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Inolvidables - November 8, 2013

Se cumplen 3 años del deceso del coleccionista, bibliófilo y curador Ricardo Pérez Escamilla, gran conocedor del arte mexicano

A tres años de su fallecimiento el doctor en historia, Jaime Cuadriello, lo recuerda como una persona con la que era difícil saber cuándo hablaba en serio y cuándo en broma, quien tenía aspectos muy humanos, por ejemplo, de desprendimiento.

En cuanto a su labor como difusor, coleccionista y curador, dijo, quiso hacer tres cosas, las cuales consiguió en  buena medida. Primero un coleccionista, luego un bibliófilo y un estudioso interesado en la curaduría de los museos, recordado por su biblioteca, “sin duda la mejor que se pudo reunir en la segunda mitad del siglo XX”.

“Como coleccionista fue un hombre que tenía esta vocación que muchas veces es mal entendida y difícil de llevar, pero que realizó con enorme conocimiento de causa. De cada pieza que adquiría sabía perfectamente cuáles eran sus valores históricos y estéticos y como coleccionista pasaron muchas obras por sus manos, sobre todo de gráfica del siglo XIX, y que hoy forma parte de los museos”, explicó.

En opinión de Rafael Barajas “El Fisgón”, Ricardo Pérez Escamilla fue una persona que adoraba México, lo que se notaba en sus colecciones, en el trabajo que hizo con su Biblioteca, las obras y los autores con los que trabajó.

“Él puso en el mapa de México a Manuel González Serrano, hizo un trabajo muy serio sobre la litografía mexicana. Investigadores sabían que existía mucho material litográfico, pero no sabían qué hacer con él y Ricardo tuvo la idea, supo hacer una exposición sobre la litografía en México y puso esas piezas en circulación, es decir, les dio un lugar en la historia del arte, eso no es poca cosa, fue un trabajo interesante. Fue una de las personas cuya mirada ha logrado tener una influencia muy concreta en lo que es la visión que tenemos del México de hoy”.

Expuso que para el reconocido coleccionista su Biblioteca de Arte Mexicano era muy importante y a la cual le dedicó toda su vida. “Muchas de las cosas que hizo fue darle un lugar de primer orden, de museo, a lo que son los acervos bibliográficos del país y eso también es muy importante”, agregó.

El caricaturista, quien conoció a Ricardo Pérez Escamilla juntando piezas en Plaza del Ángel, recordó que el curador era una persona con gran sentido del humor, quien le dejó muy buenos ratos. 

“Suele suceder que la gente que sabe de determinados temas es entretenida, saber exponer y sacar partido. Con Ricardo se platicaba delicioso era un gran anfitrión y un gran amigo. Personas como él siempre harán falta. Fue como toda esta generación de eruditos que tuvo México en un momento dado y que le hizo mucho bien al país, creo que lo que hizo con las exposiciones de la litografía fue un trabajo que no se había hecho, y que era muy necesario”.

Carlos G. Chávez, librero anticuario, amigo de Ricardo Pérez Escamilla, señaló que la preponderancia  del personaje, más que de la persona, radica en tener una capacidad premonitoria para identificar a futuros artistas, pero sobre todo de ser el un gran conocedor del arte mexicano, y en haberse especializado en ello gracias a la práctica y a la impresionante biblioteca que logró reunir.

Ricardo Pérez Escamilla fue abogado de profesión, decidió abandonar el derecho para dedicarse de lleno a coleccionar, afición que nació cuando de niño llegó a sus manos el libro “Fermín lee”, ilustrado por Diego Rivera. A los 15 años empezó a comprar libros, le entusiasmaba mucho la revista México en el Arte, publicada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, con la que entró en contacto y supo de Carlos Chávez, José Clemente Orozco, José Chávez Morado.

Muchos de sus libros fueron adquiridos en La Lagunilla, otros, rescatados de alguna librería de viejo o adquiridos con oportunidad, fue así que Ricardo Pérez Escamilla se convirtió en un voraz lector de imágenes, quien desde muy joven se dio a la tarea de conocer a profundidad al arte y a los artistas de México. 

En los años cuarenta inició su acervo hemerográfico con un ejemplar de México en el Arte. Interesado tanto en las revistas publicadas en el siglo XIX como en la caricatura política, convirtiéndose en un importante coleccionista de obras litográficas con autores como Jesús Martínez Carrión. 

A partir de los años noventa se concentró en la investigación, interpretación curatorial y organización de exposiciones relacionadas con el arte moderno de México.

Extraordinaria Biblioteca

Al momento de su muerte, la Biblioteca de Arte Mexicano Ricardo Pérez Escamilla (BARPE), estaba ubicada en la calle de Edison 10 Departamento 201, en la colonia Tabacalera, desde 2012 el Museo Nacional de Arte la alberga con sus casi 15 mil títulos de libros y más de 11 mil revistas.

Jaime Cuadriello recordó que una de las cosas de las que Ricardo Pérez Escamilla se sentía muy orgulloso era de su colección de revistas de arte, especialmente los grandes álbumes litográficos del siglo XIX, así como de otras publicaciones muchas de ellas efímeras y cuyos números eran inconseguibles, como la colección “Alcancía” y las revistas que el Fondo de Cultura editaba de forma facsimilar. “Tenía el lujo de tener los originales y completos”.

Abundó en que el fondo de revistas fue una de sus mayores joyas, los libros de monografías artísticas del siglo XX, tanto mexicanos como extranjeros; su colección de los libros Covarrubias o el de los pequeños cuentos infantiles ilustrados por José Guadalupe Posada.

“Yo acudía cada vez que empezaba una nueva exposición era la visita que no se podía obviar, cada vez que iba Ricardo Pérez Escamilla daba una plática breve, me decía tienes que ver esto, tienes que ver lo otro”. Él tenía un contacto directo con los artistas, eso era también era muy importante, ese era el tipo de gente que acudía a su estudio, y biblioteca.

Hombre generoso, gran amigo

Colegas y amigos de Ricardo Pérez Escamilla coinciden en tres adjetivos: generoso, con sentido del humor y gran amigo.

El también historiador Carlos G Chávez, comentó en entrevista ser testigo de que gente no conocía o que nunca había visto llegaba a su casa y le externaban que les habían comentado que él podía ayudarles. “Ricardo en ese momento trataba de dar ayuda a la persona que se lo solicitaba. Creo que muchas personas perdieron a un gran amigo, yo en algún momento lo llamé el coleccionista de amigos”.

Abundó en que contaba tenía un gran sentido del humor, y que manejaba el sarcasmo, y la ironía con una maestría impresionante y agilidad mental bárbara. “Cuando negociaba una obra de arte fuera en galerías particulares, La Lagunilla, o en Plaza del Ángel, invariablemente los vendedores que hablaban con él en algún momento soltaban la carcajada por las ocurrencias que tenía”.

Rafael Barajas coincidió en su generosidad, “era muy generoso como coleccionista, con sus conocimientos, buena persona, serio para sus cosas. Tenía una idea precisa de qué era lo que tenía, cual era la importancia de su acervo, eso siempre se agradece en cualquier coleccionista. También era erudito nos pasaba la información, generalmente tenía datos, información de que era lo que veíamos y era fantástico”.

Mientras que para la escritora Elena Poniatowska, Ricardo Pérez Escamilla tuvo un instinto muy certero para escoger las mejores piezas. “Fue muy buena persona con mi tía Pita Amor y siempre se lo agradecí, siempre la atendió y siempre fue muy amable con ella. Personas como él hacen muchísima falta”.

Una gran pérdida para la cultura mexicana

En opinión de Jaime Cuadriello, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, duda que en un futuro haya personalidades de su misma iniciativa. “Es muy difícil encontrar un personaje con estos perfiles, hoy entre las limitaciones económicas, los sueldos, instituciones y la burocracia, la cultura por iniciativa propia ya no es un bien compartido y bien común”, afirmó.

“Ricardo Pérez Escamilla pasó al mundo del coleccionismo con muchísima fortuna, gracias a que tenía un ojo para ver, y también a que tenía muchos amigos conocedores, tanto artistas como investigadores”, expresó.

“Se perdió la calidad de la persona, uno se queda sin interlocutores, porque ya no hay con quien conversar en las mañanas, ya no hay con quien estar en el mundo de los museos tanto valorando y criticando la curatoria de las exposiciones”.

Agregó que el curador tuvo la virtud de hacer una colección cuando en México aún se podía hacer, una colección de gráficos e impresos.

Mientras que para Oscar G. Chávez, México perdió a uno de los más grandes conocedores de arte mexicano, pero en el mundo cultural e intelectual se perdió a un gran amigo que en todo momento estaba dispuesto a ayudar a la gente.

“Él tenía el detalle de hablarle cada semana a sus amigos, que eran bastantes, y saludarlos, recomendarles alguna obra de arte, película, en diciembre siempre enviaba tarjetas navideñas, aparentemente son detalles insignificantes pero que dicen mucho de la persona”.

Abundó en que el mejor recuerdo que actualmente se puede decir de Ricardo Pérez Escamilla es difundir el conocimiento sobre el personaje porque para muchos que se dedican al arte la figura de Ricardo Pérez Escamilla sigue siendo prácticamente desconocida.

“Era una personaje conocido pero en determinados sectores, en muchas ocasiones las personas que se encuentran en el mundo cultural y el interior de México difícilmente saben quién fue Ricardo Pérez Escamilla. Creo que la mejor forma de recordarlo sería difundir la labor que realizó, la generosidad con la que atendía  a las personas que recurrían a él buscando ayuda y por otro lado, ya en el ambiente más íntimo, el recordar de manera permanente la amistad del personaje.

“A tres años de su partida se sigue recordando afectuosamente al amigo, será una persona imposible de reemplazar, pero que seguramente, al igual que yo, la totalidad de sus amigos, sentimos su pérdida”, finalizó Oscar G. Chávez.

 

Fuente: (CONACULTA)

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