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Inolvidables - August 28, 2013

Manuel Acuña, uno de los mejores poetas del siglo XIX, a tal grado que incluso los líricos de su generación lo veían como el poeta de la época

Este 27 de agosto se cumplen 164 años del natalicio de este autor de 96 obras: 80 poemas amorosos, patrióticos, humorísticos, descriptivos y de circunstancias; una obra de teatro; tres artículos y 12 cartas.

Manuel Acuña, hijo de Francisco Acuña y Refugio Narro, nació en Saltillo, Coahuila el 27 de agosto de 1849. Recibió de sus padres las primeras letras e ingresó luego al Colegio Josefino de su ciudad natal para realizar los estudios secundarios.

A los 16 años, en 1865, se mudó a la capital del país y se inscribe como alumno interno en el Colegio de San Ildefonso donde cursó matemáticas, francés y filosofía.

En enero de 1868 ingresó a la Escuela de Medicina. Fue un estudiante distinguido pero inconstante. En los primeros meses de sus estudios médicos vivía en un humilde cuarto del Ex Convento de Santa Brígida, de donde se trasladó al cuarto 13 del corredor bajo del segundo patio de la Escuela de Medicina.

Allí se reunían muchos de los escritores jóvenes de la época: Juan de Dios Peza, Javier Santamaría, Juan B. Flores, Agustín F. Cuenca, Gerardo M. Silva, Juan B. Garza, Gregorio Oribe, Francisco Ortiz, Vicente Morales y otros.

En 1868 inició su breve carrera literaria. Se dio a conocer con una elegía a la muerte de su compañero y amigo Eduardo Alzúa. En el mismo año, impulsado por el renacimiento cultural, participó en las fundaciones de la Sociedad Filoiátrica y de Beneficencia y de la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl.

Para Mariana Ozuna Castañeda, doctora en Letras y profesora de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en entrevista con Conaculta, detalla que se trataba de un Manuel Acuña lozano e inteligente, que sin darse cuenta da su primera aportación a las letras mexicanas: el utilizar el materialismo de la medicina como elemento central para crear poesía en donde una rama tan compleja como la ciencia es reflexionada de forma poética.

“Se trata de un joven estudiante de Medicina muy, muy pobre, que logra trascender esa pobreza y la práctica médica por medio de la poesía. Esto se reflejaría en su gran poema Ante un cadáver en donde habla del materialismo del cuerpo y logra fusionar la reflexión filosófica científica de la medicina con la poesía.

“Entonces él se pondrá a reflexionar sobre los cuerpos tendidos en la plancha que veía, ya que como médico y estudiante de medicina tenía acceso y podía verlos. Gracias a esto empezó a crear obras a través de las cuales busca sensibilizarnos por la muerte del ser querido y la muerte de cualquier sujeto.

“Uno de los grandes temas por los que el poeta trasciende es la muerte, que no es raro en el tardío romanticismo mexicano, pero lo que sí es raro es la aproximación que él hace ya que no es sólo una reflexión sobre la muerte como un hecho de la vida, especulativo, algo a lo que le tenemos miedo, sino que él le da a la muerte, un sentido material ya que dice, lo que muere es el cuerpo”.

Primer impulso: la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl

La carrera literaria de Manuel Acuña fue breve, aunque fructífera. Sus primeros pasos se dieron al mismo tiempo que fundó la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl porque parte de su obra más destacada fue desarrollada en tertulias convocadas por esta sociedad.

Sus primeros poemas, entre los que destacan La Brisa o La Ausencia y el olvido(1868) fueron publicados en la revista El Anáhuac (1860) y en un folletín del periódico La Iberia (1869). Este folleto se considera una de las más importantes obras de Manuel Acuña, ya que contiene, además de los trabajos de otros escritores, 11 poemas y un artículo en prosa suyos.

Manuel Acuña también fue colaborador de revistas y periódicos: El Renacimiento (1869), El Libre Pensador (1870), El Federalista (1871), El Domingo (1871-1873), El Búcaro (1872) y El Eco de Ambos Mundos (1872-1873).

El experto en la obra de Manuel Acuña y poeta Marco Antonio Campos comentó que gracias a estos documentos es posible ver que Manuel Acuña es uno de mejores poetas del siglo XIX, “a tal grado que incluso los líricos de su generación lo veían como el poeta de la época y por eso siempre esperaban con ansia sus publicaciones en los periódicos y revistas.

“Con la muerte de Manuel Acuña, emblemáticamente se dio la muerte del último gran poeta del romanticismo en México, ya que el siglo XIX fue ante todo, más que un siglo de poetas, de poemas, y Manuel Acuña es el autor de tres que fueron clave y  definitivos en ese siglo.

“Para mí el mejor poema del siglo XIX es Ante un cadáver, luego su poema A Laura, dedicado a la poeta Laura Méndez de Cuenca, con la que tuvo un hijo que murió muy pronto y Nocturno que ha sido la mancha oscura de alguna manera para la fama de cursi de Acuña”.

No podría decir a ustedes lo que expreso: Manuel Acuña

Diversos especialistas destacan que en su obra Manuel Acuña creyó poder redimir a la humanidad por medio de la enseñanza y de las ciencias, que pensó, como el poeta y filósofo romano Lucrecio, que la vida es una perpetua transformación, por eso es que su poesía es expresión tanto de los ideales románticos como de los positivistas.

El poeta y editor Alí Chumacero narró en su texto Acuña, el de Rosario publicado en Manuel Acuña. A través de la crítica literaria. Antología, texto editado por la Hemeroteca Nacional en 1974, que Manuel Acuña fue un hombre acerbo en la charla, agudo hasta encontrar aquello que mueve a risa y cuya presencia en los grupos de escritores y amigos ponía movimiento y daba sabor al tema discutido.

“Si en la plática había acción y movimiento, en cambio a solas reinaba la fatiga y la desolación. Susceptible al amor, propicio a la imaginación, decepcionado ante un mundo que no estaba hecho para él, su poesía proyecta, con más precisión que un diario íntimo, esa conciencia del inútil transcurrir.

“Sobre un fondo oscuro de pronto resaltan ágiles versos que, más que belleza, encarnan la conciencia dolida de la nada. Como un buen romántico, su obra poética ceñida con igual rigor a su existencia, habría de ser un gesto acorde con ella en que el drama de su vida quedará sostenido en la historia misma”.

Para Mariana Ozuna Castañeda la obra de Manuel Acuña es el reflejo de un joven que está en la pobreza extrema, que estudiaba humildemente y que al no encontrar una solución a su situación, vacía su desesperación, desdicha, pobreza, necesidad de amor y de rodearse de grandes amigos en la poesía.

“La obra de Acuña es pequeña, sensible, honda, de juventud. Una de las cosas que se encuentra presente desde temprano en su escritura poética es la armoniosa musicalidad en sus versos que son íntimos, transparentes y tan accesibles que esa es la razón por la cual Acuña fue recitado durante muchísimas décadas sobre todo su obra de Nocturno, que de tanto recitarse a muchos les parece cursi”.

Para Marco Antonio Campos, la obra de Manuel Acuña refleja su interior, destacando sus desequilibrios psíquicos, ya que el poeta estaba en la miseria, no había asistido el último año a la carrera “y sentía que no sólo se defraudaba a sí mismo, sino defraudaba a sus padres quienes difícilmente le enviaban dinero.

“Sus tres grandes poemas: Ante un cadáver, A Laura y Nocturno tienen una música extraordinaria y una sinceridad desgarrada. Reúnen al mismo tiempo una lucidez emotiva, una conversación entre esa lucidez y las palabras del alma, por esos son muy buenos y perfectos poemas que hablan del corazón y van al corazón”.

Entonces y hoy

Se tienen contabilizadas 96 obras de Manuel Acuña: 80 poemas amorosos, patrióticos, humorísticos, descriptivos y de circunstancias; una obra de teatro; tres artículos y 12 cartas.

Para Marco Antonio Campos se trata de una obra que de forma general conmueve al lector profundamente por dos razones: “primero porque es el trabajo de un hombre, que era el más destacado de su generación, el único que tenía talento para evitar la muerte poética, y segundo porque a pesar de tener una vida muy trágica, marcada por la desdicha, escribió poemas bellos y magistrales”.

Mientras que para Mariana Ozuna Castañeda, es una obra que retrata un aspecto de la vida que actualmente le sigue sucediendo a muchos jóvenes: “en estas obras vemos que Manuel Acuña es una muestra de la juventud que se movía a lo largo del país para buscar oportunidades de desarrollo y que lograba, a diferencia de muchos de nuestros jóvenes desgraciadamente, expresar sus penurias en poesía.

“Esto es importante porque ahora tenemos muchos jóvenes que siguen desplazándose por el territorio nacional para buscar una oportunidad de estudio y que pasan amargos y terribles momentos como los que pasó el joven Manuel Acuña en la Ciudad de México”.

En la obra de poesía de Manuel Acuña se identifican cuatro figuras femeninas: la no identificada Ch… a quien están dedicados algunos poemas de 1868; Soledad o “Ceci”, una mujer del pueblo, lavandera, constante devota suya; Laura Méndez, la poeta, y Rosario de la Peña.

A Rosario de la Peña le dedicó la mayor parte de sus últimos poemas y ella aparecerá, como la causa del suicidio del poeta, a los 24 años, el 6 de diciembre de 1873, cuando apenas iniciaba una prometedora carrera.  

El tema dominante en los poemas amorosos de Manuel Acuña, a los que se debe la mayor parte de su fama, es el rompimiento, nunca la exaltación del placer o la delicia, ni el simple elogio de la mujer amada.

“Se trata –añade Mariana Ozuna– de poesía que habla del amor dolido y la desdicha. Cuando uno lee a Acuña ve cómo nos hace recordar que somos seres sensibles, que hay personas a quienes podemos perder como a nuestros padres, amar como a Rosario sin que nos amen o nos recuerda la pérdida de un gran actor como Merced Morales”.

Los poemas que destacan en esta área son: Resignación, que habla de su rompimiento con Laura Méndez, hace alusiones al hijo muerto de sus amores y contiene una clara invitación al suicidio de los dos amantes y Nocturno, en donde habla del infortunio amoroso del desgraciado en amores y de la desventura.

Nocturno –agrega Marco Antonio Campos– fue el poema que le dio fama y que resultó como una planta venenosa porque a Acuña  le dio entre la crítica y muchos lectores la fama de cursi o ‘ñoño’ y a Rosario la marcó para siempre como la causante del suicidio de Acuña”.

Entre los poemas patrióticos, en donde presenta paisajes mezclados con la epopeya del héroe que canta, destacan Hidalgo, 15 de septiembre, Cinco de mayo y el más logrado El Giro, sobre un héroe poco conocido de la guerra de Independencia.

Entre sus líneas se encuentran:
[…Cuando de pie en lo más alto
de las rocas escarpadas,
vieron alzarse a un jinete
que con voz sonora y clara,
-“Yo soy el Giro –les dijo
-si al Giro es a quien aguardan;
y el que lo busque que venga
si tiene honor y tiene alma,
que a todos espera el Giro
frente a frente y cara a cara.”
Dijo: y los fieros dragones
al grito de ¡viva España!
como un solo hombre treparon
hasta donde el Giro estaba
dispuesto como los suyos
a sucumbir por la patria…]

De acuerdo con el libro Manuel Acuña. Obras. Poesías, teatro, artículos y cantos, editado y prologado por José Luis Martínez, la obra de Manuel Acuña también incluye poemas poco advertidos, pero de los más interesantes: sus poemas humorísticos.

Describe José Luis Martínez: Domina en ellos lo que podría llamarse el humor escolar o literario y la sátira antirromántica. En Rasgo de buen humor, dice preferir la sonrisa de una mujer a todos los bienes de la ciencia; en La vida del campo hace burla de las exaltaciones clásicas de la  vida rústica; la Letrilla es una sátira contra la petulancia de los nuevos escritores.

“En A la luna y en Nada sobre nada, ridiculiza los tópicos poéticos cultivados por él mismo y propios del romanticismo –la elegía amorosa y el poema descriptivo, filosófico o épico, aludiendo de paso y con mucha gracia, en el primero, a poetas como la Avellaneda, Zorrilla, Carpio y Sánchez de Tagle, cantores de la luna.

“Sorprende en estos poemas, más que la profundidad del ingenio de Acuña, una versatilidad y agudeza que le permitieron verse a sí mismo y a su tiempo en su lado ridículo y aún anticiparse, en ciertos aspectos, a la actitud poética de algunos modernistas, como Lugones”.

En Letrilla escribe:

“Dice usted que ya da miedo
que vale lo menos dos,
ver a tantos que pretenden
demostrar su erudición
llenando de latinajos
su inconocible español,  
y que tal verso de Ovidio
lo dan por de Cicerón,
cuando nunca escribió versos
el pobrecito orador,
que a despecho suyo tiene
que pasar por un ladrón…”

Su poesía descriptiva habla de los paisajes y está representada por uno de sus primeros poemas de escaso aliento: San Lorenzo, que describe:

“Dulce remedo del Edén perdido,
vergel hermoso de pintadas flores,
en donde unidos el zenzontli cantan
los ruiseñores.

“Deja que admire y goce la belleza
de tus silvestres y gentiles rosas,
y que respire sus esencias puras
y vaporosas.”

Mientras que en sus versos de circunstancias, destacan Historia de un pensamiento, una fábula lírica con alusiones autobiográficas; La gloria, una ficción en donde hace una ilustración sobre sus sentimientos, de la historia misma de su vida y particularmente la de sus amores con Rosario de la Peña como en Hojas secas, que muestran su desgarramiento interior y a un hombre en el umbral mismo de su muerte.

En Hojas secas dice:

 

“Mañana que ya no puedan
encontrarse nuestros ojos,
y que vivamos ausentes,
muy lejos uno del otro,
que te hable de mí este libro
como de ti me habla todo.

“Cada hoja es un recuerdo
tan  triste como tierno
de que hubo sobre ese árbol
un cielo y un amor;
reunidas forman todas
el canto del invierno,
la estrofa de las nieves
y el himno del dolor.”

Mariana Ozuna Castañeda y Marco Antonio Campos coinciden que el poema Ante un cadáver merece una mención aparte porque es la obra del autor que representa el gran poema del romanticismo mexicano.

Refiere Mariana Ozuna: “es un poema que trasciende porque lo que Manuel Acuña hace es hablarnos de cómo la materia se transforma y cómo esa transformación nos hace trascender en más materia, por ejemplo, que el cuerpo se puede transformar en trigo, el trigo en pan y ese pan puede llegar a la propia esposa del muerto. Esto es importante porque refleja una manera de reconciliar ciencia y literatura a finales del siglo XIX algo que era imposible en esa época”.

Describe Marco Antonio Campos: “Ante un cadáver es un poema que habla del ciclo de la tierra sobre la transformación de la materia y hace la reflexión de todas las transformaciones que va tener el cuerpo. Este poema es importante porque aclara algo que injustamente algunos críticos han dicho o creído sobre que Manuel era ateo, pero si lo fuera, eso no importaría aunque para la época era algo muy grave. Sin embargo el poeta en una carta de 1873 dice que no se ha suicidado por temor al infierno, entonces deja claro que era católico”.

Algunas líneas de Ante un cadáver son:

“¡Y bien! Aquí estás ya…sobre la plancha
donde el gran horizonte de la ciencia
la extensión de sus límites ensancha.

“Aquí donde la rígida experiencia
viene a dictar las leyes superiores
a que está sometida la existencia.

“Aquí donde la ciencia se adelanta
a leer la solución de ese problema
cuyo sólo enunciado nos espanta.”  

La obra de Manuel Acuña no sólo se enfocó a la poesía, el 9 de mayo de 1872 se estrenó en el Teatro Principal, su drama El pasado, ensayo dramático en tres actos y en prosa a través del cual expuso algunos problemas sociales de su tiempo, entre éstos el fanatismo.

También escribió los artículos: Amar y dormir, La fe y el Prólogo de la novela Gerardo (Historia de un jugador) escrito por Vicente Morales.

Además de cartas familiares: a su padre, a su madre, a su hermana Lupe, a Ramón Espinosa, a Juan de Dios Peza y su carta suicida escrita el 6 de diciembre de 1873 que dice:

“Lo de menos era entrar en detalles sobre la causa de mi muerte, pero no creo que le importe a ninguno; basta con saber que nadie más que yo mismo es el culpable”.

Mórbida obsesión

A Manuel Acuña le perseguía la obsesión del suicidio y quizá murió alentado esta mórbida obsesión o por el desvío de Rosario, que nunca dio importancia a las ofertas amorosas del poeta. Fue sepultado el 10 de diciembre de 1873 en el Cementerio del Campo Florido.

De acuerdo con el amigo entrañable del poeta Juan de Dios Peza, en su texto Manuel Acuña publicado en Manuel Acuña a través de la crítica literaria, su ataúd fue cargado en hombros por los amigos íntimos de Acuña, “quienes teníamos una consternación profunda. Detrás de nosotros iban los comisionados de las Sociedades Literarias, más de cien carruajes particulares y miles de personas.

“A las doce del día, el primer puñado de tierra cayó sobre el ataúd de quien fuera víctima del hastío, de la nostalgia moral; de esa enfermedad sin nombre que marchita las flores del alma cuando apenas están en capullo. Así el destino apagó la llama de su vida, pero no logrará extinguir su imperecedera memoria”.

Posteriormente, sus restos fueron reubicados a la Rotonda de las Personas Ilustres y en 1917 se trasladaron a Saltillo, Coahuila, su ciudad natal.

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