendo que fueron secuestrados y sometidos a experimentos de dominio conductual y de especulación genética, cercanos a la hibridación interespecífica de animales del biólogo Ilya Ivanovich Ivanov, cuyas secuelas psicológicas, emocionales y, las más alarmantes, físicas comienzan a aquejarlos. Cuando despiertan del control mental al que también han sido sometidos por una siniestra cadena de cómplices, que tienen como fetiche la novela “Walden”, de Henry David Thoreau, la pareja busca a otros que también han sido víctimas y juntos dan con el principal y solitario artífice de tal delirio de especulación genetista. El descubrimiento de los objetivos demenciales del científico horroriza a los perjudicados, en un primer momento, pero después de la asimilación extrae de ellos sentimientos insospechados incluso para las propias víctimas.

“Upstream Color” es un propositivo thriller cerebral sobre, queremos creer, una teoría de la conspiración que ambiciona el dominio mental y la hibridación más abyecta. Un extrañamiento cinematográfico trabajado mediante elipsis temporales y yuxtaposición de imágenes y escenas que hipnotizan al espectador. Shane Carrut presenta un personalísimo universo cerrado, que se explica a partir dé y para sí mismo, una obra autista con implicaciones profundas en algunos de los principales temores de la condición humana: la pérdida de la memoria, el vacío existencial, manipulación mental, la experimentación biocientífica carente de ética y la soledad.

Comentarios a esta nota: reportero@azteca21.com

Foto: Cartel de una película que se sale de los patrones establecidos por el “star system”
Cortesía Cineteca Nacional.

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