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Por la Espiral - November 11, 2013

Precarización de la mano de obra

Estos días en Madrid, en la conferencia del PSOE, el ex presidente Felipe González, criticó las soluciones impuestas por el presidente Mariano Rajoy, del PP, a la crisis que asola a España desde 2008.
A juicio de González, las decisiones han sido incorrectas en materia de política económica dado que sigue bastante amplia la base de desempleados.
Por cierto que, el ex presidente español, no pasa en estos momentos por una justa crítica a su persona al interior de España e inclusive se le señala por ser el socialista más aburguesado de la historia reciente del país ibérico.
No obstante, por encima de dichos señalamientos, González considera que ninguna recuperación en la macroeconomía será suficiente si casi seis millones de desempleados siguen en la calle y la base de la economía subterránea continúa ensanchándose.
En este sentido, durante la reunión del PSOE,  puso como ejemplo a Alemania y su modelo versus el desempleo con  siete millones de contratos de 400 euros, señalando que, España con 3.7 millones de contratos con esa magnitud de sueldo podría dar salida a  parte de su problema.     
Empero, la cuestión es si realmente se resuelve el drama del desempleo, si es más de forma o de fondo,  porque la precarización de los sueldos, salarios y prestaciones no hacen más que crear generaciones de personas que pierden su calidad  de vida ante el dilema de quedarse desempleados en casa, vivir en el subempleo o aceptar las nuevas condiciones del empleo formal.
Si bien España es en estos momentos la punta del iceberg no es mucho menos cuanto acontece en otros países ubicados en otra escala diferente, no de desarrollados, sino de emergentes.
Y es que, hablamos de un molde generalizado, la precarización de la mano de obra no es exclusiva de España como país desarrollado, se trata de un paradigma que recorre del norte al sur del planeta y que tiene como víctimas a inmigrantes, jóvenes egresados de las universidades y personas mayores de 45 años.
La máxima es: despide hoy, negocia y contrata mañana a la mitad de precio con las menores prestaciones posibles. En la actualidad en España, mucha gente está solicitando su jubilación sabedores de que la situación del mercado está cambiando y que si no se suben ahora al  tren de la jubilación lo harán pasado mañana en peores condiciones.
A COLACIÓN
Lamentablemente cada crisis económica deja tras de sí una estela de desempleados, subempleados y empleados que pierden derechos. Este caldo de cultivo impulsa a una movilidad laboral sobre todo en los estratos más jóvenes casi siempre recién egresados de las universidades que no logran contratarse en su lugar de origen.
En España, los jóvenes están buscando emplearse en Alemania, Islandia, Noruega, Suiza, Suecia o Finlandia. También parten a “hacer las Américas” y no únicamente eligen Estados Unidos sino muchos países emergentes tales como Brasil, Colombia, Chile, Uruguay, Argentina y México.
México también lleva décadas expulsando su mano de obra hacia Estados Unidos junto con su capital humano preparado en  aulas privadas y públicas. La Unión Americana es el destino preferido de los mexicanos para elegir un sitio laboral.
El drama de México subyace en la estratificación de los salarios minimos que persiste hasta la actualidad (tres zonas) y por muchas razones  responde a  un modelo de costos bajos para captar el interés de inversionistas internacionales.
Aquí caemos en una trampa teórica relacionada con la competitividad y los costos, España la está poniendo en práctica,  atraer inversión y capital mediante la devaluación del precio de sus factores de producción hincándole más el diente al de la mano de obra, abaratarla para ganar en competitividad.
México ha usado esta vieja fórmula en cada crisis desde 1977, los resultados están visibles en las calles con una expansión enorme y real de la economía informal.
¿Cuál es el punto negativo? Que el mercado  mundial cada vez tiende a un mayor  abaratamiento de la mano de obra, tal parece que nunca es suficiente, haciendo con ello que la competitividad por esta vía, tarde o temprano, pierda fuelle y se vuelva contra sí como una maldición.
¿Hasta dónde puede estirar México de su mano de obra? Si nos comparamos con China, Corea, Vietnam o Singapur, diremos entonces que el camino hacia la precarización del factor trabajo será aún largo.  Pero desde luego, las consecuencias sociales, incalculables.
PD. *Economista y presidente de Consultores en Economía y Educación Financiera.

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