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Cine - November 7, 2013

“Camille Claudel 1915”, cinerretrato biográfico de Bruno Dumont alejado de los cánones de Hollywood

 

Uno de los atributos de la película se sustenta en eso, en que resulta una rapsodia, trágica y desoladora, no una tentativa hagiográfica que hubiera satisfecho a cualquier espectador habituado a y demandante de los cánones “biopic” de Hollywood.

Aunque de un cine cercano al minimalista, la reciente cinta de Dumont es prolija en cuestiones simbólicas. La institución mental se erige como un personaje más de la cinta, trasciende su condición per se de elemento atmosférico, para ‘acompañar’ el proceso por el que discurren los últimos años de la vida de Camille. Sus largos y vacíos pasillos de roca caliza, las viejas y en mal estado columnas de alabastro que lo sostienen, vegetación semiseca y el amueblado anacrónico, son literalmente el reflejo palpable del estado artístico, emocional y existencial de la escultora: a punto del desmoronamiento vital, ya carcomida su capacidad creadora, la desolación interna y el abandono externo por parte de su familia.

Juliette Binoche es, sin duda, otro de los méritos de la película. Pese a que Dumont se muestra reacio a trabajar con actores reconocidos, aceptó a Binoche, a quien interesaba demasiado el personaje, por el desafío que implicaba dirigir a una mujer ícono del cine francés de las últimas dos décadas. Y el beneficio es mutuo. Juliette consigue que nos olvidemos de quien es y entrega una representación de Claudel llena de matices emotivos sin exaltaciones de falso dramatismo que conduzcan al descrédito de su oficio y de lo caracterizado. La actriz francesa ofrece una Camille Claudel compleja, llena de claroscuros mentales, a quien un severo estado depresivo y de neurosis la consume, pero quien también guarda restos de esperanza de libertad, puestos en su hermano Paul, y de recuperación de la lucidez, a través de la reobtención del dominio y el ejercicio de la pulsión creativa.

Gillaume Deffontaines, cinefotógrafo del filme, pone en escena la inexorabilidad de la locura que consumirá a Camille, a través de la agudeza de sus primeros planos que retratan los rostros y expresiones abigarradas de los demás internos que, como dato importante, no son actores, sino verdaderos discapacitados mentales. Estos compañeros de desgracia de Camille se entretejen como un coro anamórfico del estado interior de Claudel, la siguen a todos lados, la acorralan, no le permiten tranquilidad alguna. Son la encarnación de su pesadilla presente y de su condena final. Por otra parte, el trabajo de luz de Deffontaines nutre aún más el discurso visual y metafórico. Las ocasionales luminiscencias que penetran algún lugar cerrado donde se encuentra Camille entonan esos ligeros destellos de claridad que se suspenden momentaneamente en la psique de la escultora, pero que son como la última luz antes del ocaso.

El retablo cinematográfico se completa con la gran ambigüedad que permea la película. El espectador conecta emocionalmente y se solidariza de inmediato con el personaje de Claudel, quien nunca dejará de asumirse sana y alegará que se comete una injusticia contra su persona al mantenerla recluida en el manicomio. Argumentará que todo es una conspiración de Aguste Rodin, antiguo mentor artístico y pareja sentimental, por celos profesionales. No obstante, su situación límite es producto de algo más complejo, como se va descubriendo poco a poco en los entresijos mentales de Camille, y conduce a una indeterminación del espectador respecto de la cordura o no de la protagonista, de si, efectivamente, se está cometiendo una injusticia o se está procediendo conforme a las normas psiquiátricas de la época para tratar la demencia. El origen del punto de quiebre de la escultora queda vedado incluso para su hermano, quien se encarga de la manutención de Camille en el sanatorio y quien decide que no debe salir de ahí. Paul Claudel, en un intento por explicarse la situación de su hermana, refrenda una de las teorías antiquísimas sobre la locura, mal que deviene de poseer una naturaleza cebada al arte, “oficio peligroso”, sentencia quien también se sintió subyugado por lo artístico, en particular por Arthur Rimbaud. La exacerbación de la sensibilidad, entonces, es el dictamen clínico de Camille Claudel, quien hasta el final de sus días añoró seguir transitando por esa frontera de cristal que escinde la locura de la razón. Para consultar horarios, visita la página www.cinetecanacional.net.

Comentarios a esta nota: reportero@azteca21.com

Foto: Juliette Binoche da vida brillantemente a la escultora francesa.
Cortesía: Cineteca Nacional.

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