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Por la Espiral - January 11, 2014

Consumismo y cambio climático

Primero sucedió la inclusión del carbón y el petróleo como insumos energéticos aunada a la introducción de los avances tecnológicos  a favor de la innovación en la producción y  luego desde la década de 1970 la pirámide demográfica impulsó una sociedad consumista cuyos efectos llegaron hasta nuestros días.
Por ello es que, en la actualidad, el consumo de masas demanda  tecnología y mayores novedades que le faciliten la vida; además que los  hábitos de consumo van decantándose por la comida rápida, precocinada;  por el uso de  ropa sintética y una serie de fibras que son durables pero no siempre amigables con el medio ambiente.
Muchas veces sucede una errónea interpretación del binomio bienestar y poder adquisitivo con consumir y a este espejismo contribuyen precisamente las facilidades para incluir a la población en el acceso al financiamiento.
Esta sociedad consumista mide su éxito o fracaso en relación con su poder adquisitivo vía el ingreso complementado con el crédito. De esta forma “tanto vales en la medida en que tanto tienes”, lo que implica que la gente acude en masa a ejercer su derecho a consumir, aunque obvie aspectos esenciales como tomar decisiones racionales y olvide su nueva obligación para ayudar a mitigar los efectos derivados del cambio climático.
Lo que está en juego es romper con los hábitos, usos y costumbres  aplicados hasta ahora por una sociedad consumista; por supuesto, no es nada fácil dejar de actuar en masa para funcionar como consumidores racionales  y sustentables.
A COLACIÓN
Hay que conjugar una amplia ecuación formada por diversas variables para obrar a favor de esa transformación esperada: educación financiera, educación sustentable, elección razonada, optimización de los recursos, reutilización y reciclamiento de los mismos.
En México es muy loable que tanto la Secretaría de Educación Pública (SEP) como la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF)  tomen en serio la difusión de la educación financiera como  instrumento para asesorar a millones de usuarios de servicios financieros en el país y tratar de incluir a otros millones de usuarios de servicios financieros informales en México que son precisamente los más desprotegidos y   sujetos de mayores  abusos.
Empero,  hasta la fecha, nada se habla del fomento de una educación sustentable y ésta es la otra piedra angular para la gente, junto con  la educación financiera.
Porque si a las personas se les explica de forma didáctica los entresijos del ahorro, la utilización del crédito, seguros y otros esquemas a fin de facilitar decisiones de consumo, por el otro lado la información debe complementarse con elementos didácticos a favor de estimular una educación sustentable.
La meta es formar seres consumidores racionales y sustentables con decisiones de consumo que tengan el menor impacto ambiental posible y el fomento en su entorno de actitudes para reducir la huella ecológica.
Así como a la gente hay que enseñarle el valor del ahorro o la mejor utilización de una tarjeta de crédito, también debe alfabetizarse a la gente en torno a reciclar y reutilizar, dos actitudes favorables para mitigar el cambio climático.
Aceptémoslo: una inmensa mayoría de personas no tienen  ni la menor idea de cómo separar los residuos generados desde el seno del hogar, a la par que ninguna campaña pública o privada estimula el compromiso ciudadano para hacerlo.
¿Cómo queremos ganarle la batalla al cambio climático sin la educación pertinente para lograrlo?     Reciclar, reutilizar, reinventar e incluso remodelar deben ser acciones añadidas como valor cotidiano.
Aprender para elegir. Somos principio y fin, alfa y omega, los impulsores de una transformación necesaria donde producción, hábitos de consumo y respeto al medio ambiente puedan ser amigables.
El cuestionamiento de qué comprar  debe llevar implícita una serie de reflexiones: ¿Es verdaderamente necesario? ¿Pueden adquirirse otros bienes sustitutos o complementarios? ¿Cuál es la vida útil esperada del bien? ¿Es fácil de revender, reutilizar, reciclar, remodelar?
Por tanto comprenderemos que casi todos los bienes desechables, con un escaso margen de duración debido a su calidad y a los insumos que le conforman, son nocivos para la ecología.

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