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Entrevistas - August 28, 2013

La obra de Amado Nervo vista desde la óptica de Gustavo Jiménez Aguirre, en ocasión del 143 aniversario del natalicio del poeta nayarita

Amado Nervo Ordaz nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit, y falleció el 24 de mayo de 1919, en Montevideo, Uruguay. Fue escritor y diplomático.

Para Gustavo Jiménez Aguirre se trata de reconocer a un autor cuya obra aún tiene muchas cosas por decir, “pues en su producción existen textos que van de la crónica y el periodismo a la ciencia ficción y la poesía, cuyo contenido es capaz de establecer relaciones muy interesantes con el presente a través de sus ideas y las formas empleadas para expresarse.

“Hablamos entonces de una vitalidad que va más allá de las distintas formas en las que se ha tratado de preservar su obra, ya sea con proyectos monumentales, como hizo Alfonso Reyes en Madrid, España al año siguiente de la muerte de Amado Nervo con la publicación de sus obras completas, que fue una manera de agradecer su ayuda, pero también para hacerse de algunos ingresos.

“En ese momento, el año de 1919, no había un antecedente similar en la literatura mexicana, pues sólo se había intentado hacer algo similar con la obra de Manuel Gutiérrez Nájera, así que el proyecto de Amado Nervo fue bastante comercial, cuyo mayor logro fue el de recuperar libros agotados, además de haber sido editado a la altura de los clásicos, como lo dijo el propio Alfonso Reyes. Los ejemplares de este proyecto se agotaron a mediados del siglo XX, por lo que una editorial tomó la iniciativa de volver a ofrecerlos al público, pero resultaron ser miles de páginas, impresas a doble columna, lo cual desalentó su lectura. Así que a partir de entonces prácticamente la obra de Amado Nervo dejó de ser leída”.

Amado Nervo realizó una autobiografía cuando se encontraba en pleno goce de su popularidad y en ella compartió recuerdos que inician en su infancia. En su madurez recordó también la algarabía callejera y el estallido de los judas en las fiestas patronales, así como los acordes de las primeras lecciones de música con un profesor ciego; la decisión de su madre y de su nodriza de tomar la educación verbal para desarrollar la sensibilidad de aquel niño que para ellas era “todo ojos y oídos”.

En 1884 ingresó como interno al Colegio San Luis Gonzaga de Jacona, Michoacán, donde cursó dos años de estudios preparatorios; entre sus profesores destacan los sacerdotes y humanistas José Dolores Mora y del Río y Francisco Plancarte Navarrete. En ese plantel surgió su interés por la astronomía, afición que años más tarde enriqueció con lecturas teosóficas.

En 1886 Amado Nervo entró al Seminario de Zamora donde escribió sus primeros poemas, relatos y prosas autobiográficas (de publicación póstuma en Mañana del poeta y Ecos de una arpa), además de concluir con la preparatoria, inicia la carrera de leyes y estudia un año de teología.

En 1891 abandonó el Seminario de Zamora y regresó a Tepic. El tiempo libre que le dejan las horas de dependiente en un comercio local, lo ocupa en leer la prensa liberal de la capital del país y en escribir su novela corta inicial, Pascual Aguilera publicada hasta 1905 en el volumen Otras vidas.

A mediados de 1892 se muda a Mazatlán, Sinaloa, donde inicia su prolongada carrera como cronista para El Correo de la Tarde, y publica adelantos de sus dos poemarios iniciales de 1898 Perlas negras y Místicas. Gracias a su formación católica, modificada en el transcurso de su vida hasta llegar a la espiritualidad heterodoxa, se trasluce en varias épocas de su obra, por ejemplo en Místicas y El arquero divino.

En julio de 1894 se trasladó a la Ciudad de México, donde conoció a Luis G. Urbina, Manuel Gutiérrez Nájera y Justo Sierra, entre otros autores, a los que dedica algunas “semblanzas íntimas” en El Nacional. Durante su estancia inicial de Amado Nervo en la capital del país (1894-1900), el campo artístico y literario transcurría entre la apertura, el auge y el cierre de la Revista Azul de Gutiérrez Nájera y Díaz Dufoo (1894-1896), así como la fundación, el impulso y la continuidad a una segunda época de la Revista Moderna y Moderna de México (1898-1911), apoyada en la primera época por el político y poeta Jesús E. Valenzuela, mecenas de la cofradía modernista.

En las empresas periodísticas de Rafael Reyes Spíndola, El Mundo, El Imparcial y Cómico, Amado Nervo colaboró tanto en la redacción como en las columnas fijas “Cartas de Mujeres”, “Crónica de la Moda “La Semana de Oberón” y “La Semana”. Además de la carga periodística extenuante, Amado Nervo pagó el precio de la exclusividad que exigía el empresario modernizador a sus colaboradores, por ello se mantuvo al margen del nuevo proyecto editorial en ascenso: la Revista Moderna.

Acerca del ejercicio periodístico que desarrolló el autor, Gustavo Jiménez Aguirre destacó que fue una de las experiencias más enriquecedoras para el escritor. “En los años sesenta del siglo XX, José Emilio Pacheco fue uno de los primeros en llamar la atención acerca de la posibilidad de acercarnos a la obra de Amado Nervo con una mirada distinta. De este periodo me parece relevante señalar también que supo moverse con gran habilidad tanto en medios para grandes públicos como lo son los periódicos, como en aquellos dirigidos a lectores mucho más preparados.

“Otro aspecto interesante es que fue el primero en poner atención plena a la producción de una escritora que en 1910 estaba prácticamente olvidada: Sor Juan Inés de la Cruz, a quien dedica un libro que incluye tanto las obras de la autora como ensayos del propio Amado Nervo sobre su producción literaria. Por ello, a mediados del siglo pasado él estaba asociado a un tipo de trabajos un tanto alejados de su producción, pero gracias a otros escritores su obra comenzó a ser revalorada y vuelta a leer”.

Desde el año 2001, con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México, a través del Instituto de Investigaciones Filológicas, el proyecto multimedia Amado Nervo: lecturas de una obra en el tiempo http://www.amadonervo.net, el cual recupera su obra para difundirla a través de la red, y una aplicación para iTunes —en colaboración con el Conaculta—, que contiene la lectura de parte de la producción poética, así como relatos y crónicas.

“Considero que la falta de lectores de Amado Nervo no es un problema a resolver, por lo que nos hemos dedicado en este proyecto a desarrollar diversos soportes electrónicos que ofrecen a un público tan amplio como el que frecuente Internet, tratamientos variados de la producción de este autor, para lograr así dimensionarlo en toda su plenitud. Mientras que en las nuevas generaciones de escritores se hace presente sobre todo con sus narraciones de ciencia ficción y al seguir su ejemplo de escritura con una prosa sencilla, amena y pulcra”.

La obra de Amado Nervo necesita una antología precisa

Juan Domingo Argüelles, escritor, poeta y académico dedicado a investigar la obra Amado Nervo, considera que buena parte de su producción poética se encuentra rebasada por el tiempo, “pues sus textos fueron muy variados, van de los filosófico a lo místico, de lo amoroso a lo verdaderamente cursi, con un estilo que hoy consideraríamos como de ‘autoayuda’. Aun así, estamos frente a un autor vigente tanto por la relevancia del resto de su producción como por aquellos versos en los que están ausentes todos esos calificativos.

“De ahí que considero que es necesaria una antología lo más completa posible, que supere a aquella publicada por editorial Aguilar —que alejó a los lectores de su obra—, en la que se resalten sus atributos y vigencia. Bajo una perspectiva contemporánea, con un estilo tan ágil como al que estamos a acostumbrados, cabría en una edición de unas 150 o 200 páginas cuando mucho, para de esa manera acceder a un público pero sobre todo joven, quienes seguramente encontrarán varios puntos de coincidencia”.

Para 1918 Amado Nervo es ya uno de los poetas más populares en Hispanoamérica, pues incluso colaboró con diarios y revistas argentinos. Atento a ese prestigio, Isidro Fabela aconseja al presidente Venustiano Carranza que nombre al escritor ministro plenipotenciario en ese país, así como en Uruguay y Paraguay, con el objetivo de promover el apoyo de aquellas naciones para que Estados Unidos reconozca al gobierno constitucionalista.

El 6 de noviembre de 1918 el autor salió de la ciudad de México con destino a Buenos Aires. El viaje se prolongó y complicó por el término de la Primera Guerra Mundial. Llegó en tren a Nueva York, se embarcó hacia Francia y abordó otro arco en Londres. Con la salud muy deteriorada, arribó a Buenos Aires a finales de febrero de 1919. Tras una breve pero intensa labor periodística y frecuentes homenajes de escritores, el 24 de mayo falleció en el Parque Hotel de Montevideo por una crisis de uremia.

De inmediato proliferaron en México, Buenos Aires y Montevideo ediciones autorizadas de sus obras. Seis meses después, sus restos, a bordo del buque de guerra Uruguay, fueron trasladados a México. Durante la trayectoria se sumaron cruceros de otras nacionalidades americanas y se realizaron ceremonias fúnebres en distintos puertos del continente. Finalmente, el cortejo desembarcó en Veracruz el 10 de noviembre de 1918.

Los funerales de la Ciudad de México resultaron apoteósicos. Cuatro días después Amado Nervo es sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres de la Ciudad de México. De inmediato Alfonso Reyes inició la publicación de las primeras Obras completas en la Biblioteca Nueva de Madrid. La segunda compilación, considerablemente ampliada, estuvo a cargo de Alfonso Méndez Plancarte y Francisco González Guerrero en 1952 para la editorial Aguilar.

Juan Domingo Argüelles comentó que esa popularidad de la que gozó en su momento Amado Nervo es uno de los principales aspectos de su carrera a promover y difundir, “pues él es un autor relevante en la historia de la literatura mexicana, aunque en su caso no existen seguidores de su producción poética, como ocurre por ejemplo con José Alfredo Jiménez, que lo menciono a propósito, pues tiene momentos mucho más potentes; o Jaime Sabines, de quien algunos lo reconocen como una influencia en su propia escritura y otros que son lectores asiduos de sus libros.

“Eso no pasa con Amado Nervo, pues su estética en el contexto actual resulta un tanto fastidiosa, como lo dijo en su momento José Joaquín Blanco, confundió la sinceridad con la poesía. En el momento en que se despojó de toda consideración estética y piensa que lo único que necesita hacer es desojar su espíritu, en ese momento se revela como un autor poco interesante. Mientras que para los investigadores es aún un interesante objeto de estudio y reflexión”.

 

Fuente: (CONACULTA)

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