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Libros - September 25, 2013

“El libro de la risa y el olvido”, variaciones nostálgicas de Milan Kundera a sus principios literarios

La Guerra Fría es el contexto histórico que sirve, de nueva cuenta, a Kundera para establecer cuadraturas entre las relaciones sentimentales de los personajes y las condiciones políticas que, en suma, impactarán en ellos. En esta entrega del trabajo literario de Milan, un elemento se afilia a los conflictos amorosos y sociales acostumbrados. La memoria será el reducto imperioso contra el avance del tiempo, que de tan aplastante no da margen para la retención de situaciones, acciones y, menos, de sentimientos: “La historia se evapora de la memoria, y tengo que relatar hechos que sucedieron hace unos pocos años como si hubieran transcurrido hace mil”.

Merik, científico famoso que cae en descrédito con la irrupción del régimen soviético en la antigua Checoslovaquia al no retractarse de sus convicciones ideológicas, busca desesperadamente a Zedna, antigua novia, para que le entregue las cartas que solía escribirle, en las que no sólo le hablaba de amor, sino también de sus fervores políticos y detalles personales, antes de que caigan en manos de la policía rusa, con “el deseo de apuñalar la imagen de su juventud. El deseo de llegar con la mano hasta muy lejos en el pasado y pegar un puñetazo”. Pese a lo que pudiera pensarse partiendo de la situación individual de los opositores al Estado comunista, Merik está más atormentado por la persecución que ha emprendido de sí mismo, que de la KGB. Necesita las cartas para reencontrar su origen, explicarse y refundarse. Celo que lo llevará a una definición extrema en todo orden de su vida.

Más allá de la tríada estructural propia de la narrativa, la novela nos muestra a un Milan Kundera en plenitud de facultades literarias y, por ende, se atreve a romper con maestría el contrato preestablecido en toda obra de ficción entre autor-lector dando indicios de conciencia de la escritura; es decir, literalizando su condición de narrador. Abundan las referencias y reflexiones en torno al proceso mismo de escribir ficción, incluso hay párrafos en los que se vanagloria de su poder como creador, y condena o salva de su destino a los personajes por mero capricho estilístico. En esto, quizá, radique el desglose del segundo tema nuclear de la obra, pues como el autor enuncia: reír es vivir intensamente; en este caso, vivir intensamente la escritura, disfrutar del proceso creativo con una carcajada que no tenga ninguna relación con la broma, sino que dimane de la risa que pertenece, de origen, al diablo, imago perfecto y supremo.

Otras relaciones de pareja nutren la novela, todas equidistantes “como las etapas de un viaje que conduce hacia el interior de una idea, hacia el interior de una sola y única situación”, variaciones de un mismo concierto emotivo: el del empecinamiento en extraer y conservar lo que sea posible del presente, “ese punto invisible, esa nada que se desliza hacia la muerte”, en especial en asuntos amorosos. Propuesta kundereana que se completa con la admonición de no permitir que el futuro se hunda bajo el peso de la memoria, “por eso la encantadora inocencia de la sonrisa de los niños, porque no tienen pasado”.

Comentarios a esta nota: reportero@azteca21.com

Foto: Portada de una novela donde Kundera ahonda más en la naturaleza nostálgica de su tropos narrativo predilecto, Praga, esa ciudad sin memoria.
Cortesía: Tusquets Editores.

 

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