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Por la Espiral - January 12, 2014

De la previsión y ahorro

En un sentido más ambicioso sería  deseable entrelazar a la  familia junto con el sector educativo, además de otras instituciones de la sociedad, para trabajar en forma coordinada para establecer una cultura del ahorro desde una base didáctica.
Dicho lo anterior,  hacerlo sin extrapolar modelos anglosajones que muchas veces no empatan con  la propia forma de ser ni el carácter de los latinoamericanos.
Buena parte del modelo actual del sistema financiero aplicado en México es extrapolado de España, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá con condiciones de crédito y ahorro que funcionan en dichos países, empero, que no proporcionan los mismos resultados en países latinoamericanos.
De esta forma se arrastran así enormes rezagos en cuanto a captación de ahorro y financiamiento. No puede entenderse que México  tenga un sistema financiero moderno (so pena de su extranjerización) pero con más de la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA) excluida de sus servicios y con el lastre de una profunda subbancarización.
La actitud hacia el ahorro no es la misma entre un estadounidense, inglés, alemán  a la de un mexicano, brasileño o colombiano.
Dejemos los genes a un lado: el impacto directo del medio  en su más amplia expresión condiciona así a  menor grado de preparación educativa menor probabilidad se tendrá de buscar el acceso a una institución financiera formal.
El punto es que primero,  hay que enseñarle a la gente a ahorrar, la importancia de hacerlo y segundo, a tener fe y confianza en aprovechar las instituciones financieras formales a su  alcance.
Quizá sea difícil enseñarle a personas mayores de 45 años, pero hay otro mundo de pequeños y jóvenes a los que tampoco se les están dando los elementos didácticos,  orientativos e informativos.
A COLACIÓN
El mejor futuro que podemos regalarle a nuestros hijos está edificado en el esfuerzo mancomunado del ahorro, hoy más que nunca es la premisa fundamental para dotarlos de la llave clave hacia un futuro más estable en el que el espíritu empresarial será el camino de millones de personas en un mundo sin posibilidades laborales para todos. Como padres, lo tenemos que comprender y asimilar.
En efecto, la economía no tiene porque ser satanizada aunque la mayor parte de las personas la liga con el alza de los impuestos y el encarecimiento de los productos, todos formamos parte de ella y todos los días estamos tomando decisiones económicas, certeras o erróneas.
Podemos elegir un mal crédito hipotecario que nos tendrá sufriendo 25 años o bien otro esquema que permitirá librarnos de la hipoteca en 10 años.
Otro ejemplo: ahorrar mediante el esquema de tandas, pirámides y después sufrir un robo porque al  ser mecanismos informales la persona siempre estará  expuesta a que, en cualquier momento, la persona que organiza la tanda, pirámide o caja de ahorro salga huyendo con todo el dinero.
Es muy distinto  abrir una cuenta de ahorro en  una institución y obtener un poco de interés y tener la seguridad de que el dinero está allí además protegido en caso de quiebra.
Por ello la insistencia de dirigir todo tipo de esfuerzos para educar a este amplio grupo dentro del valor del ahorro como esquema de previsión, ventaja para la inversión y la realización empresarial.
El seno familiar y la escuela son los dos canales tradicionales para el educando, no podemos minimizar la tremenda influencia que los medios de comunicación masiva como la televisión y las películas juegan como condicionantes de modas, comportamientos convirtiéndose en papel fundamental para los educandos.
Si desde casa les enseñamos a nuestros hijos que “de poquito en poquito se puede construir muchito”, podremos lograr una sociedad de “hormigas previsoras” por encima de las cigarras holgazanas.
Si desde casa damos el ejemplo, los pequeñines reproducirán las actitudes positivas hacia la economía, el ahorro, administración del  dinero y primordialmente, la importancia de saber elegir.
Muchos padres dan a sus hijos “su domingo” una pequeña cantidad de dinero semanal para que éstos lo gasten en dulces. Hagan lo contrario sigan dando la pequeña cantidad, pero enseñen a sus hijos a ponerse propósitos mensuales, trimestrales o semestrales para gastarlo.
Es importante que ellos vean como esos 20 pesos de un domingo, pueden crecer a 240 pesos en un trimestre o 960 pesos en un año. Nunca es tarde para empezar.

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